Del rectángulo enhiesto brota la serpentina del humo,
el aire la mueve caprichoso en danza gris sobre los tejados
que unen a su vez sus largos hilos semejantes a un tapiz
volátil bajo el cielo nuboso de octubre.
Así en ascuas se derrama el candor del hogar, así el fogón
dibuja briznas en la corriente del frío que equivoca
a los pájaros con su culebreo que en la noche deja
un rastro moribundo de frágil luz que agoniza.