martes, 11 de mayo de 2021

La casa iluminada

Lóbulo exacto, frente de ángel, marisma en sigilo,

ladrillos de esmalte, un esqueleto de titanio

que se mueve en ondas, el gran animal

que pliega su ala sobre los dormitorios,

el espejo como un ojo líquido donde las escenas son de nácar,

el laberinto de la araña teje horas de juventud,

familias innúmeras en su concavidad sin piel,

ladran las paredes un soliloquio azul,

el cuévano orondo es una bóveda de estalactitas delgadas,

la voz de madre en el suburbio de las habitaciones

llama al consenso con signos mudos, innecesaria

la elipse de un adjetivo que todos nombramos en la quietud.

 

El mosaico, el azulejo que ha perdido el color,

los grifos rotos, la muesca en la porcelana

donde el niño golpeó un sueño, las cortinas

del baño que escucharon canciones de agua,

el fulgor olímpico de los fogones, el aroma

como una nube infantil que agita el músculo peristáltico

con zumos de natividad: el árbol que se oculta entre las luces,

un misterio en el portal que dejó de ser misterio

al volverse piel de plástico.

 

Y el asombro de los libros en estanterías de abedul,

cómodas, polveras, cuadros, las cucharillas de alpaca

y la geometría en los suelos-un cuadrado marrón,

el otro azul- donde aprendí la estrategia de los cómitres 

y sucumbí al monstruo de la edad con la última baldosa del tiempo.

 

Mi hogar y sus molduras, las fotografías que provocaron

al reloj, la caoba cautiva en pequeños cofres

que guardan la plata como jenízaros del azar

en la fútil verdad de los días neutros.

 

He regresado sin irme, contemplo

el hoy,

el ayer

y el mañana,

contemplo la claridad que bulle indolente,

y sé que no volverá otra vez esta luz que de pronto se agota,

pero también sé que habrá luces sin fin en mi recuerdo.

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 9 de mayo de 2021

Nada nuevo

 Abril ha brotado otra vez como una fiebre de color y agua.

Mojan mi piel los matices: el rojo, el verde, el amarillo, el azul.

Qué es lo nuevo si en mi memoria ya existían la lluvia y aquel

arco iris que soñamos juntos antes de volverte luna.

 

 

sábado, 8 de mayo de 2021

El Café-bar

 Esa música tan lenta,
el piano,
el jazz,
un platillo,
repica insistente el metal.

Es media tarde en el café,
veladores repletos,
su mármol guarda la memoria de los vasos,
las palabras caen con sigilo torpe
y dejan un féretro ambiguo,
una piel invisible, hermafrodita,
en el cenicero de mica y cuarzo.

La luz amarillea en los párpados,
las arañas cristalinas
fulgen como diamantes dormidos,
el hombre solitario
lee bajo el ventanal con gafas negras de ciego,
los novios escuchan al trio de jazz,
no hablan, se miran como palomas en arrullo.

En mi vaso verde hay un líquido espeso y turbio,
la lengua ya conoce la pulpa del azúcar,
la insidia del alcohol que atomiza los minutos
con finas hebras de éxtasis.

Afuera existen las horas del atardecer con su garganta de luz,
aquí la música de Miles Davis es la noche,
solo faltas tú que, presiento, ya no vendrás.


viernes, 7 de mayo de 2021

El espejo amigo

 Cerré los ojos ante el espejo como
la primera vez que lo tuve frente a mí.
Este espejo y yo jamás nos miramos,
pero es una necesidad sentirnos cerca,
nos vemos por dentro y somos felices así,
será que descubrimos juntos una mentira
donde siempre hay luz y nunca invierno.

Razones para que el final sea otro principio

 No sé por qué ahora,
precisamente,
es el final.

Pensé contarte el hondo temblor que aún existe
cuando las imágenes se recrean
en episodios perdidos
bajo una luz efímera.

El fuego infantil, recién nacido del deseo,
no,
los cuerpos esperaron un florecer maduro
entre las raíces de un árbol legendario.

Yo fui ventrílocuo para acercarme a tu silencio,
dije palabras inventadas que tú reconociste,
el imán de dos corazones extraños
nos pobló en las madrugadas locas,
algo encendía el neón del tiempo
en viajes desconocidos
bajo nubes de plata.

Descubrimos el latido del mar,
todo rumor y canto más allá del haz que un faro extiende;
al darnos la espalda, sin vernos,
encontrábamos la misma luz,
el pensamiento fértil ante los ojos,
compartido igual que un renacer
de muñecas rotas.

¿Qué palabra tuya fue un narciso que mudó mi ojal
en una pérgola de ámbar
bajo las pestañas dulces de tu aliento?

Conocimos a la vez el osario y su sombra,
en los violines un mudo eclipse tarareaba los nombres del hijo
y sus lágrimas verdes, en la cordillera del futuro un telar,
un bordado de jardines de agua,
vivía,
mudaba,
intuía el devenir antes de la semilla roja.

De todos los rostros que guardo de ti
solo uno existe, no es el óvalo perfecto del resplandor,
no es la risa en la noche que ilumina el leve manto de la piel,
es tu tez mojada por los años
que se acerca a mí como un pájaro al nido
que aún sigue en pie para acogerle.


miércoles, 5 de mayo de 2021

Retrato de mi ciudad

 Es todo aire, un sonámbulo ejército de ráfagas pobladas de espuma,
es una latitud septentrional de inviernos azules,
es la caracola dormida en el fondo de un mar alegre,
es una cordillera fina como un mango de ingrávidas estrellas
que brotan.

La plaza de árboles inversos
ríe al ver la lluvia arrastrarse hasta el cauce de sus raíces,
azotada por un aliento que el faro ilumina con haces de crisol
y luciérnagas varadas en la noche.

Qué edificios se desnudan para mí,
en qué calles un himno me busca con alfombras blancas
para que pises el rubor y la mandrágora vieja de las esquinas.

Ven al castillo olvidado, a la iglesia sin mapas, al corazón de la deidad
ahora que el musgo viste la piedra sonrosada,
después del soliloquio de los abades,
en un coro de aullidos bajo la marquesina de una parada de autobús
que resplandece entre la lluvia y el rocío de los ángeles.

Mis pasos hacia el remanso del agua, botas que pisan la arena en paseos umbríos,
olor a algas tempranas, episodios de madrugada con el sabor del coco en los labios
y mi mansedumbre o mi esperanza vagando bajo el frío,
en la soledad que los pájaros respetan.

Y la memoria en los cristales, amapolas en las vidrieras para que el reflejo sea rojo,
y cañones tapados, óxido en un parque donde murió la bandera de otro país,
perfumes de rododendro, de laurel, de pámpanos caducos.

En mis ojos la roca, ya besada por el mar, un cuadrángulo de metales olvidados,
fósiles de oro y de plata, la prisión donde la sal se encumbra
sobre los grilletes de la ventisca.

Ya ves que los hilos de esta ciudad se rompen como hielo antiguo,
sabes que de tu portal al mío hay insomnios,
sabes que te conocí en el mañana cuando ya no eras sol,
aunque aún alumbraba, incesante, tu belleza entre los jacintos muertos.

martes, 4 de mayo de 2021

Notas

Algunas veces los pájaros no regresan.

Les puede su orilla,
la elipse
o los dormidos acentos del adiós.

Así, el eje de los días
cuando la telaraña del suceso se enhebra
con la metamorfosis
y un osario de luz no interrumpe
la gloria del devenir.

¡En los juegos, en los juegos,
el aprendizaje de la caricia!

Después, el revólver ejerce sus preguntas
y empieza el látigo del soy o no soy
a escribir su laberinto.

En fin
no pretendo ser un viento inalcanzable,
solo la ola gris que enternece
el sombrío gesto de la luna
-su cicatriz de niebla en la medianoche-.

Hay sonidos que se reflejan en los toboganes,
su luz decae rápida
como un asteroide.

Si los ojos grises han llorado
será por la ubicuidad sin esperanza
(una abreviatura de guirnaldas
sin conocer la flor marchita que llueve)
o por las dudas que anticiparon la edad sin fósiles
o algún delirio en el maquillaje del hoy.

Guardo en la garganta los anteojos de la lucidez,
por eso escribo estas notas sin nombre
que llegaran hasta ti
como un dedo que acusa
o un temblor que oscurece.