domingo, 2 de agosto de 2026

Lo nuestro duró lo que dura un arco iris en agosto

 

Vendrás tarde con la corola gris de la flor yacente,

me dirás la palabra antigua que un día trazó círculos

de fuego en el aire fugitivo para ser nube que se aleja

hacia un horizonte sin mar, en tu voz el ronco eclipse

del pálpito agoniza como un ataúd que da sombra al

ardor que dejó una cicatriz en mi ansia, nuestro recuerdo

ha dejado de amanecer porque tu bandera de nostalgia

es un oscuro tapiz en el que descubro las raíces sin alma

que teje el olvido, y si por un instante retornas, vuelves a mí

desnuda, como si el vestido del pasado ya no tuviera los colores

invencibles de un arco iris, que, aunque efímero, cruza el telar

de la lluvia con la total displicencia de quien no tiene mañana.


sábado, 1 de agosto de 2026

Verano apóstata

 

Qué ausencia de mármoles en esa dura caída

que eleva sus alas como un grito sin paz,

qué azul en lo hondo si no hay cielo en la raíz

que conoce lo oscuro, qué lágrima en la mejilla

no busca un río, qué corazón no confunde el latido

con un estertor de llamas en el frenesí de un tiempo

que yace, qué diluvio brota hacia arriba y nos bendice

con la lluvia de un verano que se niega a ser verano.

jueves, 30 de julio de 2026

Noche de invierno en la Plaza de María Pita(A Coruña)

 

Tu único habitante un rayo luna, en las galerías el sueño de las olas,

el edificio de tres globos con sus escamas ocres, sus cariátides

sin dosel, sus columnas de acanto, las ventanas como un faro

negro en la noche, la lluvia que atraviesa el haz de las farolas

y muge con el aire vivo de la madrugada, la heroína que defiende

la llanura del mar, que se enfrenta al galeón con el grito y el arma

que brotan de su corazón libre, los arcos en silencio, sin el eco

de la multitud, un olor a sal añeja, a fauna insomne, los ojos que miran

ocultos tras los vidrios cómo golpea el invierno las losas centenarias,

y mi nostalgia de verte pasar en los días de la luz camino de tu casa,

junto a la iglesia y el parque donde los árboles dan sombra a mis sueños.

miércoles, 29 de julio de 2026

Se hace largo el camino

 

No puedo echar la vista atrás, es tanta la lejanía,

tantas huellas que el polvo cubrió, tantos los rostros

que ya no están, tan largo el viaje final entre la bruma

que solo me permite ver lo próximo, ya no nítido el horizonte

que, quizá siempre fue una imagen irreal, ningún haz,

pesan los segundos que han perdido sus alas, la canción

de la vida repite un eco en mi boca que nadie oye, los pies

responden mecánicamente a un compás antiguo, los cubre

el óxido de un pasado que no guarda el tesoro de la juventud,

en los ojos la veladura, el celaje, la celosía de los recuerdos

donde mi alma pervive bajo la inútil sombra de un árbol sin hojas;

todo muda, todo prosigue, como una flecha lanzada

al infinito su órbita de la que pronto no seré pasajero,

todo está aquí, la luz, el silencio, las flores del azar,

y yo que no busco en la clepsidra ser el agua que

contempla, inagotable, el suicidio del tiempo.

martes, 28 de julio de 2026

Amor tibio

 

Tu dedo pulgar

cubre la luna llena.


Mis ojos solo ven un halo de claridad

en el contorno de tus dos falanges.


Así es tu amor

como un eclipse

que ensombrece

la más

clara

luz.


lunes, 27 de julio de 2026

Lo que no hice

 

Aún espera, como un remanso, que agite el agua. Y me dice, ven, porque es semilla que no floreció. Y me dice todavía puedes, estoy aquí, a tu sombra, en el lado oscuro, en la fantasía, en el sueño, en el otro yo que te invita a ser. En la cruz de la memoria solo existe lo ido, no la fugaz idea evanescente, sí la vivencia, las huellas que un día yo marqué en la piel del tiempo. En cada segundo hay una elección implícita que abandona a su suerte no nacida el caudal invisible que se verterá en otro río, por eso mi sangre lleva en su interior la cicatriz de lo que hice, indeleble como un fósil en el mar de los latidos.


domingo, 26 de julio de 2026

La alegría

 

La llamo siempre pero es caprichosa,

se presenta sin avisar con ese rostro infantil

y ese cuerpo que baila en medio de las sombras

para que brote en mí la paz que el corazón festeja

con latidos que galopan sin pudor entre la espesura

de la sangre dolida.


Los lobos del desencanto la acechan, los tristes días

son un ejército que sitia su canto, pero que no consigue apagar

la música que surge de lo hondo y que acompaña al festival de la luz.


Así llega y así se va, en un estallido agota sus fuerzas

como fuegos artificiales en la plenitud de la noche;

y después, se oculta.