Porque el cuerpo sabe que no es roca ni levedad,
porque asume la razón de que al vivir recibe en sí
el regalo de la luz, porque siente en su piel la caricia del sol,
en los ojos los matices del color, en la boca la textura de lo dulce,
el aire perfumado, la armonía de los sonidos que llegan
como oleaje a su conciencia de ser, porque la vida
es un don, y así se ofrece a él la carne, desnuda y libre,
como un pájaro que ha descubierto por fin el amor.