viernes, 25 de septiembre de 2026

La llama

 

¿Qué hay en mí que llueve cada día? Páginas

del pasado en abecedarios de luz, los rompeolas

que aún reciben el rocío de la espuma en su vientre,

las vértebras de la ilusión en mi esqueleto envejecido,

el cansancio que finge alas para que vuelen los pájaros

de la memoria, un resol que brilla en las cavidades

recónditas donde sobrevive el ángel de la infancia;  

todo lo que es llama que ilumina el interior del hombre 

que soy en el corazón de un tiempo que no cesa de fluir.


jueves, 24 de septiembre de 2026

Incomunicación

 

Mi idioma es un viento

que apenas me habla de ti.


Ceniza de la tarde en tu caricia

y en mi mano un lápiz mudo

que ya no escribe tu nombre.

Visita a Ronda

 


El acento de las ramas da voz a la sombra,

luz de oro, luz entretejida por el alelí, se abre

el color de la sierra al murmullo tenue del azul,

risco nidal que asoma con sed desde la gruta,

el milagro del puente con párpados de arenisca,

un arrobo de amantes encala la faz del silencio,

el alba del blancor en la memoria de la cálida

noche, en el azulejo la palabra es racimo dulce

de vocales al sol, hubo gloria sin paz, hubo

altitud de pájaro y el arpegio del frío que brota

entre las flores de un jardín de pétalos rotos.


viernes, 18 de septiembre de 2026

La noche que agoniza

 

Ansía el gris un orden que no imponga su color

de ceniza en los intersticios de la piedra, y es que

hoy cuando los murciélagos llaman a la claridad

tu sombra viaja en mí como un latido de nieve

en el ardor del alba, ayer eras azul de mar, espuma

que rompe en el dique de la ausencia con sortilegios

efervescentes que en mis labios dejan estigmas de sal,

mutas según los oráculos del estío como un presagio

de arco iris, así engañas a la lluvia con la luz más pura

enredándose en los hilos que destellan, en el pálpito

sin materia de un reflejo hostil que en la latitud de mis ojos

se desvanece bajo el impulso de esta noche que agoniza.

jueves, 17 de septiembre de 2026

El mar interior

 

Adentro está tu universo con el coral vivo del pasado,

surcas un mar que nadie ve, allí hay islas donde guardas

los tesoros que regresan a ti en los navíos que hinche

la memoria, solo tú conoces la singladura, solo tú

eres el capitán que gobierna este buque que un día

encallará en las inevitables rocas del olvido.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

El sacrificio de los corderos

 

Qué gracia infantil,

qué ritmo de ángel,

qué infinita ternura

la de tu amor puro.


Qué ojos en donde la paz va a rendir

su bandera

blanca.


Asumes, equivocadamente,

que el sacrificio es pasión de dicha,

coro que al fin recibe

tu más aguda voz.


Solo eco en el instante

que precede al ritual,

mientras la noche

sangra pedazos de vellón virgen

caído

como maná cruel.


El granizo


Todo era silencio en mí.
La sombra en la palabra,
lo que oculta el miedo.
Y llegó la ola como un latido de piedra,
un cardumen blanco, duro, hostil.
Cayeron los planetas minúsculos sobre tejados dormidos,
cayeron como una siembra de hielo,
como un ejército lunar de insolente pedrisco,
como un alud de tiempo que rompió la piel de las calles,
el esqueleto de los vehículos, la flor viva de los campos.
Sonó su caída de ángeles como un grito de escarcha,
todo para morir en un ataúd de agua,
filtrándose hasta el tuétano de la herida,
sin dejar huella, como la travesura de unos niños
que no imaginan su alcance.
En mi ventana quedó la cicatriz de un asalto.