Cruzar tu umbral es como
volver al seno de una madre eterna,
respirar
el aire detenido, sentir entre las vigas el frenesí
de
un corazón que revive ante la mudez de mi voz
que
solo te evoca desde la edad infantil de los sueños.
Tú
me recuerdas, lo sé porque algo en ti descubre las cicatrices
que
dejaron mis heridas en tu piel venerable, lo sé porque
en
las ventanas que golpea el viento continúa la música
que
oía desde mi habitación como un arpegio de paz.
Lo
sé porque aunque los muebles de entonces ya no existen
su
huella me habla desde lo íntimo de tu ser como el eco
de
una presencia viva que perdura en la memoria igual
que
en el canto del nuevo pájaro perdura el canto
del
pájaro ido.
Toda
tú eres luz cálida, y yo el único amante
que te queda.