Se filtra la luz por los
resquicios de la persiana.
Fue eterna la noche, yo marea,
yo jueves
en un delirio de juventud.
Ocho y media de la
mañana, la primera clase es de Metafísica,
se va el
pensamiento hacia un perfil de mujer que vi y no vi,
las colas y
las voces altas, los vasos de cristal casi vacíos,
la música desconocida, la luz azul del pub,
los saludos entre colegas.
Hora de entrada al colegio, tan próximo, el sonar de un claxon,
la vecina
de arriba que canturrea algo ininteligible,
la ducha
que espera mi cuerpo dolido
-por dentro
y por fuera-.
Qué clases
tocan hoy, qué horario si ya es viernes,
a las doce
cita con Alberto y Maite en la cafetería de la Uni,
después el
menú del día en el comedor universitario.
¿Vendrá
a la biblio la chica que tanto se parece a una actriz de cine?
Pronto llegarán los exámenes, y el invierno que se anuncia con lluvia y frío,
el aire
como una ola que golpea sin tregua, el ciclo inmortal de la vida
del que aún
no soy consciente, el futuro como una bala que dispararé a ciegas.
Ojalá
atine, ojalá halle un mínimo de felicidad,
un pequeño oasis de amor, el reflejo de una amistad,
un trabajo
que no solo me alimente.