lunes, 28 de noviembre de 2022

Aquí

 

Yo me alejo y queda mi sombra, huérfana.

Voces en penumbra como mirlos cuyo trino

enmudece. El reloj nos cita con un eco atrapado

entre los cristales, un rostro neutro y unos labios

que rememoran las muecas con palabras vencidas.

Aquí no cesó de llover vida, aquí los juegos y el misterio,

la música y el frío como un gato tendido en la cruz de los muebles,

aquí el meteoro y el rayo, la intimidad de las palabras no dichas,

el recuerdo de estar juntos y la historia en los cuadros,

en los visillos que ocultan los cuerpos que ya no somos.


domingo, 27 de noviembre de 2022

Cartografía del tiempo ido

 

Era el tiempo de la flor bendecida, no de la raíz
ni de la piedra ni de los osos taciturnos.
Era el lugar de la música no oída, trasplantada a los horarios,
sublime como un jazmín de oro que no cesa de brillar.
Era la luz en las acequias cuando el agua muere en los bordes de la euforia,
era la sonrisa de la maga después de Rayuela, hay historias que son de fuego
y marcan la piel y marcan la noche de los proscritos.
Era el acantilado en un bosque y la ola en tus ojos de barca perdida,
eran los pájaros sin color bajo el ramaje de una tez de invierno,
eran las luces y su murmullo al andar las calles como dos sonámbulos
en un mapa sin abrir. Éramos la candela que imita al sol,
el refugio de las mariposas al morir la luz entre el humo y la ausencia,
eras la rosa melancólica, rubia como crin de león, áspera como la lija
que el amor desnuda para volverla seda y algodón, nieve en mi iris,
párpado sin gloria. Fuiste la nomenclatura de los ángeles,
el gong de la campana, el grito del célibe en el clímax del ardor,
la fruta de un árbol que recoges ausente como si debieras a la luz
el cansancio de estas horas que navegan entre arpegios, lluvia, palabras y sueño,
estas horas que no son de nadie, ni de dios son, qué se le va a hacer
si ya el día es tan solo un recuerdo.

sábado, 26 de noviembre de 2022

Sistema circulatorio


Arterias que nievan sobre mis campos ocultos, capilares rojos
al sol, venas que retornan a mi corazón con la sed saciada,
la sístole que arroja esperanza, la diástole que es una nube
negra; y este ritmo cíclico que guía mis ojos, enciende mis
sentidos, ampara la poca lucidez de mis actos, esta sangre
que no imagina que circula por el sendero de la muerte,
donde también circula la vida, donde también circulan los sueños.

viernes, 25 de noviembre de 2022

Mi amante se llama libertad

 

Escribí despacio
sus ocho letras
en un papel gastado.

Yo la quería, pero ella a mí, no.

Lo adiviné muy tarde,
el día en que los horarios me vencieron
y no sentí su apoyo.

Ahora, aunque dormimos juntos,
ya no nos hablamos.

jueves, 24 de noviembre de 2022

Dentro del espejo

 

Entrar en el espejo es como dibujarse en la memoria.
Detrás del azogue hay una multitud que vive. Yo nunca
miro en la piel que reproduce mi rostro presente, viajo
a las mañanas y a los atardeceres de luces cenitales,
de crespúsculos y sombras, donde un cuerpo registra
su hoy y su nada. Sumergirse en sus aguas de cromo,
despertar el pasado, encender las hogueras del recuerdo
con mil máscaras perdidas, con un eco inaudible en una
fantasmagoría de títeres. Atravieso el umbral liso,
pudoroso, amable y solo hallo las primaveras marchitas
del tiempo en mis ojos. Un alba que es oscura como la ceniza,
un adiós que rememora unos pasos ausentes que enmarcan
mi perfil fuera de esta lámina sin color. Y, aun así, dentro, revivo.

martes, 22 de noviembre de 2022

Huellas

 

Era tan pequeña, tan minúscula, tan efímera, que la olvidé.

La huella de mis siete años.

De pronto se hizo grande la pisada- o quizá fue un espejismo-
entonces empecé a caminar sobre la tierra y el cielo,
una inmensidad por descubrir.

Lancé rosas al aire,
volé con la perfección del ave náutica
hacia mi sol que era el mañana.

Yo solo hundía mi voz en el tiempo,
con veinte años la luz no muere en las esquinas,
es un imperio de claridad que absorbe el silencio de las sombras.

Alguna vez me vi levitando sin dejar símbolos en ninguna parte
solo alas y pies y uñas que viajaban al azul en una noche de invierno.

Pero, qué es una huella sino un rastro perdido en la memoria.

Amanece junto al mar, las nubes malvas al sur,
siento crecer una azucena en mis axilas,
-tú ya sabes que soy volátil como la brizna del polen-
el humo se aleja con la suavidad de una luciérnaga oscura,
la pompa de jabón bajo el solsticio de invierno,
su arco iris sobre el océano refulge.

Con los años las huellas son más profundas,
son huellas de plomo, son huellas sin amor,
porque saben que la reiteración es la muerte,
así nos anuncian los relojes la verdad,
su círculo eterno es una daga contra el corazón.

Me importa poco si agito la ceniza yacente
o si huyo hacia lo que ya no es posible,
hay cicatrices en mi ayer que aún reconozco,
son mis huellas mortales, mis faros ocultos,
no quiero que me veáis en la derrota del que busca el pan caído,
lo que vendrá es tierra virgen, jamás hollada, jamás sentida,
no es una huella en el mar, sino el arenal de una isla
que todavía no he pisado.

domingo, 20 de noviembre de 2022

El alma de tu rostro

 

Siempre que me miras ves al otro que hay detrás de mí,

aquel que vivió contigo la plenitud del tiempo,

los días felices cuando el mar no era una lágrima

ni el sol un fósforo húmedo, ni el amor un párpado

violentamente roto.

 

Siempre que te miro el futuro se ancla como un rubí

se ancla al destello para no dejarlo morir,

aún vistes de niña porque tu infancia se arropa en tu iris

bajo el color verde de los sueños.

 

Si nos miramos, en la penumbra de una habitación vacía

 

¿Qué vemos?

 

Yo veo la canción que nos unió,

el sexo en los hoteles de extrarradio

cuando solo importaba el crepúsculo en sombras,

cuando las noches tibias eran un cálido espejo

y el perfume de los rosales era en tu piel una señal de furia.

 

Lo que tú ves es la duda que en mis cejas brilló

como un resplandor extraño,

ves la pasión y el hambre del incauto,

ves la ceniza que dejó un cigarro entre las sábanas,

ves al ciego que no reconoce tu ansia,

ni aparta de sí a las libélulas del silencio.

 

En nuestros ojos hay témpanos y calor,

hay ortigas y seda, hay mansedumbre

y, también, el oscuro eco de las bestias

que habita en la forma de la luz.

 

Déjame que busque el alma de tu rostro,

no te alejes de mí.