El segundo se hace eterno, late el corazón como un río que busca desesperadamente el mar donde muere la noche, la lucidez dicta palabras núbiles, su claridad es púrpura como la de un sol de sangre en la matriz del cielo, el medio no importa, el lugar no importa, no importa la cadencia de los relojes que palpitarán en el aire con su condena atroz de pervivir para siempre, la mecánica fricción del largo eclipse de los sueños, es plácido el silencio, la pared escucha una salmodia de dolor, casi muda, el ángel partió, ya no protege tu alma el abrazo múltiple del feligrés, ya las campanas de la alegría callaron ante el horizonte negro que trazaste con el pincel rojo de la desesperación, quieres razonar, quieres que el motivo sea el mas puro de los motivos, susurras mamá, papá, la niñez se ha vuelto enemiga porque es como una flor que brota en el jardín de la esperanza, y tú ya eres principio de ceniza, se extingue el fuego en tu corazón, afirmas la honradez que no despierta la culpa, para redimirte o para no sobrellevar una carga insoportable, pero no lloras y asumes el fin con el orgullo de un hombre consecuente con su destino, ahora tan solo se trata de convertir el pensamiento en una sentencia real.