En lo sinuoso y en el atrevimiento se mide el temple
de la incertidumbre; nunca sabrás de la sílaba donde
crecen los istmos del frenesí, tampoco de la savia
que en el corazón del árbol fluye como sangre de abril;
de las horas únicamente podrás interpretar la sinergia
del eco, de mi piel en la que tatué la sonrisa de tu nombre
no habrá rastro en el frío silencio con que vistes tu desliz
de sirena ausente, y vendrá la lluvia a romper el delirio
de la sequedad, y por fin bajo la bruma donde la ciudad
ya no descubre los pasos de tu ausencia ningún vestigio,
ni raíz que florece adornará el sendero de las lilas que plantó
mi ansia para que el turbio ángel que te excusa no dejara
un nimbo de piedad en el triste destino de las hojas
que caen sin el falso púrpura del rubor en mis mejillas
para así atardecer junto a la sombra que dejó el ágil
devenir de un agua indemne que en el futuro solo será
el cauce seco de un río que se perdió en la noche.