martes, 17 de marzo de 2026

Las palabras ocultas

 

Esas palabras quedaron en mí y aunque las volví a utilizar no fue ante ti, en la hora exacta, en el momento en que debieron partir de mi boca para revelar lo que debió decirse cuando eran sin duda necesarias. Esas palabras son ahora una proclamación que llega tarde porque mi cobardía no supo encontrar la manera de comunicarlas. Y me dejé ir como la hoja caída de un árbol en el río de la costumbre. Sellar los labios, volverse mudo, no expresar el sentimiento verdadero sino aquel que finge para no tener que vivir la cruel certeza que distancia los destinos. Pero las palabras siguen ahí como la constatación rebelde de que nunca debieron ser condenadas al silencio. Para ti ahora serán un pensamiento al que no di vida, y fue así cómo oculté en mi interior lo que debió ser dicho en tu presencia, en este hogar que aún nos contempla, en un instante que ya es pasado.




domingo, 15 de marzo de 2026

Los sufrimientos

 

Es preferible el intenso que muere de su propio estallido,

el pausado se estanca como un agua negra en el corazón

que ya no sabe palpitar de alegría, a menudo nos roba

el sueño con su artificio de dolor, jamás finge ternura

cuando la soledad es un pozo donde nadan los recuerdos

que azotan el tranquilo acontecer de los días, pone lágrimas

en los pómulos como flores de un jardín marchito; son alfileres

que hincan su sed en las venas con el argumento hostil de la culpa,

solo el perdón anunciará su ausencia si llega hasta mí su mano salvadora.



sábado, 14 de marzo de 2026

El visillo en los párpados

 

Adivino lo invisible que hay más allá de la sombra.

Cómo las manos buscan en los pliegues de la tela

un mundo de fantasía, cómo sus dedos eligen

un altar donde el misterio sea para mí un ángel

de amor, cómo desnuda los hilos del organdí

con la caricia táctil del ensueño, cómo peina

las ondas que se deslizan por sus hombros

mientras la luz cruza la celada que ensombrece su labor.

Adivino lo invisible detrás de mis párpados cerrados.



viernes, 13 de marzo de 2026

Soledad

 

Infinito contorno que perfilas mi existir,

muda como una hoja perennemente reseca,

en tu acecho hay una doblez de páramo

en el oasis de la templanza, juntos nacemos

y morimos igual que esquejes de un árbol

que brotó único, en la lejanía del bosque,

no eres carne ni alma, no eres la flor alegre

que ilumina mi ser con voz de pájaro feliz,

pero siempre estás ahí como una sombra

que acude cuando nadie me escucha, solo

tú que nada dices después de que el dolor

asome con su rayo de luz inagotable eres

fiel, con tu presencia, al destino que cumplo.



jueves, 12 de marzo de 2026

Yo que fui huésped de un viejo hotel

 

Sin sonido, solo humedad y un pábilo de luz en el dintel.


El nombre está borroso, la puerta vibra con el temblor del cristal.


¿Son de cartón los espejos, el silencio un rayo que no escucha

el eclipse del ayer, acaso hay pájaros en las molduras

o un manantial bajo la alfombra de tapiz geométrico?


¿Y la música de un violín en la noche, el rumor de las conversaciones

en un idioma inaudible, la luna en la lucerna, la pared oscurecida

por el rastro del tiempo?


Pende de la araña un microcosmos de luz y yo santiguo el aire

con mi índice de niño, qué paraíso de almidón en la chalina,

qué rotundo el lazo en la nuez del servidor, qué palabras

de dulce ensueño anuncian la carta como un féretro que se abre

al pórtico de mi boca.


Y resplandece la cubertería y la cerámica gime,

y en el vidrio habita un fluido de lágrimas, y en el mantel

un mapamundi como una enagua de ribetes de coral

que tapara la pulida superficie de la caoba.


Oh! la fúnebre senectud de los cuadros, la columna griega-agrietada,

el estuco blanco y las flores en el brocal de un búcaro.


Ya voy al vientre de la nocturnidad después de la fugaz canción del hambre,

el mármol y la balaustrada en flor con el óxido del hierro

y la pintura enferma y ese quejido en el alma del edificio

cuando mis pies hunden su estilete en la madera rota.


Y yo sin el uniforme púrpura, y yo con el andrajo y los pantalones azules del mendigo,

y yo casi mudo como una estatua en el fósil iris de la edad,

y yo ángel que en su habitación escribe versos que caen al suelo

igual que nieve tibia, y yo que no respondo a la pregunta del barman

salgo a la lluvia como quien sale al adiós de una nave sin destino.


Y yo que conocí la sinrazón anacrónica que se instaló en la cortina de mis ojos,

me alejo de la luz, del rótulo con letras sonámbulas, de los números que son el epitafio

de las habitaciones vacías, del tordo que huye del alféizar, de mi sombra saciada,

y voy al encuentro del duende que no madruga con el corazón en calma

y en la voz un rosal ya sin espinas.









martes, 10 de marzo de 2026

La aparición

 

Poco a poco se perfila en el contorno del espejo.


Tú quisieras ver la infancia,

la plenitud de un hombre,

incluso la madura tez de un anciano.


Pero no, allí está para recordarte tu destino.


La maldita calavera.



lunes, 9 de marzo de 2026

Reloj de pared

 

Es la hora del Cuco, la letanía del péndulo en la ojiva,

el duelo de las agujas bajo el cristal, de haya o de caoba

su carne, de porcelana el fondo, la coreografía de los números

y el oro de las saetas, el carcaj omnisciente de las horas,

el sonido de un corazón sin alma y el canto del Cuco como

una risa triste que no volveré a oír si ya está aquí la eterna noche.