miércoles, 12 de mayo de 2021

La celebración de los sentidos

 Piensa que recibes el instante de la luz y el tiempo.
Los sentidos alerta, el mundo es una imagen
que recoges en tus pupilas, los ecos no son un caos,
son armonía y canción. Has probado la miel del día
y el gusto se solaza como un rey feliz, hueles
la flor eterna, su perfume invencible, ves el oro
y el agua, el deseo que se muestra con insomnio
de eternidad en las noches de algarabía, tocas la piel
amada con la delicadeza de una madre y sientes
como la infancia en los poros, sonríe. El culmen
de los sentidos son los cuerpos que se desnudan
como aves vencidas. Hay un estertor que nunca
muere, pregúntate a ti mismo porqué aún vive
en ti la memoria fugaz de la luz y sus hogueras.

martes, 11 de mayo de 2021

La casa iluminada

Lóbulo exacto, frente de ángel, marisma en sigilo,

ladrillos de esmalte, un esqueleto de titanio

que se mueve en ondas, el gran animal

que pliega su ala sobre los dormitorios,

el espejo como un ojo líquido donde las escenas son de nácar,

el laberinto de la araña teje horas de juventud,

familias innúmeras en su concavidad sin piel,

ladran las paredes un soliloquio azul,

el cuévano orondo es una bóveda de estalactitas delgadas,

la voz de madre en el suburbio de las habitaciones

llama al consenso con signos mudos, innecesaria

la elipse de un adjetivo que todos nombramos en la quietud.

 

El mosaico, el azulejo que ha perdido el color,

los grifos rotos, la muesca en la porcelana

donde el niño golpeó un sueño, las cortinas

del baño que escucharon canciones de agua,

el fulgor olímpico de los fogones, el aroma

como una nube infantil que agita el músculo peristáltico

con zumos de natividad: el árbol que se oculta entre las luces,

un misterio en el portal que dejó de ser misterio

al volverse piel de plástico.

 

Y el asombro de los libros en estanterías de abedul,

cómodas, polveras, cuadros, las cucharillas de alpaca

y la geometría en los suelos-un cuadrado marrón,

el otro azul- donde aprendí la estrategia de los cómitres 

y sucumbí al monstruo de la edad con la última baldosa del tiempo.

 

Mi hogar y sus molduras, las fotografías que provocaron

al reloj, la caoba cautiva en pequeños cofres

que guardan la plata como jenízaros del azar

en la fútil verdad de los días neutros.

 

He regresado sin irme, contemplo

el hoy,

el ayer

y el mañana,

contemplo la claridad que bulle indolente,

y sé que no volverá otra vez esta luz que de pronto se agota,

pero también sé que habrá luces sin fin en mi recuerdo.

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 9 de mayo de 2021

Nada nuevo

 Abril ha brotado otra vez como una fiebre de color y agua.

Mojan mi piel los matices: el rojo, el verde, el amarillo, el azul.

Qué es lo nuevo si en mi memoria ya existían la lluvia y aquel

arco iris que soñamos juntos antes de volverte luna.

 

 

sábado, 8 de mayo de 2021

El Café-bar

 Esa música tan lenta,
el piano,
el jazz,
un platillo,
repica insistente el metal.

Es media tarde en el café,
veladores repletos,
su mármol guarda la memoria de los vasos,
las palabras caen con sigilo torpe
y dejan un féretro ambiguo,
una piel invisible, hermafrodita,
en el cenicero de mica y cuarzo.

La luz amarillea en los párpados,
las arañas cristalinas
fulgen como diamantes dormidos,
el hombre solitario
lee bajo el ventanal con gafas negras de ciego,
los novios escuchan al trio de jazz,
no hablan, se miran como palomas en arrullo.

En mi vaso verde hay un líquido espeso y turbio,
la lengua ya conoce la pulpa del azúcar,
la insidia del alcohol que atomiza los minutos
con finas hebras de éxtasis.

Afuera existen las horas del atardecer con su garganta de luz,
aquí la música de Miles Davis es la noche,
solo faltas tú que, presiento, ya no vendrás.


viernes, 7 de mayo de 2021

El espejo amigo

 Cerré los ojos ante el espejo como
la primera vez que lo tuve frente a mí.
Este espejo y yo jamás nos miramos,
pero es una necesidad sentirnos cerca,
nos vemos por dentro y somos felices así,
será que descubrimos juntos una mentira
donde siempre hay luz y nunca invierno.

Razones para que el final sea otro principio

 No sé por qué ahora,
precisamente,
es el final.

Pensé contarte el hondo temblor que aún existe
cuando las imágenes se recrean
en episodios perdidos
bajo una luz efímera.

El fuego infantil, recién nacido del deseo,
no,
los cuerpos esperaron un florecer maduro
entre las raíces de un árbol legendario.

Yo fui ventrílocuo para acercarme a tu silencio,
dije palabras inventadas que tú reconociste,
el imán de dos corazones extraños
nos pobló en las madrugadas locas,
algo encendía el neón del tiempo
en viajes desconocidos
bajo nubes de plata.

Descubrimos el latido del mar,
todo rumor y canto más allá del haz que un faro extiende;
al darnos la espalda, sin vernos,
encontrábamos la misma luz,
el pensamiento fértil ante los ojos,
compartido igual que un renacer
de muñecas rotas.

¿Qué palabra tuya fue un narciso que mudó mi ojal
en una pérgola de ámbar
bajo las pestañas dulces de tu aliento?

Conocimos a la vez el osario y su sombra,
en los violines un mudo eclipse tarareaba los nombres del hijo
y sus lágrimas verdes, en la cordillera del futuro un telar,
un bordado de jardines de agua,
vivía,
mudaba,
intuía el devenir antes de la semilla roja.

De todos los rostros que guardo de ti
solo uno existe, no es el óvalo perfecto del resplandor,
no es la risa en la noche que ilumina el leve manto de la piel,
es tu tez mojada por los años
que se acerca a mí como un pájaro al nido
que aún sigue en pie para acogerle.


miércoles, 5 de mayo de 2021

Retrato de mi ciudad

 Es todo aire, un sonámbulo ejército de ráfagas pobladas de espuma,
es una latitud septentrional de inviernos azules,
es la caracola dormida en el fondo de un mar alegre,
es una cordillera fina como un mango de ingrávidas estrellas
que brotan.

La plaza de árboles inversos
ríe al ver la lluvia arrastrarse hasta el cauce de sus raíces,
azotada por un aliento que el faro ilumina con haces de crisol
y luciérnagas varadas en la noche.

Qué edificios se desnudan para mí,
en qué calles un himno me busca con alfombras blancas
para que pises el rubor y la mandrágora vieja de las esquinas.

Ven al castillo olvidado, a la iglesia sin mapas, al corazón de la deidad
ahora que el musgo viste la piedra sonrosada,
después del soliloquio de los abades,
en un coro de aullidos bajo la marquesina de una parada de autobús
que resplandece entre la lluvia y el rocío de los ángeles.

Mis pasos hacia el remanso del agua, botas que pisan la arena en paseos umbríos,
olor a algas tempranas, episodios de madrugada con el sabor del coco en los labios
y mi mansedumbre o mi esperanza vagando bajo el frío,
en la soledad que los pájaros respetan.

Y la memoria en los cristales, amapolas en las vidrieras para que el reflejo sea rojo,
y cañones tapados, óxido en un parque donde murió la bandera de otro país,
perfumes de rododendro, de laurel, de pámpanos caducos.

En mis ojos la roca, ya besada por el mar, un cuadrángulo de metales olvidados,
fósiles de oro y de plata, la prisión donde la sal se encumbra
sobre los grilletes de la ventisca.

Ya ves que los hilos de esta ciudad se rompen como hielo antiguo,
sabes que de tu portal al mío hay insomnios,
sabes que te conocí en el mañana cuando ya no eras sol,
aunque aún alumbraba, incesante, tu belleza entre los jacintos muertos.

martes, 4 de mayo de 2021

Notas

Algunas veces los pájaros no regresan.

Les puede su orilla,
la elipse
o los dormidos acentos del adiós.

Así, el eje de los días
cuando la telaraña del suceso se enhebra
con la metamorfosis
y un osario de luz no interrumpe
la gloria del devenir.

¡En los juegos, en los juegos,
el aprendizaje de la caricia!

Después, el revólver ejerce sus preguntas
y empieza el látigo del soy o no soy
a escribir su laberinto.

En fin
no pretendo ser un viento inalcanzable,
solo la ola gris que enternece
el sombrío gesto de la luna
-su cicatriz de niebla en la medianoche-.

Hay sonidos que se reflejan en los toboganes,
su luz decae rápida
como un asteroide.

Si los ojos grises han llorado
será por la ubicuidad sin esperanza
(una abreviatura de guirnaldas
sin conocer la flor marchita que llueve)
o por las dudas que anticiparon la edad sin fósiles
o algún delirio en el maquillaje del hoy.

Guardo en la garganta los anteojos de la lucidez,
por eso escribo estas notas sin nombre
que llegaran hasta ti
como un dedo que acusa
o un temblor que oscurece.

La puerta

A qué puerta me asomaré para no verte.

Entro en mi noche,
no hay ventanas ni luz,
a tientas la vida es una incógnita.

Salgo al jardín,
en el umbral florido cada espacio rebosa color,
la claridad duerme
un sueño efímero.

Guardé mi llave en un bolsillo roto.

La puerta de cristal deja pasar la luz
y la sombra,
adivino que soy gris
como una nube que la lluvia opaca.

domingo, 2 de mayo de 2021

Tu mirada

 Cuando tú miras el mundo

penetra en ti

con su luz

y su misterio de relojes encendidos.

 

Hay una pausa en tus párpados

y en el iris un ruiseñor que canta.

 

Cuando miras la calle es el espejo quien te mira,

el horizonte se acerca con paisajes mudos

para que tú veas el color de su edad en las persianas.

 

Si ves un árbol caído

se alza su sombra

y renace con vertebras vírgenes.

 

Si tú miras la noche

un relámpago ilumina la penumbra

con venas de azul que se posan en tu cuerpo.

 

Al penetrar tu mirada en mí

creas un hilo indescifrable donde los pasos se suceden,

los tuyos, los míos

como las huellas de un ángel.

 

Aún dormida

tú ves horarios invisibles,

cartas no escritas

que dictas con tus ojos

al posarse en los míos.

 

Cuando tú lees

los poemarios crecen

y se preguntan si hay un dios

en esa luz que, lentamente, llega de tus pupilas.

 

A veces observas distraída el baile de las olas

o en un café tu reflejo en el cristal.

 

A veces callas y yo no sé lo que ves

porque no me lo dice tu mirada

que ve lo mismo que la mía, acaso.

 

 

 

 

 

sábado, 1 de mayo de 2021

Las palabras

Son tan libres y esbeltas,
se engarzan como matrimonios felices,
transmiten la emoción o la sentencia,
seducen con silogismos de amor,
razonan juicios y verdades, la máscara
de la mentira es un vuelo de pájaros
que alimenta mi noche. Dime otra vez 
que me quieres.

viernes, 30 de abril de 2021

La estación

 


El reloj se paró, la lluvia parece eterna.
Este olor a calendario fósil se alza como
una nube rota. Espero bajo la marquesina
la llegada del tren, estoy aquí igual que un poste
de alambres invertidos que ya no da luz. No hay
paneles despiertos, el bar cerró a las doce,
el quiosco son maderas y persianas corridas,
los párpados se cierran sobre el cristal, la cabina
del vendedor ya está sola como una flor arrancada.
Paseo en la penumbra bajo la urdimbre del óxido,
mi gabardina es una bandera de plástico,
el silencio muere en los vagones varados
como una pregunta que ansía un destino.
El banco verde es mi cuerpo, el agua cae
por la piel de las locomotoras, me abrigo
mientras aguardo un tren de oro que aprenda
a volar sobre raíles de luz hasta el confín de la nada.
Creo que seré su único pasajero.

jueves, 29 de abril de 2021

Enamorarse

 Se acabó la música y el color finge.

 

Quedan babas en el suelo,

pantys perdidos,

moquetas que sudan vodka.

 

Recoge tu abrigo,

al espejo no le digas nada,

las banderas de la noche

ondean como murciélagos borrachos.

 

Tu seno izquierdo bulle debajo del tafetán rosa,

los tacones odian tu pie lunar,

las bragas de encaje son negras.

 

Ahora ya sabes que todo tiene un principio.

 

 

 

miércoles, 28 de abril de 2021

El deseo retorna con ojeras de anciano

 Es tiempo de encender el prisma y volver al humo
y al resplandor, al fuego cetrino y al día de la metamorfosis.
Las rodillas cabalgan en el cosmos, un hilo desplegado
forma tu cuerpo que es carne y virtud, una ofrenda de siglos.
Hemos vivido olas de oscuridad, todos los crepúsculos amanecieron
sin abriles ni lunas verdes, a mi lado tus labios fingían una bruma
y yo pensaba que tu alma era roja como el beso de la noche encendida.
Quise decir un himno, ser amapola en tu rojez altiva, te acompañaba
cuando la lluvia era una voz que fingía un arrullo de madre vieja,
y llegaron los minúsculos ejes del deseo con filamentos de plata,
cosieron un lienzo de dibujos impares, tú en el frente,
yo como nube detrás, o pilar donde apoyas tu aliento.
Había un destino de oasis en la vereda del páramo,
contigo los viajes perdidos fueron color en tu iris,
ciudades en la niebla, ríos como sortijas líquidas
que rociaban tus venas con el agosto de la vida.
Quise diez primaveras blancas y un sueño de albatros,
soñé parques de fulgor infinito, un tobogán de caramelo
que alegrara tu verdad. A veces los estíos cuelgan de los árboles
igual que soles que no maduran. En las amígdalas del ojo oscuro
se escribe una historia de lunas rosas, vuelve conmigo a la espiga,
al centeno febril, a las murallas donde tu imagen es un arpegio voraz,
entrégame de nuevo la limosna esbelta del junco, que nunca
sea tibio el silencio en que te meces, hada que descubre
su eternidad en la quietud de mi pupila adolescente.