Nace en ti la palabra sin el peso que corrompe el sentir.
Toda tú cristal puro que en tu desnudez muestras la virginidad
de un corazón que sufre ante el dolor mío.
Tu índice vaga por mi rostro, en la comisura de tu boca
hay cisnes blancos, en los iris el agua de una lágrima vela el azul.
Jamás hieren tus verdades porque en el ventanal de la inocencia
no hay espadas de luz sino una sombra que cobija el ardor mi duelo.
Juegas con las flores de un jardín que nunca está mustio.
Sonríes igual que una niña aunque los años
ya dibujan ríos secos en tu piel.
Eres un soplo de aire tibio que refresca la noche
en que antes de conocerte yo vivía.