viernes, 14 de agosto de 2026

El ángel caído

 


Ay! el grito que enmarca el azul, esa curva hostil

del tronco ante la ira de Dios, de qué sirven tus alas

si la culpa es densa como la pez, la sierpe aprisiona

tus músculos con el atavío del dolor, no hay pájaros

que se posen en tu álgida testuz, qué has visto ante ti,

quizá la mano alzada de la condena inclemente,

el rostro que pronuncia las palabras terribles

que nunca quisieras haber oído, y en el pedestal

el blancor de un tallo que te muestra al mundo,

en su base febriles dragones vierten el agua

donde ahogarás tu pavor, te miran los niños

con la curiosidad del ángel imberbe, las madres

dejan que los perros orinen sobre los monstruos

que te circundan, mientras yo sigo aquí, solo,

esperando a que anochezca, a que las sombras

oculten tu sombra, y a que nadie se acerque ya

a escupir en el pozo negro de tu memoria.


jueves, 13 de agosto de 2026

La equivocación


A veces el tiempo nos devuelve el alud como
una pregunta. Siempre creí en un solo tren
perdido en la noche. Nunca en los eclipses
del miedo. Y sin faltarme tú el paisaje dormía
(a mi lado la ciudad reinventada en bosque,
en silencio inmortal o en largas autopistas
sin destino). Era como volver a la piel
de una huella para decir lo que el vacío reclama
tras sus horas de insomnio. Me refugié
en el hábito de los días precoces cuando el sol
es una página por escribir y el deseo
se conmueve con los sueños perdidos de un libro
rojo. Existía ese incendio que nos quema
y nos seduce, existía también el hogar lúgubre
de los hombres sin futuro. Tracé un mapa
de invisibles telarañas, para que el verbo
fuera luz y mi memoria un pedazo de sed,
desnuda y simple. Todavía pienso que
equivoqué mis aceras, que solo envolví
lo que era transparente, líquido, etéreo.
Algo así como mi vida y su noche fugaz.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Resumen de vida

 

Amarillo, azul, rojo y verde.


Podrían ser los colores del parchís

o los de una carrera de cuadrigas

-si cambio el amarillo por el blanco-

en la antigua Roma.


¿Cuál de ellos es mi color?


En cada partida, en cada carrera,

uno distinto.


Cualquiera menos el que gane.




El suicida

 

El segundo se hace eterno, late el corazón como un río que busca desesperadamente el mar donde muere la noche, la lucidez dicta palabras núbiles, su claridad es púrpura como la de un sol de sangre en la matriz del cielo, el medio no importa, el lugar no importa, no importa la cadencia de los relojes que palpitarán en el aire con su condena atroz de pervivir para siempre, la mecánica fricción del largo eclipse de los sueños, es plácido el silencio, la pared escucha una salmodia de dolor, casi muda, el ángel partió, ya no protege tu alma el abrazo múltiple del feligrés, ya las campanas de la alegría callaron ante el horizonte negro que trazaste con el pincel rojo de la desesperación, quieres razonar, quieres que el motivo sea el mas puro de los motivos, susurras mamá, papá, la niñez se ha vuelto enemiga porque es como una flor que brota en el jardín de la esperanza, y tú ya eres principio de ceniza, se extingue el fuego en tu corazón, afirmas la honradez que no despierta la culpa, para redimirte o para no sobrellevar una carga insoportable, pero no lloras y asumes el fin con el orgullo de un hombre consecuente con su destino, ahora tan solo se trata de convertir el pensamiento en una sentencia real.


martes, 11 de agosto de 2026

Los párpados de la memoria

 

Has doblado las rodillas del miedo, con la lluvia

que moja la estela que trazas en las columnas del aire

vuelves a la estéril quietud de los relojes pétreos.


Aún la herida no sembró de cicatrices la piel del dolor,

todavía recorro las vías donde tus alas percuten contra

el cristal antes de que fueras el pájaro del olvido.


Tú sabes que no hay mitos que sobrevivan a la canción

oscura de la vejez, no ignoras que en el vientre de los paraísos

el agua es un espejo que no refleja la luz insomne de los amantes.


Solo los círculos que duraron lo que dura el salto de una piedra

en la faz de un río turbio comprenden la armonía fugitiva

de las horas más frágiles.


Bajo las sombras late un ardor moribundo, el que crepita

en los párpados de la memoria, allí donde resulta imposible

comprender esa luz que penetra hasta el tuétano de los huesos roídos.

lunes, 10 de agosto de 2026

Un dios cercano

 

Sea el cielo, el mar, la montaña o la sima.


Ninguno de ellos me habla.


Sin embargo yo necesito un dios que hable

y al que responda

con mis dudas,

con mi silencio,

sin sentir 

miedo.


domingo, 9 de agosto de 2026

El beso

 

Bebí en el cielo de tu boca,

por un instante me iluminó tu sol,

después llegó la noche

y duró para siempre.