Naciste hilo de agua entre peñas, un hilo que recorre
el surco alimentándose de la lluvia y de las generosas
arterias que vierten en ti su líquido fértil, transcurres
en sazón, preñada tu matriz como la vena de un aljibe
sin fondo, tu cintura de meandros fugaces, de silvas
y álamos en los bordes, de peces antiguos que cruzan
de orilla a orilla el indómito cauce; tu fluir de manantial
eterno semeja un látigo que agita tus aguas hasta
que de pronto un abismo asoma, allí donde
tu cabellera cae con rumor de fuente bravía
en cascada de espuma, prosigues en ágil canto
tu singladura, ya turbia la piel que rompe
en los labios de un mar que aguarda,
amoroso, tu inagotable beso.