lunes, 11 de mayo de 2026

Más guapo que mi hermano

 

Ya sé.


No me digan más.


Todo es una cuestión de herencia

-esos malditos genes-.


O de azar.


De mi hermano dicen ¡qué guapo!

-su rostro es pura armonía-.


De mí que tengo cara de buena persona

-en versión cubista-.


Daniel, mi hermano, liga mucho,

yo no ligo más que con mujeres

que están tan desesperadas como yo.


Pero un día la fortuna se alió conmigo

y gané treinta millones de euros a la lotería.


Ropa de marca, un chalé junto a la playa,

una mansión con vistas, tres automóviles deportivos,

un yate en Marbella, escapadas a hoteles de cinco estrellas,

comidas en restaurantes de varios tenedores.


Vamos, una vida de lujo.


Ahora las mujeres hablan sin parar de mi irresistible atractivo.


He dejado de tener cara de buena persona

-en versión cubista-.


Ahora me parezco a George Clooney.









































domingo, 10 de mayo de 2026

Un provinciano en la gran ciudad

 

Este tren surca las avenidas del futuro,

llega, arriba a la estación del sueño,

en él los rostros callan, son multitud,

eco de bienvenida a la espesura,

a las calles grises,

al neón que anuncia mil promesas de edén.



Cruzo como en un puente de enero

bajo la lluvia de arco iris

la línea invisible que une el color de los semáforos.


En este río de músculos vencidos por la lentitud

viajo con el horizonte en llamas hacia el corazón de una metrópoli

que recibe a mi perdida adolescencia y envía mensajes al alba

de banderas que el aire mece bajo un cielo de ángeles

aplaudiendo a los círculos del misterio.


Me asomo al laberinto que el azar dibuja

antes de que mis pasos inscriban la huella del nómada

con su telaraña de signos como índices pétreos

en el corredor sin salida de la infatigable noche.



sábado, 9 de mayo de 2026

Canto

 

Asusta la frialdad de la piedra, el gris moteado

que acoge en su vientre el tallo aún tierno de mi ser.


Vendrá el turbio eje con el que giran las mariposas de la luz,

tendré la flor abierta de la vida sobre mis manos

de piel colmada por un agua que es la voz de un futuro imberbe.


Aquí bajo el rectángulo que anuncia letanías,

en habitaciones que son nidos de contemplación hacia un cielo de metal,

con el alba que se desnuda en los patios como una plegaria levemente azul

y el rumor de las calles entre balcones que se besan igual

que pájaros que aman el aire fugaz que une sus designios,

voy al encuentro de la ciudad con el traje triste del silencio

y el ansia infantil del asombro.


Está la alegría de los mercados, el prócer en su pedestal de granito,

el río de color múltiple con el sueño que asoma en las pestañas de la juventud,

la coreografía que despierta al lánguido sol como una herida que busca

el reparo de la dermis alegre, el desnudo de la fontana que ya es canción

que trina por las rúas, entonación que en mí rebosa y canto,

canto como si abril en mi interior también floreciera.



viernes, 8 de mayo de 2026

Las dos caras del espejo

 

Los mitos y los sueños:

el ángel azul, la Arcadia feliz,

Ulises, las sirenas, el Leviatán,

la isla del tesoro y muchos,

muchos

más.


Y aquí, a este lado del espejo,

yo tan real,

tan nadie,

tan nada.

Nieve y alma

 

Lanza su onda de nieve el cielo gris,

no son pétreas las nubes con su aljibe

opaco como un artificio de agua

en la oscuridad del cenit, nieva

en la luz que, poco a poco, enfría

el corazón donde late mi alma.



miércoles, 6 de mayo de 2026

Abel

 

Éramos tan diferentes.


Él rudo,

huraño,

melancólico.


Yo vital,

bondadoso,

un hombre responsable.


De niño Caín me miraba como si tuviera

la espina de los celos hincándose 

en lo mas recóndito 

de su corazón.


Cada uno eligió su tarea,

él cultivar los campos de sol a sol.


Yo pastorear los rebaños desde el amanecer

hasta que el día anunciaba 

la proximidad del crepúsculo.


Dios nos pidió una muestra de amor.


Caín le entregó cien gavillas de trigo

y yo un hermoso carnero.


Le dije: no soy culpable de que Dios eligiera mi presente.


Entonces de su zurrón sacó una quijada,

golpeó y golpeó en mi cabeza

hasta que comprendí que ese era el final

y que a Caín le esperaba algo peor que la muerte,

el juicio de Dios.

Caín

 

Este sol que aturde los sentidos y está sed

que cuartea mis labios y seca mi lengua.


Labro en la plenitud del día y en la sombra de la noche,

el fruto se agosta, el trigo es negro como mi ansia.


Abel ríe mientras su rebaño bebe en el manantial

y come la hierba aún fresca del rocío.


Yo daré a mi dios un resto de la mies,

él le dará el hermoso ejemplar de un carnero joven.


Arrodillado, con la piel ajada lloro ante el desprecio a mi labor,

y crece en mí un fuego omnisciente que busca el rostro hermano

con la rabia invencible que destruye la armonía del bien.


Aún gotea de sangre el instrumento de la maldición

cuando mi dios indaga por la suerte de Abel.


Yo respondo, herido en lo profundo,

soy acaso el guardián de mi hermano.


La ira del creador marca mi frente,

y es entonces que debo vagar incesante por las duras estepas

más allá del edén donde oriente es un páramo infinito.


Y así será para mi estirpe durante toda la eternidad.