Ay! qué flor del día llega
con el fuego invisible de la pasión azul,
a
veces el cristal rompe en estallido de nieve y blancas palomas
se
suicidan en los parques con fragmentos de ópalos mientras
el
rocío de la virtud se anuncia bajo un sin fin de adioses
en
tu desnuda mirada; y vas al suburbio con el fular rojo
y
un suéter de niña pobre, con la negra línea de ojos como
ala
de cuervo, con las medias rotas por el músculo y la piel
que
en tus pasos conviertes en ademán de lujuria, y vas
a
la sin razón del escombro con la malla del vestido abierta,
y
ya no consigues huir hacia los miércoles donde la paz se hace
música,
ni volverán los lunes que invitan a los trenes a cruzar
túneles
de niebla, ni los domingos de abril junto a las dalias
que
en tu balcón se asomaban a los pozos del deseo; ningún
día
volverá a ser rumor de alfiles en el mapa de lo insólito,
ningún
coral de lluvia caerá desde el atrio anochecido
con
guirnaldas de infinita transparencia, ya no te seduce
la
esfinge que entre pilares formula ecos de senil azar, ya
en
en tu rostro las grietas del albor se tiznan de un carmín oscuro,
ya
es tarde para que la luz ilumine la sombra de nuestros pasos.