Soy viento en el derredor de los hogares
donde cazan los lobos lunas de nieve,
me guío por los cometas y el cielo azul que dibuja
continentes blancos con la forma dúctil de una nube solitaria.
Vi islas en el medio de un río sin agua y las llamé país,
entre las ramas de un árbol crecían los lagos del color
con su número impar que nunca logré convertir
en el espejo donde las aves sueñan con paraísos de oro y jazmín.
Tuve alas de cristal que imaginaban ser un faro
cuyo brillo entre las láminas del arco iris guiara a los pájaros de la fortuna
hacia mis cuarteles de sol y extendidas banderas de luz.
Y más allá, en el alto anhelo de las playas que extrañan el collar
que las olas ponen alrededor de su párpado ardiente, existo yo,
humedecido por el aire que me empuja lejos de mí, allí donde
las cicatrices del tiempo ya no puedan encontrarme
y nada silencie los ecos de mi raíz soñadora.
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