El territorio que transita por los ríos que juegan
a nombrar su inicio y su fin.
Las habitaciones con dibujos a medias como un arabesco
que crece sin saber en qué pared lucirá su filigrana.
Las huellas recientes del que todavía es liviano
y flota en el azar y será producto de un mañana
que perturbe la candidez de su ágil pensamiento .
El que sabe que la vida es un rocío temporal que se posa
en la inocencia con el agua que alegra la piel sin llagas del impúber.
Los ojos donde no existen barrancos negros, ni las pesadas hojas
de un árbol herido caen día a día sobre el frágil tapiz de la edad.
El confín como una isla entre la bruma y el que nada en el océano
sin avizorar aún en el horizonte su más que probable naufragio.