martes, 28 de julio de 2026

Amor tibio

 

Tu dedo pulgar

cubre la luna llena.


Mis ojos solo ven un halo de claridad

en el contorno de tus dos falanges.


Así es tu amor

como un eclipse

que ensombrece

la más

clara

luz.


lunes, 27 de julio de 2026

Lo que no hice

 

Aún espera, como un remanso, que agite el agua. Y me dice, ven, porque es semilla que no floreció. Y me dice todavía puedes, estoy aquí, a tu sombra, en el lado oscuro, en la fantasía, en el sueño, en el otro yo que te invita a ser. En la cruz de la memoria solo existe lo ido, no la fugaz idea evanescente, sí la vivencia, las huellas que un día yo marqué en la piel del tiempo. En cada segundo hay una elección implícita que abandona a su suerte no nacida el caudal invisible que se verterá en otro río, por eso mi sangre lleva en su interior la cicatriz de lo que hice, indeleble como un fósil en el mar de los latidos.


domingo, 26 de julio de 2026

La alegría

 

La llamo siempre pero es caprichosa,

se presenta sin avisar con ese rostro infantil

y ese cuerpo que baila en medio de las sombras

para que brote en mí la paz que el corazón festeja

con latidos que galopan sin pudor entre la espesura

de la sangre dolida.


Los lobos del desencanto la acechan, los tristes días

son un ejército que sitia su canto, pero que no consigue apagar

la música que surge de lo hondo y que acompaña al festival de la luz.


Así llega y así se va, en un estallido agota sus fuerzas

como fuegos artificiales en la plenitud de la noche;

y después, se oculta.




sábado, 25 de julio de 2026

Ciudad de invierno que habitas el cauce de mis venas

 

De pronto amaneces sol, con la luz tan clara del verano

y yo pienso que no eres tú, bajo mis párpados sigues gris,

derramada en lluvia, con el hastío secular que en los edificios

se transforma en metáforas de nieve, con el frío húmedo

que en mi carne aterida deja constelaciones azules como

ramificaciones de un manantial que transita por los recovecos

más íntimos de mi ser creando surcos de paredes mudas,

sin una voz que responda a su fluir de agua casi retenida

por el cauce que se multiplica en frágiles cristales de hielo,

flores de escarcha que decoran el líquido paso, ya no es rojo

el frenesí sanguíneo, un haz de blancura surge de mis venas

abiertas a la luz donde habitas tú en la espiral de un invierno

que no consiente que llegue a mí el sol amarillo del estío.


viernes, 24 de julio de 2026

Hermana melancolía

 

Hablas tan lento, gimes, susurras, a menudo te retiras

si la alegría llega con las voces del éxtasis en corro

festivo, y eres lágrima y eres la flor de una tristeza

que viste tus horas con pétalos caídos junto al árbol

que regaste con los sueños más caducos, recurres sin 

fin al pasado como quien visita la vieja casa de la infancia,

piensas en los amores idos, en las personas que ya no están

y que tanto has querido, no ves en el futuro un horizonte

en el que el color resplandezca con la luz que emana

de una juventud ya marchita, tu raíz es oscura y tiñe

de silencio los días, para ti vivir no es un don sino una

carga que hay que llevar con la dignidad propia del 

que fue derrotado por la sed inclemente de la fiel tristeza.


jueves, 23 de julio de 2026

De nombre, Narciso

 

Parecen citas, pero no lo son.


Esperando en la tienda por el pan,

igual que tú.


En el vagón de metro,

a la una de la mañana,

nosotros dos solos.


Aquella película de Kieslowski,

sesión de las cuatro,

en los cines Tom y Jerry,

el único perfil de la sala

que entreví era el tuyo.


En el pub “El tranvía” tú también tomabas Tío Pepe.


Es indudable hay muchas cosas que nos unen.


Y hasta es posible que nos gustemos.


Te lo digo ahora que hablo contigo

y el espejo

no contesta.


La escalera

 

Nunca conté tus peldaños hasta la puerta de casa.


Te veía serpiente de recodos oscuros, laberinto

que inclina su pedestal sobre cuatro pisos

de los que solo uno es mi hogar.


Un eco me persigue si desciendo con pisadas impares

los escalones que forman tu espalda.


Nunca me cruzo con nadie, nunca llamo

a las otras puertas de ennegrecida madera.


Eres un río por el que circula mi cuerpo como un galeón furtivo,

eres mi confidente porque en los momentos de soledad

te muestras receptiva igual que una madre amorosa.


Al hollar tu piel busco mis pisadas más jóvenes entre tus losas

que ya no son niñas.


Son la cicatriz que perdura abierta para que yo encuentre

el mapa que me permita subir a lo alto, hasta tu cielo inmortal.