La anchura del latido mas
firme,
lo que ruge
en la mitad del caos
y no teme
al silencio del cobarde.
La fusión
de los espejos que multiplican el ardor de un nombre,.
La perdida
virginidad de la hembra que liberó el cáliz del deseo,
los ríos
del ansia cuando los muros del azar ya no pudieron
contener
los aludes infinitos.
La perfecta
sintonía de voz y carne dándose a la vida
con el
gemido irreal que colma en ósmosis nuestra piel enmarañada.
El último
reflejo color carmesí en unos ojos que ya no serán míos,
la ciudad
del sur bajo una lluvia convertida en ámbar por el ocaso.
Lo gris y
el azul de tantos días alegres, las palabras que te dije
y que ahora
resurgen como flores de abril en el ciclo inmortal del recuerdo.
Lo que
fugaz llegó para irse sin que mis manos pudieran atrapar
el flujo de
su existir.
Las huellas
que dejaste en mi corazón ya borradas por el dolor de no tenerte.