domingo, 9 de agosto de 2026

El beso

 

Bebí en el cielo de tu boca,

por un instante me iluminó tu sol,

después llegó la noche

y duró para siempre.


sábado, 8 de agosto de 2026

Engañándome

 

Por un casual descubrí

ya divorciados

que eras celíaca

un día que coincidimos en una terraza

cuando finalizaba agosto

-en la etiqueta de tu bebida ponía “sin gluten”-.


Ahora entiendo tu repentino desdén

por el pan caliente, recién horneado,

que con mucho amor,

untado de mermelada de arándanos,

te servía a diario

durante el desayuno.


Tú entonces ignorabas que eras celíaca,

pero no lo ignoraba el destino.


Siempre me pregunté por la razón de que me pidieras separarnos.


Es posible que en el pan recién horneado

untado con mermelada de arándanos,

que con amor te servía a diario,

esté la respuesta.


O puede que tan solo

te valiera

de excusa.

Cara desamor, cruz amor

 

Hay perfiles altivos

como de moneda

que duran

lo que dura

una vida.



Así el tuyo, bajo la parra

de un café lleno de gente.


El giro de tus muñecas al hablar,

en la piel un río de estrías

que los años dibujan ya

en tu rostro.


La forma en que recoges tu cabello

todavía es el de la joven rebelde

que amaba ser libre.


Aviso al camarero y en las monedas te veo a ti.


Descubro entonces que yo soy la cruz

y tú la cara de aquella moneda

con la que un día,

ya lejano,

me ganaste

la partida.


viernes, 7 de agosto de 2026

Cruce de sombras

 

Que nos retenga el semáforo

da tiempo para vernos de frente.


Es incómodo ya lo sé

contemplarse

con los ojos

del pasado.


Pero piensa que la juventud se ha ido

y que es inútil

la nostalgia.


Al cruzarnos

desviamos la mirada

para no herirnos.


jueves, 6 de agosto de 2026

Los sueños

 

En la encendida risa de vuestros labios infantiles

se transparenta el fulgor mágico de los cuerpos celestes,

porque brilláis en las sombras de la edad

y sois como ángeles que prometen islas de cristal

que vagan por los océanos de la tristeza.


Bien sé que carecéis de materia y que confundís los colores

para que no parezca real lo que en el interior de los ojos se exhibe

como una premonición que jamás se cumplirá;

en mis párpados de somnolencia sembráis los días

con imágenes que viví o no viví, con deseos inconfesables,

con dulces ejércitos que atenúan el rigor ambiguo de las pesadillas,

me regaláis encuentros con mi yo perdido donde aún reviven

las escenas de la infancia, los actos de amor en plenitud,

los viajes que en la memoria son luz de postal sin sombras.


Y en la vigilia hacéis que lo invisible crezca como un árbol

en el bosque de la paz, como una flor en el jardín

que añora los paraísos del edén, como un pájaro que desde las alturas

divisa lo nunca visto: los ríos en la piel del tiempo,

las montañas que el azar columpia sobre los cielos púrpura,

los valles fértiles de lo no sucedido,

los océanos donde habitan las caracolas de la fantasía,

el oasis en el que solo podré vivir si me arropáis como a un niño

que os espera en cada pliegue de sus párpados caídos.


miércoles, 5 de agosto de 2026

Metamorfosis de mi sombra

 

Por más que mire en lo hondo del espejo

no volverá el que fui; no hay huella ni rastro

en la piel del azogue; incluso mi sombra está

cambiando, curvándose ya como la flor que un día,

no tan remoto, caerá en el olvido que precede a la nada.



La soledad del amor


Mi sol, mi saxo de infinitos alambres,
la duda de mi luz, el cofre de un corsario.

Tantas son las huellas de la calígine,
la temprana anémona de las águilas
cuando el rastro de una caricia pervive
como dúctil fruto o corazón que vaga.

La lentitud de las sombras arropa el cenáculo de la fe
cuando miro los collares de la edad, circunloquios de una prisión
ambigua con su astucia demacrada y ese relucir
de objetos sin nombre en el quimérico desnudo
que ha robado sus lindes al invierno.

Solo hay un cuerpo y cien mil latidos,
solo la hermosura de lo perdido deja
un corazón palpitando en la tiniebla de Orfeo.

Volverás, volveré al maquillaje abstracto
de una ventana que ya es ojo o penuria
o trasluz.

¡Si entendiera el por qué ha llovido tu carne en mi frente
sin declarar el aullido, o morir como muere el dolor
bajo la inocencia del azul!

Ha sido mi insomnio una estratagema, aún recuerdo el prisma
que un pómulo herido dibujó en mi faz.

Quizá la nada de la nada me acogió entonces
con su sábana perfecta y su canción de soliloquio.

No sé, pasaron los años con la ambivalencia de un pájaro sin patria,
y mi reloj incansable fue estatua o mirador de un tiempo de abriles
que ha formado al fin guedejas de nieve.

¿Reconoceré algún día aquel gesto que busca mi perfil
en un espejo noble, la caridad de un sol?

No diré que mi juventud haya sido sin más un rostro imberbe,
han florecido pétalos en la luna, neones de sal
o la ternura del niño que crece más allá de los sueños.

Y, sin embargo, todavía hoy la flor de la memoria me viste
con sus alas de ángel rubio, de ruiseñor que en su delirio
confunde lo innombrable con la lujuria que provoca una piel florecida.

Demasiados son los pasos entre la niebla de mi sendero gris.

¿Cuál ha sido su raíz?¿Cuál la oscura quietud de un hogar
donde ya no resplandece la palabra?