Es cierto, ya el aprendizaje
es un tobogán que deslumbra
a
la imberbe sed de los nacidos para vivir, y en el color la pasión
de
celebrar lo múltiple, y en su plenitud los enigmas que darán
nombre
al infantil descubrimiento, el arbitrio de un resplandor
que
ciega el asombro, los misterios que danzan igual que olas
en
el mar de los iris mientras la respiración se vuelve grito
y
en los pilares del hogar dibujos nuevos descubren un orden
de
primigenias raíces al sol, de pérgolas de pronto en flor
bajo
las alas doradas de la juventud, de fuentes mágicas
donde
el agua es un río de invisibles moléculas a las que aún
no
se les dio nombre, los ojos aprenden del silencio a descubrir
la
imagen única que por primera vez muestra su perfil, su geométrica
virtud,
lo bello o lo que infelizmente no halló perfección, la palabra
que
une significado y sentido para crear la armonía más volátil
en
la piel del conocimiento, la sexualidad que brota como un rayo
salvaje
entre las nubes húmedas que acogen a la semilla
de
la especie, y nunca el final, jamás la noche cuando el día
es
una equis en la luz que deberás despejar para vivir plenamente.