miércoles, 4 de febrero de 2026

Descubriendo el azul

 

En la habitáculos o en las concavidades, ya hogar

de mis silencios, en la arquitectura que construyó

un ideal diestro con las cenizas del perdón, bajo

el alféizar que expande sus alas como un pájaro de fe;

y más allá con la luz que lloró al ver morir el alba

entre racimos de luna, está mi corazón que un día

descubrió el azul posándose en la tibia sangre, como

cielo en la aurora, como mar en el río de mis venas,

como capullo de flor añil en cada latido que fue travesía,

sin la paz virgen de la infancia ausente, sin tu voz

acompañándome desnuda de sueños, porque el final

ya se atisba tras un árbol maduro que no dará

amparo al fluir encanecido de mis arterias.


martes, 3 de febrero de 2026

Tu Ítaca

 

Dicen que Ítaca es solo un peñón

en medio de un mar lejano.


Pero hay otra Ítaca en tu interior

que solo verás cuando la muerte asome.


A veces te sentirás como un náufrago.


Otras veces disfrutarás del viaje.


Mientras tanto, habrás vivido.


lunes, 2 de febrero de 2026

Instantes de luz

 

Ha sido tan leve el anuncio de que algo de pronto se derrama

en la luz como una gracia y así se muestra bajo el sol ambiguo,

en un destello o quizá en una ráfaga prístina que irrumpe

a través de la quietud y el ansia, sin preaviso, un parpadeo

inconsciente porque el misterio alza columnas de asombro

en los iris, analogías con el fuego a punto de volverse llama,

circunferencias al fin cumplidas como si fuesen un presagio

de luna llena, razones que existen en el aire y en la palabra,

aunque se digan para dentro, sin énfasis, con la naturalidad

de una sinfonía que brota al unísono y fluye a idéntico ritmo,

como si fuese la arena de un reloj que filtra diminutos granos

de tiempo a la vez, y en su caída interior halla un nuevo sol,

tan igual al que tú reconoces en tu propio corazón,

víctimas los dos de esa música que acompaña

a la edad y que nadie quiere ver en los espejos.


domingo, 1 de febrero de 2026

Manual de subsistencia

 

Que nunca me falten las ganas

de morder el corazón de la vida.


Que llore o que ría,

que sufra si es necesario.


Que la ilusión crezca en mí

como una ola irrefrenable.


Que el pavor no invada con su ácido mortal

la luz que ilumina la negrura de mi noche.


Que sienta como un sueño sin fin

todo lo que me ocurrirá y me ocurre.

sábado, 31 de enero de 2026

El aprendizaje no tiene edad

 

Es cierto, ya el aprendizaje es un tobogán que deslumbra

a la imberbe sed de los nacidos para vivir, y en el color la pasión

de celebrar lo múltiple, y en su plenitud los enigmas que darán

nombre al infantil descubrimiento, el arbitrio de un resplandor

que ciega el asombro, los misterios que danzan igual que olas

en el mar de los iris mientras la respiración se vuelve grito

y en los pilares del hogar dibujos nuevos descubren un orden

de primigenias raíces al sol, de pérgolas de pronto en flor

bajo las alas doradas de la juventud, de fuentes mágicas

donde el agua es un río de invisibles moléculas a las que aún

no se les dio nombre, los ojos aprenden del silencio a descubrir

la imagen única que por primera vez muestra su perfil, su geométrica

virtud, lo bello o lo que infelizmente no halló perfección, la palabra

que une significado y sentido para crear la armonía más volátil

en la piel del conocimiento, la sexualidad que brota como un rayo

salvaje entre las nubes húmedas que acogen a la semilla

de la especie, y nunca el final, jamás la noche cuando el día

es una equis en la luz que deberás despejar para vivir plenamente.

viernes, 30 de enero de 2026

El vacío

 

En ningún caso le pondrás nombre,

ni es mensurable, ni hay en él 

cobijo.


La forma el aire y carece de luz

tu invisible casa.


Y caes, 

caes, 

sin saber,

sin llegar al fondo, nunca.


Hasta que un día, por fin,

tú ya no estás, 

mueres.

jueves, 29 de enero de 2026

Tal vez no debiera llamarlo horror

 

Es un estallido que en la paz vierte su hostil furia.


Son las vísceras que se abren a la luz como flores de sangre.


Es el fuego que asola la habitación donde los niños duermen.


Es la ceniza de miles y miles de cuerpos tras el holocausto nuclear.


Pero también existe en mí una forma de horror mucho más modesta.


En el silencio de la noche o al final de un día feliz,

al volver del trabajo con el cansancio en los párpados...


Allí está, otra vez, de nuevo, insobornable, mi amiga la culpa.