Piensa que naciste cuchillo,
hoja que resplandece con la plenitud del día.
Una vez te vi sajar el aire en busca de la nube,
su perfil de corazón abierto a la herida,
el núcleo gaseoso donde late la virtud.
Eres duro y letal si introduces con ansia tu espolón
en la fina piel.
Eres un rayo de acero que penetra en lo oscuro
como lo haría el índice de un dios salvaje.
Te amoldas al revés de mi mano
y yo te acojo para hendir en la faz del alimento
tu alfil.
Un día se mellará tu filo y tu corte deberá repetir ese baile atroz
que tanto se parece al de una guillotina loca
que no cesase de caer nunca.