Ansía el gris un orden que no imponga su color
de ceniza en los intersticios de la piedra, y es que
hoy cuando los murciélagos llaman a la claridad
tu sombra viaja en mí como un latido de nieve
en el ardor del alba, ayer eras azul de mar, espuma
que rompe en el dique de la ausencia con sortilegios
efervescentes que en mis labios dejan estigmas de sal,
mutas según los oráculos del estío como un presagio
de arco iris, así engañas a la lluvia con la luz más pura
enredándose en los hilos que destellan, en el pálpito
sin materia de un reflejo hostil que en la latitud de mis ojos
se desvanece bajo el impulso de esta noche que agoniza.