Transcurrirá la divina luz
que cruza el incendio de la lluvia,
pronto el
halo del ángel, la virtud que enciende poemas
de blancor
en la noche, la serpentina que brota de los alfeizares
como hebra
de liana, como rizo que en el aire ejerce su matriz
de columpio
rozará mis cabellos aún de infancia y vendré
al
solsticio que en tu vestido clama por un pájaro de alas rotas.
Cálido tu
transcurrir de reverbero, tu baile de locura junto al aljibe,
tu largo
dominio donde brillan las diademas de las vírgenes,
el canal
por el que viaja el adiós de un futuro estéril,
los
arpegios que nacen de las sombras sin que nadie pueda
descubrir
la morada del canto, el colibrí que azuza a la flor,
el sonido
de una fuente en las islas del sueño, el brutal
eclipse
donde lo oscuro yace como un presagio, el jardín
que
proclama ser raíz de estío sin el cauce que un día colmó
la nieve de
una primavera que se llevó en silencio tu nombre y el mío.