jueves, 23 de julio de 2026

De nombre, Narciso

 

Parecen citas, pero no lo son.


Esperando en la tienda por el pan,

igual que tú.


En el vagón de metro,

a la una de la mañana,

nosotros dos solos.


Aquella película de Kieslowski,

sesión de las cuatro,

en los cines Tom y Jerry,

el único perfil de la sala

que entreví era el tuyo.


En el pub “El tranvía” tú también tomabas Tío Pepe.


Es indudable hay muchas cosas que nos unen.


Y hasta es posible que nos gustemos.


Te lo digo ahora que hablo contigo

y el espejo

no contesta.


La escalera

 

Nunca conté tus peldaños hasta la puerta de casa.


Te veía serpiente de recodos oscuros, laberinto

que inclina su pedestal sobre cuatro pisos

de los que solo uno es mi hogar.


Un eco me persigue si desciendo con pisadas impares

los escalones que forman tu espalda.


Nunca me cruzo con nadie, nunca llamo

a las otras puertas de ennegrecida madera.


Eres un río por el que circula mi cuerpo como un galeón furtivo,

eres mi confidente porque en los momentos de soledad

te muestras receptiva igual que una madre amorosa.


Al hollar tu piel busco mis pisadas más jóvenes entre tus losas

que ya no son niñas.


Son la cicatriz que perdura abierta para que yo encuentre

el mapa que me permita subir a lo alto, hasta tu cielo inmortal.

martes, 21 de julio de 2026

Recuerdo familiar

 

En tu vientre mi piel torna a ser niña, un balón

rueda por el largo pasillo, cruza el umbral donde

cantan los pájaros de la infancia, da en la pared

con el estruendo vivaz de la celebración en mi voz

todavía sin la grave nota que la edad pondrá a los tonos

mas dulces, el aroma de la merienda que espera

sobre el aparador, una pausa, y la inocencia que

acompaña la risa de los niños camino del salón.

lunes, 20 de julio de 2026

Sigues esperando la lluvia

 

Y si vuelve a la memoria toda la sed perdida

qué parpadeo dejará en mi nombre aquella luz

que retorna a las calles de nuevo vivas.


Luce la lluvia sus flecos que lavan la sombría piedad del granito;

voy adonde la música inventa círculos, al ágora que bendice

las palabras que nos dijimos tras el cruel insomnio.


Aquella noche fue una isla sin el océano que aleja los cuerpos

como ramales de un árbol que perece bajo la sola luz

del candil que yace en un rincón sin ningún ojo

que reciba ya su artificial cabellera de ámbar.


Te ves en los charcos con la faz que huye igual que una risa

entre los ecos de la penumbra, piensas que hubo playas

con olas de satén en tus orillas de sal virgen.


Das testimonio de un farol sin la llama de los leones

en las hebras caoba que de pronto encanecen como flores de metal.


Y sigues esperando la lluvia bajo los pórticos del azar

con tus alas verdes, en los pómulos el hambre del futuro,

en los dedos las sortijas de cristal roto, en tu espalda

las agujas que indican la dirección a la que te conduce el olvido.

Nadadora

Siempre pensé que en tu espalda morirían olas.

Acostúmbrame al insomnio de una luz ambigua,
y a los grandes carteles, porque mi delirio es una autopista
que recorre esquinas, y ama el verde imaginado de los cielos.

Mientras tu sonrisa trataba de esconder el pliegue de tus senos
-la gruta de un sueño-, aquel mito(pues era un mito el acantilado
blanco en la memoria)volvía a pegarse a tus arenas,
y fue como regresar a tu cuerpo sin heridas
verte a contraluz, en el océano manso
nadar sobre espejos.

domingo, 19 de julio de 2026

Lo que sucede

 

Fruto de las horas lo que sucede llega

sin la memoria vivida, y es el renuevo

una semilla que vio la luz y al instante

descubre la sombra que oculta su efímero

existir, sin previsión el azar nos viste

con galas de sueño, sin demora los círculos

se superponen para cesar en la orilla su tránsito fugaz; 

nos defrauda el color que preveíamos completamente 

azul, y es también rojo como el día que nace al alba 

y concluirá con el ocaso que precede a la noche.

sábado, 18 de julio de 2026

Verano

 

Ahora descríbeme cómo incendia la luz el paisaje,

el calor y el color son uno, barcos en el horizonte

de un mar azul y gris, el sol descubre el nido de la piel

en la humana pasión de mostrar los cuerpos al frenesí

de la vida, zumban los mosquitos al atardecer,

la tarde no termina de morir, ni el frío forma ya

flores de hielo en los caños de las fuentes.