miércoles, 18 de febrero de 2026

Tres son multitud

 

Tú y yo los únicos pasajeros

en el vagón de un tren de cercanías.



Ningún cliente mas que tú y yo

en el bar donde nos tomamos unas cañas.



Por la calle nadie

-solo tú y yo-

en los cien metros

que había hasta tu casa.



Y ahí fue que de pronto

se nos unió

-a ti y a mí-

lo que sería después

el inefable 

olvido.

































Todo lo perdido

 

La anchura del latido mas firme,

lo que ruge en la mitad del caos

y no teme al silencio del cobarde.



La fusión de los espejos que multiplican el ardor de un nombre,.



La perdida virginidad de la hembra que liberó el cáliz del deseo,

los ríos del ansia cuando los muros del azar ya no pudieron

contener los aludes infinitos.



La perfecta sintonía de voz y carne dándose a la vida

con el gemido irreal que colma en ósmosis nuestra piel enmarañada.



El último reflejo color carmesí en unos ojos que ya no serán míos,

la ciudad del sur bajo una lluvia convertida en ámbar por el ocaso.



Lo gris y el azul de tantos días alegres, las palabras que te dije

y que ahora resurgen como flores de abril en el ciclo inmortal del recuerdo.



Lo que fugaz llegó para irse sin que mis manos pudieran atrapar

el flujo de su existir.



Las huellas que dejaste en mi corazón ya borradas por el dolor de no tenerte.















lunes, 16 de febrero de 2026

Soy rico

 

Apenas cuatro o cinco libros en un estante,

un póster, una lámpara de pie

y un colchón en el suelo.


Y sin embargo qué feliz aquí contigo.


Tu desnudo es mi auténtico tesoro.





domingo, 15 de febrero de 2026

Tu baile

 

Celebra conmigo la natural forma de la lluvia,

a veces te desnudas con el silencio de la tarde,

entonces veo la frágil armonía de tus omóplatos

subir hacia la luz como las alas de un ángel,

y acude el viento al cristal y suena el ritmo

de un baile que en tu vientre posa la canción

de los pájaros sin nombre, en tu piel alba

maduran por fin las semillas del tornasol,

y giras con pasos breves en el círculo de la luz,

afuera la lluvia hace sonar su infantil

latido en la ventana azul de tus ojos.



sábado, 14 de febrero de 2026

A la contra

 

Yo evito la sed de los carámbanos,

corro sobre cristales pulidos por el mar del invierno.



Nado sin que las rocas con sus aristas de nácar

graben en mi piel cicatrices ambiguas de sal negra.



Vigilo desde el faro de mis ojos la corriente de las palabras

que visten mi soledad con ecos de algarabía.


En la luz soy sombra, en el arrabal un paraíso de pétalos al sol.



Soy el azúcar donde se endulza lo agrio,

el canto del ruiseñor que se une a los coros de la claridad.



Soy el círculo que viaja entre líneas paralelas

sin que ningún ápice acuda a herir el sueño

en el que vive el caudal

siempre en flor 

del que un día partió 

el tobogán de mi infancia.



viernes, 13 de febrero de 2026

La transmutación del espejo

 

Ahora soy yo quien se refleja en ti.


Encadenado a tu imagen me pierdo

en el fondo del azogue.


Y es así cómo recupero mi niñez,

mi juventud, incluso mi alma.


Y aunque un día muera

estaré en ti

para siempre.



jueves, 12 de febrero de 2026

La danzarina


Ondula su eje, gira, enhebra el aire y es armonía

que en elipse traza círculos de ansiedad.


Cubre la piel alba una blonda y un canesú de orlas

que caen como hilos dorados de carnaval.


El torso se anuda para que los pechos brillen en lo alto

con el haz de un sol amante.


En la zancada dos alas de ángel, en los brazos 

que comban la luz una letanía de perlas y nácar.


Alzándose en arpegio índices que dibujan vuelos de pájaro

sobre nubes carmesí, su capacidad de romper las estrías del aire,

su levedad que transita entre rosas de luz, su infantil voltereta

que extiende el volumen de su falda azul, los pies desnudos,

la cintura con pendientes que cuelgan al ras de la enagua.


Cómo su delgadez abre las piernas en manantial de arcos

meciéndose con el baile insólito que no necesita el ardid 

de una música vivaz.


En el discurrir la mística fluye con símbolos que claman al son

de un canto interior, el cuello erguido, la mirada fija,

el sudor blanco que cae indómito, la locura y el éxtasis.

 

El pábilo en los ojos, sin saber el porqué ni el nombre, la dirección, 

quién invoca a su intransitable danza si todo es paz bajo las hojas 

de estos árboles que han dejado de oscilar con el viento de abril.