martes, 7 de julio de 2026

Corazón de ceniza

 

Porque existió en la llama toda la fiebre de la lucidez,

porque un crepitar de leños fue la música que acompañó

tus días, porque de la yesca del deseo brotó un ángel de luz,

porque al calor de las ascuas el frío es tan solo una palabra

sin voz, porque si ahora yace la ceniza en tu corazón

es porque en su interior una vez hubo fuego y viviste.

lunes, 6 de julio de 2026

Como Kierkeggard

 

En la hendidura el magma de la fe.


Ni catedral insomne

ni gemas en la cruz

ni el blanco del armiño.


Solo la fe como una espada de fuego.


Y el yo que sufre por no ser uno.


Duele el dolor de Dios en mí.

domingo, 5 de julio de 2026

Mujer sin tiempo

 

Antigua vas con la camelia bordada y en el canesú

ribetes de olvido, así con el frío de lo que fue un árbol

de cabellos rojos, con el perfume del ángel en las axilas

y en la frágil espalda una cicatriz de la que aún manan

los sueños persigues la bruma en el bosque de un cuadro

como ninfa inmóvil de un verde ya desvaído, te alejas

en mitad de la lluvia con el sombrero del azar que corona

el enjambre de tus bucles, casi levitas sobre la luz que te lleva

hacia un confín ignoto, y en la anacronía descubro que nunca

fuiste tú tan real como ahora en que ya no estás y te has ido.

A la isla de Tenerife

 

Ni barco ni luna, espigón que clava en el azul

su esqueleto, solo orilla que recorta su faz

en la piel del océano, símil de efervescencia

tu nido de volcán ya todo ceniza, en ti llueven

las flores del drago, en ti el acento dulce

y la piel oscura del guanche, en ti el sol

de África y los jardines del trópico

que coronan la infinitud de tu alma.

sábado, 4 de julio de 2026

El alquimista

 

Años tardó en encontrarla.


Filtró humores, desechó la pena,

quince semillas del verbo jugar,

trece gotas de picardía.


Al final añadió

las cuatro sílabas

de la palabra

inocencia.


Como si fuera el mayor de los triunfos

gritó su nombre:

¡la risa!



viernes, 3 de julio de 2026

En mi habitación

 

Vino y tocó en mi ventana.


Creí que eras tú, requiriéndome.


Su rítmica insistencia

la pensé como un ardid de amor.


Me equivoqué,

pues no eras tú

era el viento traidor

quien

a tales horas

llamaba.


La felicidad

 

No te anunciaste, confundida entre los minutos y yo

no supe descubrir tu luz, es cierto que me diste calma

y que no entendí que eras principio y final a la vez,

es verdad que apareces sin dar noticia de tu llegada

como el tímido aroma de una flor que seduce sin que

nadie contemple la perfecta arquitectura de su fugaz

paso, lo asimilo si te evoco en la memoria como agua

de reloj en la clepsidra que no cesa de manar, allí donde

dejaste una sombra sobrevive en el envés de la luz

el espacio y el tiempo en que fuiste la huella mas

brillante que continúa viva en lo profundo de mi ser.