En este juego de líneas donde el volumen se adapta
al espacio con la fe antigua de la perfección mi longitud
no reconoce la geometría de los poliedros que limitan
mi existir, vago por los caminos de la luz entre el color
y la densidad, rozo con mis mejillas el aire que busca
lo infinito en el azul del tiempo, me desnudo entre las olas
de un mar invisible porque detrás de mis párpados existen
océanos de nieve sin la espuma ni el coral de los arrecifes
del sur y vuelo con las alas de la fantasía buscando las rosas
que crecen en las nubes como fruto que expande un resplandor
de luna sobre mi faz cansada, y ya no sé si sueño o me vence
la ilusión de abrir esta jaula donde la vida pone un cristal
en mis ojos para que así lo visible se vuelva, sin remedio, cárcel.