El aire se espesa como una ola oscura, viene el rumor
antiguo de la desesperanza con el canto triste de un silencio
que ha perdido su noble razón junto al árbol de la luz,
porque al pie de la lágrima hay nubes negras que presagian
una mueca de mármol, una cicatriz que se abre con la mirada
atroz del cansancio más profundo; lo mismo que una sombra
que nace de otra sombra, o el hechizo que pone en los párpados
la semilla de la desilusión, o el río que inunda la siembra de los días
felices, o la faz donde el dolor es tan árido como un pátina de cal
sobre el gesto amable de la sonrisa yacente, así llega a ti
el filo de una espada que corta el tallo de la placidez, así
la bruma que vela el horizonte con esa lasitud del alma
a la que nombran desidia, así lo inmóvil que crece en las
extremidades como un frío que impide volar a tus sueños.