martes, 11 de agosto de 2026

Los párpados de la memoria

 

Has doblado las rodillas del miedo, con la lluvia

que moja la estela que trazas en las columnas del aire

vuelves a la estéril quietud de los relojes pétreos.


Aún la herida no sembró de cicatrices la piel del dolor,

todavía recorro las vías donde tus alas percuten contra

el cristal antes de que fueras el pájaro del olvido.


Tú sabes que no hay mitos que sobrevivan a la canción

oscura de la vejez, no ignoras que en el vientre de los paraísos

el agua es un espejo que no refleja la luz insomne de los amantes.


Solo los círculos que duraron lo que dura el salto de una piedra

en la faz de un río turbio comprenden la armonía fugitiva

de las horas más frágiles.


Bajo las sombras late un ardor moribundo, el que crepita

en los párpados de la memoria, allí donde resulta imposible

comprender esa luz que penetra hasta el tuétano de los huesos roídos.

lunes, 10 de agosto de 2026

Un dios cercano

 

Sea el cielo, el mar, la montaña o la sima.


Ninguno de ellos me habla.


Sin embargo yo necesito un dios que hable

y al que responda

con mis dudas,

con mi silencio,

sin sentir 

miedo.


domingo, 9 de agosto de 2026

El beso

 

Bebí en el cielo de tu boca,

por un instante me iluminó tu sol,

después llegó la noche

y duró para siempre.


sábado, 8 de agosto de 2026

Engañándome

 

Por un casual descubrí

ya divorciados

que eras celíaca

un día que coincidimos en una terraza

cuando finalizaba agosto

-en la etiqueta de tu bebida ponía “sin gluten”-.


Ahora entiendo tu repentino desdén

por el pan caliente, recién horneado,

que con mucho amor,

untado de mermelada de arándanos,

te servía a diario

durante el desayuno.


Tú entonces ignorabas que eras celíaca,

pero no lo ignoraba el destino.


Siempre me pregunté por la razón de que me pidieras separarnos.


Es posible que en el pan recién horneado

untado con mermelada de arándanos,

que con amor te servía a diario,

esté la respuesta.


O puede que tan solo

te valiera

de excusa.

Cara desamor, cruz amor

 

Hay perfiles altivos

como de moneda

que duran

lo que dura

una vida.



Así el tuyo, bajo la parra

de un café lleno de gente.


El giro de tus muñecas al hablar,

en la piel un río de estrías

que los años dibujan ya

en tu rostro.


La forma en que recoges tu cabello

todavía es el de la joven rebelde

que amaba ser libre.


Aviso al camarero y en las monedas te veo a ti.


Descubro entonces que yo soy la cruz

y tú la cara de aquella moneda

con la que un día,

ya lejano,

me ganaste

la partida.


viernes, 7 de agosto de 2026

Cruce de sombras

 

Que nos retenga el semáforo

da tiempo para vernos de frente.


Es incómodo ya lo sé

contemplarse

con los ojos

del pasado.


Pero piensa que la juventud se ha ido

y que es inútil

la nostalgia.


Al cruzarnos

desviamos la mirada

para no herirnos.


jueves, 6 de agosto de 2026

Los sueños

 

En la encendida risa de vuestros labios infantiles

se transparenta el fulgor mágico de los cuerpos celestes,

porque brilláis en las sombras de la edad

y sois como ángeles que prometen islas de cristal

que vagan por los océanos de la tristeza.


Bien sé que carecéis de materia y que confundís los colores

para que no parezca real lo que en el interior de los ojos se exhibe

como una premonición que jamás se cumplirá;

en mis párpados de somnolencia sembráis los días

con imágenes que viví o no viví, con deseos inconfesables,

con dulces ejércitos que atenúan el rigor ambiguo de las pesadillas,

me regaláis encuentros con mi yo perdido donde aún reviven

las escenas de la infancia, los actos de amor en plenitud,

los viajes que en la memoria son luz de postal sin sombras.


Y en la vigilia hacéis que lo invisible crezca como un árbol

en el bosque de la paz, como una flor en el jardín

que añora los paraísos del edén, como un pájaro que desde las alturas

divisa lo nunca visto: los ríos en la piel del tiempo,

las montañas que el azar columpia sobre los cielos púrpura,

los valles fértiles de lo no sucedido,

los océanos donde habitan las caracolas de la fantasía,

el oasis en el que solo podré vivir si me arropáis como a un niño

que os espera en cada pliegue de sus párpados caídos.