viernes, 16 de octubre de 2026

Mis vidas no vividas

 

Solo fuisteis semilla de algo que nació breve

como un suspiro en la respiración labrada

por las huellas de la ortodoxia.


En vosotras no hubo raíz, ningún florecer en el horizonte

que asomó sin pausa bajo la luz débil de un crepúsculo en sombra.


Tal vez embrión de una vía por trazar en las líneas fantasmales

que recorrieron como relámpagos las cenizas de lo no sido.


Tal vez las caras imposibles de un hexágono que brilló en mí

para sepultar luego con el matiz de la ausencia

los colores de una primavera que brotó en el azul

como un rayo que fingiese luz.


Dónde estáis sino en la fábula y en el edén

de lo que la imaginación propuso, dónde

vuestro candil de leve haz que no encendió el crisol

de la improbable vida, dónde el sueño de recorrer el vacío

para llenarlo de otra verdad que desafíe a la memoria yacente.

Luz

 

Proclamas sin pudor los vítores de la resurrección

sobre la piel del día, no suenan campanas de duelo

en tu silencio fugaz, eres la alegría que en el aire

forma manantiales que ríen, eres el alma de un sol

que vaga indómito y oculta la fiebre de mis ojos,

en ti el paisaje es aliento y virtud, en ti las nubes

se amansan como fieles latidos de un corazón

en marcha, llegas a tu hora y a tu hora te alejas

para que también viva la noche, en mi ventana

eres arco iris de un único color donde todos

los colores se juntan, sin la transparencia

de tu sangre en mis venas, nada existiría.​

miércoles, 14 de octubre de 2026

Mi visita al poeta

 

Yo, el navegante, surco el hilo cósmico que conduce a tu casa.


Me recibirás con el cáliz del bardo y la voz noble del amigo,

en tu hogar de marfil y oro las cenizas son luz de poesía,

alfombras de Birmania en el suelo de haya,

oraciones que cubren el organdí floreado,

la cómoda que labraste con cien rostros de ninfa,

el atril sostiene las alas abiertas de un poemario en ascuas.


La nobleza del incienso se posa en los caireles como un rocío de santidad,

y tú detrás del óbolo recibes a una sombra carmesí, la música endulza

tu clarividencia cuando hablas y suenan inútiles los címbalos, las chirimías,

el gong, la flauta, los instrumentos de cuerda en un crisol de ángeles.


Y yo con mi arbitrio, mis tópicos de nieve en tu árida mansión,

mis largos cabellos enredándose en tu alquimia de frases dulces

como jugo de un néctar sin raíz.


Te fumas de pronto la quietud con el papel del ensueño en las pupilas,

viertes almendras bajo el sofá clandestino, sorbes el líquido

vertebrado de una ilusión que expandes luego en el carril de mi boca

con la sapiencia del ilustre.


Te escucho enlazar la cordillera de la rima con la flor del éxtasis,

y en la estrofa late un tigre de cal verde, se columpia tu cadencia

entre árboles sin ramas, mientras yo repito como un eco febril

la bondad de la palabra que ríe, el rumor de agua nueva del verso,

la caricia de los labios abriéndose al sol del poema

como un túnel se abre a la luz después de haber sido noche.



martes, 13 de octubre de 2026

Las miradas

 

Ay! las miradas qué traidoras son.


El enésimo encuentro

-en un tren casi vacío-

y al fin yo que te hablo.


Juntos a la salida de la estación, juntos después tomando

lo que fuese en un bar(ya no lo recuerdo)

-y palabras, muchas, muchas palabras-.


Al día siguiente quedamos a las ocho,

sí pero por tu parte para poner una excusa,

es que no me acordaba de que…


Otro día nos encontramos- ¿casualmente?-,

en esta ocasión ibas tú sola

-y no acompañada como

solía ocurrir-.


Escribes tu número de teléfono en mi mano izquierda

para que al marcar conteste tu hermana(supongo)

-tras decir yo a su pregunta de parte de quién,

de “un amigo”- que en ese momento no estás...


Ay! el amor qué traidor es si no hay correspondencia.


Ahora, transcurrido el tiempo, las miradas huyen

y son mas verdad que entonces(al menos las tuyas).


Ya no somos los mismos ni por dentro ni por fuera

(la vejez nos redime de los pecados de juventud).


Que te vaya bien, o no,

ya que ahora, por fin,

me es indiferente.





lunes, 12 de octubre de 2026

De ayer a hoy

 

Los dos amábamos la lluvia al amanecer,

los trenes fugaces, las canciones tristes,

a menudo callabas y en tu silencio yo

veía relámpagos sin cielo, gacelas al alba,

témpanos que morían al sol de noviembre.


Los dos éramos satélites en idéntica órbita

alrededor de una estrella llamada sueño,

flores de un jardín que creció en la nieve

de los propósitos comunes, y ahora qué, me

preguntarás, y yo te diré que ahora somos nada.

domingo, 11 de octubre de 2026

El espectador

 

En el aire hay palomas de fuego, humo de metralla,

gritos en la espuma de las olas, la voz imperial

junto a la saliva del horror amenaza al débil

con el índice del pánico enhiesto a la espera

de un botón que aniquile la luz.


En las dunas de las playas crecen árboles de espanto

de tronco infantil, dan frutos de piel ocre, en sus ojos

el temor, en la desnudez del cuerpo el estigma

imborrable de su origen.


La hambruna esculpe esqueletos sin la piel oronda del rico,

calaveras como flores del mal en la planicie de ese continente

llamado África surgen del dolor bajo el azul tan puro

de la indiferencia omnívora.


Sonríe a la urna donde yacen los pájaros muertos del silencio,

y después vive en tu isla que es red o jaula, allí nadas,

con un flotador burgués de bonitos colores cerca de la arena,

a salvo-o eso crees- de las olas que ensucian el mundo.


viernes, 9 de octubre de 2026

El tapiz que bordé

 

Desde que vi la luz, sin ninguna conciencia, hilé

con torpes dedos el tapiz que hoy conforma mi vida;

la tela desnuda, en blancor virgen, recibió la primigenia

puntada, irregular como de ojo ciego, frágil como

camino de agua, aún estéril en su transcurrir de río

imberbe, sin color todavía, sin la claridad de un dibujo,

un mapa, un paisaje o un símbolo que describieran

mis actos, mis hechos en sucesión, mis ansias infantiles,

con flores bordadas, arabescos y filigranas, geometrías

del azar, urdimbre única del lino que en el bastidor

va creciendo igual que crecen las amapolas en un campo

salvaje; allí la andadura inicial del ser, los juegos del niño,

la febril juventud, la madurez y sus cargas, el rostro mío

siempre en su faz, devorado por la textura del tiempo,

escenas que no volverán, recorrido de un hombre a través

del mar de la vida hasta el confín último de una muerte

que asoma ya entre las nubes que todavía ocultan el ocaso.