sábado, 6 de marzo de 2021

La justicia está viva

Preámbulo de la ley 2/2006 de derecho civil de Galicia: «El derecho civil de Galicia es una creación genuina del pueblo gallego. Como derecho regulador de relaciones entre sujetos privados, surge a lo largo de los siglos en la medida en que su necesidad se hace patente, frente a un derecho que, por ser común, negaba nuestras peculiaridades jurídicas emanadas del más hondo sentir de nuestro pueblo".

 A mi padre, jurista,
que se desvivió por convertir en norma
lo que ya era costumbre entre las gentes.

Quien siembra recoge sin que el tiempo decida cuándo.

Un esqueje o el fruto más longevo
de un tronco sólido y carnal,
una vida donde la norma es un desiderátum,
la costumbre un manantial que tus ojos ven
como amor a la tierra, al mundo simple
del trato noble que se asienta en los días
con la transparencia de un abrazo,
la mirada firme, la verdad presunta
del silencio compartido.

Pusiste luz en el poso del consenso,
solo es posible entender un porqué
si hay una razón heredada
que nace del orgullo
y se asienta en la raíz de una tradición viva.

Hoy te han recordado
sin que el olvido se atreviera a nombrarte,
sentencias manuscritas, textos que ponen
voz a las cosas implícitas, cercanía al árbol,
al terruño, a la vecindad
que se entrelaza en la quietud de los siglos.

No son los elogios tu bandera,
tu estandarte es el recuerdo y la memoria,
el don de una clarividencia solidaria,
la filantropía que te hizo ser proximidad al hombre sencillo,
compartir su acento
y llegar a su corazón con las manos abiertas.

Hablan de ti y de tus logros,
no saben que tu mayor conquista fue la bondad,
ignoran que la justicia
es una consecuencia del entendimiento;
algún día descubrirán
que lo que redactaste una vez 
ya estaba escrito en el aire.

Tú supiste respirar el mundo,
hiciste mejor lo que ya era bueno.


* Preámbulo de la ley 2/2006 de derecho civil de Galicia: «El derecho civil de Galicia es una creación genuina del pueblo gallego. Como derecho regulador de relaciones entre sujetos privados, surge a lo largo de los siglos en la medida en que su necesidad se hace patente, frente a un derecho que, por ser común, negaba nuestras peculiaridades jurídicas emanadas del más hondo sentir de nuestro pueblo".

viernes, 5 de marzo de 2021

Insomnio

 Dos linternas mis ojos vacíos,
en la cal un sueño de lagartijas tímidas,
en el vidrio yaciente de húmeda nostalgia
una trasparencia de ejércitos, un licor blanco
de savias sin sol.

El silencio es una nube oscura,
oigo voces que no respiran,
crecen desde los agujeros del estaño,
susurran otros ecos
como arcaicos músicos de la noche.

Hay una luz de abril, microscópica,
miríadas de gotas brillantes
-hadas en vesania-
bailan entre los listones de las persianas dormidas,
yo rezo una historia,
mis labios deletrean enigmas
para que no se asuste el mundo de los átomos
que llega sin voz hasta la epidermis desnuda.

Venís a mí, ríos sin patria,
las palabras fósiles son moldeadas por el agua
que tendida en el cristal
escribe epístolas sobre la piel de sílice.

Seda y lienzo, sábanas como pliegues de un mapamundi,
heroínas y submarinos, islas invertebradas,
los paisajes dorados y las sumas
como una reiteración que corrompe la virtud del sueño,
su salmodia gris.

Horas y más horas en el acuario de esta habitación
donde nadan las atmósferas muertas,
el globo de luz que es un naufragio,
una canción oscura del pasado.

Dicen que el tiempo es un sin fin
de margaritas en un erial
que riegas absurdamente con polvo y tiniebla
hasta la consecuencia simple del adiós.

Todas mis noches me abro al silencio,
con un corazón envejecido
y una sed de sentirme primavera.

En la más profunda raíz del invierno
escuchola escarcha sin hablar, soy seducción de mí
al volver a mi sombra para recordarle su promesa de novia,
su huella en el laberinto
que somos ella y yo
desde el semen primero,
desde que el amor de la luz nos parió en el día.

No duermo, pero vivo,
es una oportunidad la vigilia,
laten el verbo y la luciérnaga,
imágenes en un calidoscopio que me enseña constelaciones,
cómo dormir si todo lo que he vivido regresa,
me acuna y sonríe
sobre el iris de mi pupila, atónita.


























miércoles, 3 de marzo de 2021

Los nadadores nocturnos

 


Ninguno cuenta las brazadas del otro,

ellos saben que hay un límite de cemento y loza

donde el agua se estanca como un charco infinito.

 

Los nadadores nocturnos no tienen nombre,

son fríos como un pez del ártico,

pero nadan en las aguas cálidas del recuerdo

con la precisión del atleta

que ha recorrido mil veces el mismo surco.

 

No se desvían,

alzan los brazos,

los hombros son una metáfora,

las piernas un ángelus de espuma,

el horizonte una nube o un mural

donde viven las ninfas.

 

Son especímenes de un acuario cristalino,

aunque pisen la atmósfera turbia de los días cotidianos

-un trabajo sin futuro, la casa de desportilladas paredes,

los semáforos, el yo de la materia y el tacto del sol

en la piel seca-.

 

Avanzan y repiten su soliloquio lineal,

la respiración se duplica;

los ejércitos de la sangre son campanas en la niebla,

azucares que ronronean en la boca, en las papilas,

en la serpiente de un cuerpo mojado por las moléculas del azar.

 

Al irse, un relámpago en la mirada les devuelve un signo cómplice,

mañana otra vez nadarán lejos de la oscuridad,

en la placenta de la vida, sonámbulos y alegres,

tras dos horas de amor y silencio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


lunes, 1 de marzo de 2021

La tristeza

Elegir el negro, no un color.

Detrás estará
el horrísono quejido de la fiera.

Hay hachas de arce
que relumbran en los huecos,
indescifrables signos en los muros,
fémures y calaveras a los lados.

Es la bestia quien te reclama
con el amor infinito
del designio y la ósmosis.

Asume que el día siempre será noche.

Ya no sé si estuviste allí

No estuviste allí y estuviste,
en la huella del estío y el alambre del pájaro,
en las rodillas del agua y en los músculos blancos de la fiebre.

Cien tejados de ocre y tejas sin horóscopos,
la voz de los árboles o el crujir de las alas
con los labios húmedos de primavera.

El trino o el chirriar de las nubes
busca gestos anónimos sobre la ciudad mojada.

Yo vivo en la hermosura de desconocer tu nombre,
yo dibujo murallas de oro gris
en un vaso que perdió la sed
después del frío y la luz dormida.

Sin hablar hablo a tu sombra,
sin ojos veo un cuerpo inalcanzable
de rastro carmesí en un dril de carbunclo.

A mis amigos les doy pronombres y calidez,
en una llave rojiza flirtea el corazón de tu voz en llamas,
es que te alejas de ti en volutas y barcos híbridos.

Y no existe una esquina sin que flote el arrullo
de tu esqueleto-vértice desdoblado, bies ambiguo,
néctar en el peciolo de la hoja-
como herida en los ovarios de un catecismo
sin reglas.

Los viernes azulea la catedral,
hay un amago de lluvia torpe,
los martes son de plata y azabache,
los jueves el olor a incienso es un mar
en el canal de tus pechos.

Ya ves que, sin memoria, invoco tu paso volátil,
un espectro en la flor de un vaso lúgubre,
desnudo de alcohol y música.

Volverás a donde no has estado,
en parques de verano tu jazmín invisible,
en un concierto tu boca agitada que susurra la canción
y le da un eco de margaritas rojas;
en los signos del día y en el primor de los balcones
abiertos a la luz y en los vagones olvidados
de las estaciones rubias, tu huella.

El mañana que tú eres regresará al pasado que sembraste,
colinas y fuegos sacros en la oscuridad
y una pregunta que no cesa,
¿siempre estuviste allí
o era yo quien te llevaba conmigo?

domingo, 28 de febrero de 2021

La isla

Doce de la mañana,
el mar se encrespa levemente
con tirabuzones de niña.

La playa es una lengua de mínimas lentejuelas,
hay brillos de ángel en el cuarzo
y un sol de mimbre
sobre el azul.

Mi cuerpo bruñido,
carne joven,
recibe del día claro
su ración de negrura
mientras Pilar, amorosamente,
sonríe y calla.

El escenario: palmeras pequeñas,
acantilados al sur,
paseantes de abril,
perros sin pájaro,
sílabas verdes
como un rumor de algas.

La isla es un gato negro
sobre la plata hercúlea del océano.

Nosotros, un instante de olvido.

sábado, 27 de febrero de 2021

Habitación 63

Me reflejo mil veces en la araña de cristal.

 

El exilio puede ser: voces distintas,

la lluvia dentro, un hotel sin alma

como un papel no escrito.

 

En las escaleras crujen mis pies,

el mármol perdió el color,

huele a naftalina,

al óxido de la herrumbre.

 

Es como si alguien devolviera a la vida

a los personajes de las fotografías antiguas,

una educación exquisita,

el chaleco raído y la vejez en los párpados.

 

La luz amarilla,

panal de abejas silenciosas

en un mundo transparente

de telarañas de bronce.

 

Habitación sesenta y tres,

lluvia en el cristal,

canto de ascensor en los oídos.

 

Mi nuevo hogar.