jueves, 25 de junio de 2026

Al llegar el día

 

Se fue.


Sin más.


Ni una nota,

ni un aviso,

ni una despedida.


Nada.


Era 

la noche.

Te busco en mi memoria

 

Nunca te vi con las flores del alba,

ni en el episodio de la luz un velo de niña acogió tu hambre virgen,

solo fuiste lluvia sobre el horizonte de las amapolas,

un leve eco que rocía la ternura de la tarde,

un silbido frágil sin la plenitud del relámpago,

el oro sin la mitad del brillo en los cabellos que te pueblan.


Así en el tobogán gris que desliza su curva por los misterios del aire

vagas entre el azul y el fulgor que anuncia los encendidos meteoros

de una pasión antigua.


Qué púlpito nombró tu metamorfosis de duende,

en qué noche los filamentos de la luz brotaron de tus ojos para iluminar

el paraíso desnudo de tu carne.


Hoy crepitan las lilas en lo hondo del corazón,

la edad ha dibujado en tu piel dentelladas de silencio

y ya no eres la sinrazón que quebraba los horóscopos

donde yacían nuestros signos como árboles de un mismo jardín.


De pronto has vuelto a las esquinas, al frío, al portal oscuro

que guardaba tu sombra, a veces la luna sonríe en el marfil

de tus molares, otras veces la cruz delgada del olvido

pesa en tu corazón de infancia, entonces sueño con lo imposible,

el reloj se detiene y te busco en mi memoria

donde has anclado tu raíz eterna

entre los besos huidos

y la palabra que yace muda

en lo hondo de mi ser.





















martes, 23 de junio de 2026

La gota de tinta

 

Como animal vivo se ramifica, extiende rayos negros

igual que una estrella en el firmamento del folio,

de pronto líneas en horizontal, en vertical, angulares

juegan hasta desprenderse unas de otras como gotas

de mercurio, y al fin se unen, se asocian en letras,

crean mundos, belleza, un nuevo orden que antes no

existía y he aquí cómo de la nada brota el poema.

lunes, 22 de junio de 2026

Impertinencias

 

Oír voces sin que nadie esté contigo, ser lo imposible,

un pájaro-pez, o una nube de cristal, temblar ante la imagen

que devuelve el espejo roto, no tener nombre ni pasado,

existir como el rocío que muere con el sol del invierno.

Medea

 

¿Acaso recibiste de Helios la pasión pura,

provista de luz cegadora?


Tu fama de hechicera sirvió a tu amante

para rendir al dragón que guardaba el vellocino de oro.


¿Por qué tu ingenio, tus ritos, tus pócimas no te revelaron

la traición futura de aquel que usó tan arteramente

tus dones para sus propios fines?


Medea, la salvaje, la que obra sin temor,

la que hace del hechizo un arma triunfal,

la que no pudo soportar el engaño de aquel

por el que dejó atrás todo: su país, su familia, su honor…


Hoy te recuerdan por el suceso más cruel,

la muerte de tus hijos, la venganza contra Jasón

y contra el destino que no te permitió ser feliz.


Con el estigma en la frente vagarás

como proscrita en busca de olvido.


Tú, que hiciste del dolor una bandera

y de la pasión el fuego voraz 

que destruye

la raíz de la inocencia.











sábado, 20 de junio de 2026

Prefiero equivocarme

 

Si yo persigo la luz dentro del túnel,

si la duda me hiere más que el error,

si desconozco qué hay detrás de un interrogante

y todavía confío en mi suerte, si no busco morir

en la ignorancia y hago del acierto o de la equivocación

una verdad con la que no sé si ganaré o perderé la partida;

entonces yo apostaré todo por mis sueños, quizá

así se cumplan y, si no, siempre me quedará

el orgullo de haberlo intentado.

viernes, 19 de junio de 2026

Vivir lo vivido

Un patio que es piel negra.

La luz envuelve tu pañuelo,
tu sombra y tu hombro liso.

Parpadea el músculo de la araña en el bies de la moldura,
como un vórtice ensimismado
mi habitación regresa al pliegue
sabe
que la dimensión desconocida es un reflejo de la luna.

El hombre calvo guarda un nido en la fotografía azul,
sospecho que los lirios no viven en fraguas de alambre,
al contrario, sus pólenes agitan la niñez
con el candor altivo de las mariposas.

Ahora solo hay una brasa,
redonda, mineral,
en el cigarrillo,
faro en la penumbra
que tú,
mi diosa,
acomodas al índice,
bajo la sonrisa torpe del anular enhiesto.

La lámpara cobriza, bruñida,
latente como un reloj roto, la araña de cristal
que no es un sol, que ironiza con su haz,
tímido,
insomne,
surreal
como la memoria de un astro en tu sien.

Si supieras que mil gusanos se arrastran ajenos a la nieve,
si conocieras la esfinge que late entre mis ojos,
si, al fin, la lluvia, rosa de agua, bautizara el perfil del dragón,
si esquifes en un mar violento amanecieran en tu iris,

si el saber que te has ido nombrara mi rostro con sílabas mudas,
entonces
no quedaría más que una máscara
en los metros cuadrados que somos,
después de vivir lo vivido,
después de morir en lo no muerto.