viernes, 13 de febrero de 2026

La transmutación del espejo

 

Ahora soy yo quien se refleja en ti.


Encadenado a tu imagen me pierdo

en el fondo del azogue.


Y es así cómo recupero mi niñez,

mi juventud, incluso mi alma.


Y aunque un día muera

estaré en ti

para siempre.



jueves, 12 de febrero de 2026

La danzarina


Ondula su eje, gira, enhebra el aire y es armonía

que en elipse traza círculos de ansiedad.


Cubre la piel alba una blonda y un canesú de orlas

que caen como hilos dorados de carnaval.


El torso se anuda para que los pechos brillen en lo alto

con el haz de un sol amante.


En la zancada dos alas de ángel, en los brazos 

que comban la luz una letanía de perlas y nácar.


Alzándose en arpegio índices que dibujan vuelos de pájaro

sobre nubes carmesí, su capacidad de romper las estrías del aire,

su levedad que transita entre rosas de luz, su infantil voltereta

que extiende el volumen de su falda azul, los pies desnudos,

la cintura con pendientes que cuelgan al ras de la enagua.


Cómo su delgadez abre las piernas en manantial de arcos

meciéndose con el baile insólito que no necesita el ardid 

de una música vivaz.


En el discurrir la mística fluye con símbolos que claman al son

de un canto interior, el cuello erguido, la mirada fija,

el sudor blanco que cae indómito, la locura y el éxtasis.

 

El pábilo en los ojos, sin saber el porqué ni el nombre, la dirección, 

quién invoca a su intransitable danza si todo es paz bajo las hojas 

de estos árboles que han dejado de oscilar con el viento de abril.




martes, 10 de febrero de 2026

El día que conocí a la chica rubia

Aquí viene el aire que especula con la fría latitud del cristal.

Afuera no puedo oír a los pájaros de abril,
en sus nidos de alares rotos hay telarañas que tejen
la red del tedio con la húmeda constancia y el tesón
de los insectos atrapados en su cárcel de afán.

Me topo en la esquina con la rubia de maquillaje atroz.

Ella no finge ser paraíso ni oasis en el mar sucio
que nombra al arrabal con la voz dulce de una virgen ciega.

Sabe del instinto verde del éxtasis y de la cloaca azul
donde se baña el adúltero.

Sabe que en lo oscuro no hay carámbanos de sol
ni ojos que relampagueen como luces que giran
en las noches vertiginosas bajo un carrusel
donde el insomnio es una lámpara sin párpados
que proyecta, de pronto, un haz noctámbulo.

Y llora sin voz, y calla la niña que fue,
y fuma cigarrillos de nieve que se deshacen
como hebras de hielo sobre su piel tatuada.

Y nunca ve venir la luz de un alba
que nos la descubre así, otra vez 
yacente.

lunes, 9 de febrero de 2026

La gran tarea

Como armar del todo el mayor mecano del mundo.

O poner la última pieza de un puzle inmenso.

Así son los instantes que justifican una vida.

Pocos y aparentemente inútiles.

Y sin embargo, qué haríamos sin ellos.



domingo, 8 de febrero de 2026

No tan desconocidos

 

Hay un eco de pozo en tu voz

y en tu mirada caballos

que persiguen la luz.


De tu nombre imagino una vocal

que se hunde en mi lengua

como un beso mudo.


Sé que bajo la lluvia ríes

y que eres cómplice

del sol que calienta mis días.


Y aunque no te conozco

hablas siempre conmigo

igual que yo te hablo a ti

sin hablarte

nunca.

sábado, 7 de febrero de 2026

Metáfora del vivir

 

Porque el cuerpo sabe que no es roca ni levedad,

porque asume la razón de que al vivir recibe en sí

el regalo de la luz, porque siente en su piel la caricia del sol,

en los ojos los matices del color, en la boca la textura de lo dulce,

el aire perfumado, la armonía de los sonidos que llegan

como oleaje a su conciencia de ser, porque la vida

es un don, y así se ofrece a la carne, ya desnuda y libre,

como un pájaro que ha descubierto, por fin, el amor.

viernes, 6 de febrero de 2026

Cuchillo

 

Piensa que naciste cuchillo,

hoja que resplandece con la plenitud del día.


Una vez te vi sajar el aire en busca de la nube,

su perfil de corazón abierto a la herida,

el núcleo gaseoso donde late la virtud.


Eres duro y letal si introduces con ansia tu espolón

en la fina piel.


Eres un rayo de acero que penetra en lo oscuro

como lo haría el índice de un dios salvaje.


Te amoldas al revés de mi mano

y yo te acojo para hendir en la faz del alimento

tu alfil.


Un día se mellará tu filo y tu corte deberá repetir ese baile atroz

que tanto se parece al de una guillotina loca

que no cesase de caer nunca.