Solo fuisteis semilla de algo que nació breve
como un suspiro en la respiración labrada
por las huellas de la ortodoxia.
En vosotras no hubo raíz, ningún florecer en el horizonte
que asomó sin pausa bajo la luz débil de un crepúsculo en sombra.
Tal vez embrión de una vía por trazar en las líneas fantasmales
que recorrieron como relámpagos las cenizas de lo no sido.
Tal vez las caras imposibles de un hexágono que brilló en mí
para sepultar luego con el matiz de la ausencia
los colores de una primavera que brotó en el azul
como un rayo que fingiese luz.
Dónde estáis sino en la fábula y en el edén
de lo que la imaginación propuso, dónde
vuestro candil de leve haz que no encendió el crisol
de la improbable vida, dónde el sueño de recorrer el vacío
para llenarlo de otra verdad que desafíe a la memoria yacente.