Antigua vas con la camelia bordada y en el canesú
ribetes de olvido, así con el frío de lo que fue un árbol
de cabellos rojos, con el perfume del ángel en las axilas
y en la frágil espalda una cicatriz de la que aún manan
los sueños persigues la bruma en el bosque de un cuadro
como ninfa inmóvil de un verde ya desvaído, te alejas
en mitad de la lluvia con el sombrero del azar que corona
el enjambre de tus bucles, casi levitas sobre la luz que te lleva
hacia un confín ignoto, y en la anacronía descubro que nunca
fuiste tú tan real como ahora en que ya no estás a mi lado.