¿A dónde me llevas padre en
lo más profundo de la noche?
Ulula el
búho, la sierpe escondida observa el paso
que asola
mi virtud, la luna juega a ser luna
en el cielo
oscurecido, casi desnudo, padre,
tu espalda
encorvada que ansío abrazar.
Ya tus ojos
niegan mis ojos y en tu tez el viento forma ríos de dolor,
cuál es mi
destino padre, tú que adoras al Dios todopoderoso,
que le
sirves con la fidelidad de un alma dócil,
que cumplirás el sacrificio para que nuestro pueblo
tenga un
hogar, un destino
y una fe
eterna.
Adónde te
diriges, padre, aquí hay solo pedregal,
ninguna
fuente, ninguna higuera o árbol, solo matojos,
arbustos
secos, aras que llevan mi nombre.
Por qué me
sujetas ahora padre con tus fuertes brazos
y por qué brilla en la noche el haz de un cuchillo.
Cuando ya
el filo roza mi carne, un parpadeo de luz,
un ángel
divino detiene tu acto brutal, es la palabra de Dios
la que en
boca del enviado te indica el nuevo sacrificio.
El cordero
espera ajeno a su suerte, ya la sangre que brota
no es mi
sangre cuando penetra en el corazón más tierno tu daga,
por fin
ríes, padre, me abrazas, me besas, me pides perdón
y soy yo
quien por ti llora,
querido
padre
mío.