sábado, 30 de marzo de 2024

Lugo

 


Coronada por la diadema pétrea de los muros,
con el blasón y el pilum, desde la gloria secular
donde el fortín era de águila y lábaro, hasta la fría
paz de los alféizares, surge la ciudad de fosos
arrumbados y vigas al aire, de torres grises
y salmodia en los reclinatorios de una catedral
sin alharaca, ni pan de oro ni rubís en los mantos
de las vírgenes, el silencio y la evocación de un tedeum
sella las comisuras de los labios, retornan el rumor
de una cohorte en marcha y el miedo al finis terrae
en los ojos de unos équites que desfilan entre vítores,
al son de tubas y timbales bajo palios vermellos.


Lugo: antiguamente Lucus augusti, ciudad de Galicia fundada por los romanos.
Pilum: lanza romana
Águila: símbolo que acompañaba a las legiones.
Lábaro: estandarte romano
Tedeum: canto religioso
Cohorte: una de las formaciones de la infantería romana
Finis terrae: en la actualidad Finisterre lugar al que los romanos consideraron el fin del mundo conocido.
Équites: caballería romana
Tubas y timbales: instrumentos musicales que se usaban en Roma
Vermellos: palabra gallega que significa rojos.

Como la lluvia de abril

Eras de agua y te vestías de bruma

con tus altos pechos manando

como fuentes de lluvia y rocío.


Al llegar la noche el húmedo perfil de tu rostro en los cristales,

contorno frío que se desliza en gotas de escarcha,

moría con la sed de los mirlos

embrujados por la luna de abril.


Y así cautiva del baile de un viento que azota tus caderas

te mueves al azar bajo las nubes que ensombrecen el sol;

y nos dices adiós con los ojos de una niña

que se niega a vivir en los desiertos.

viernes, 29 de marzo de 2024

La materia y los sentidos

 

Toco su textura, no escucho, no oigo, no veo, no me llega

su olor ni he probado su carne dura y firme. Hay palabras

que la nombran, pero los nombres por el aire no se ven,

ni tintinean sus sílabas, ni saben las vocales a dulce ni

huele el silencio de sus letras. En mis ojos las formas

y el color pero están ausentes el sonido de un golpe

en sus entrañas, la lengua sintiendo la aspereza de la piel

de las cosas, el fluido a nada o a barniz o a cal. ¿Quién

memoriza los olores vacíos del mimbre, del algodón,

de la caoba y el acero si nunca son los mismos? Y el

gusto que roe su alma primigenia con ansia de amante,

sin la voz que la nombra bajo el clamor sonoro del viento

entre los pinos, ni el perfume oculto en su invisible raíz

ni la rotunda piel expuesta a la caducidad del tiempo

inexorable. Y cómo nos embarga el vago efluvio del rosal

pero no la vista que se pliega al sentir su frágil aroma,

ni mi índice que no se atreve a alcanzar la flor ni el pétalo,

ni la muda presencia de la espina en su tallo enhiesto,

ni siquiera todo mi ser que recibe agradecido cada

sensación que me posee en los días y en las noches,

en la realidad y en el sueño profundo del vivir.

jueves, 28 de marzo de 2024

Ser de nieve

 

En lo hondo, en lo más hondo de ti

conservas el misterio que da razón a tu vida.


Puede ser el último aliento de un animal herido,

el haz invisible de los músculos por donde circula la sangre del amor,

el corazón y su halo de coros alegres en el silencio de la noche,

la volátil sombra de una reflexión que no dejó huella

en las líneas de un escrito borroso.


O quizá esta ausencia de carne cuando más se escucha su áspero latir,

lejos de mi ansia irreal por ser de nieve

para diluirme como se diluyen las olas

en el agua embravecida de un océano sin paz.




miércoles, 27 de marzo de 2024

El ángel de la lluvia

 

Caminas por el parque como flotando en nubes de escarcha.


Te moja la lluvia de noviembre

con sus cristales líquidos de bendición tardía

mientras en el gris de la luz

los fantasmas del tiempo

escoltan el fluir adolescente de tus pasos.


Y es que en tu memoria la ciudad resucita con perfume de alhelí,

y el sol del estío baña el color de tus ojos

con la luz de una tarde ya madura.


En el jardín del otoño, las hojas caídas y el ocre de los árboles,

que destellan por un momento, con sus ramas vestidas de agua,

la música de las fuentes que tintinea con melodía de cántaro

llenándose de paz, el trino del ave junto al río

como un ardid de ninfas que ocultan su voz;

no te permiten ser el ángel de la lluvia

en la ciudad insomne de un agosto añorado.

Sueños

 

Como todos los niños soñé con ser estrella del fútbol

o actor en Hollywood

o astronauta descubriendo mundos increíbles.


Los sueños dibujan en las paredes panteras blancas

que se borran de la memoria al cruzar los umbrales de la vida.


Hoy ya no sueño con panteras blancas que habitan mis paredes,

ahora las panteras son negras y están aquí,

velando mis sueños para que la realidad no me olvide.


martes, 26 de marzo de 2024

Lo que más quiero de ti

 

Y si te imploro que me entregues la llave de tus sueños,

el diario donde escribes las palabras que quedaron mudas

en tu voz, el anillo sin gema que no adorna tu dedo corazón,

la postal con una montaña nevada que recibiste bajo el calor

de agosto, tus cicatrices viejas por las heridas que te causó

un ángel maligno, la canción que más quieres y el libro

que más amas, tu consuelo y tu alegría cuando la risa

te posee, el dolor antiguo para que yo lo convierta en un sol

sin nubes al cobijo de tus días; y lo que en realidad eres

si miras en tu corazón y me regalas el secreto de tu ser.




lunes, 25 de marzo de 2024

La plaza al atardecer


El eco sombrío de sus balcones forjados
llena de pálpito el silencio de la tarde,
la bancada de frío metal y el reloj impasible
en flor de eternidad guían al solitario hacia
los pliegues de la plaza rumorosa, el sillar
y el árbol de hojas lanceoladas, el jazmín y el gladiolo,
la glicina de puro azul, el canto del agua en la fuente,
la rosaleda bajo la arcada de hierro, el gorrión
que pica un trozo de pan húmedo, son testigos
del efluvio de la luz, de la metamorfosis del cristal
-su resplandor de atardecida en las ventanas dobles-
del rojo carmesí, desnudo ante el tímpano y la ojiva,
de la cruz que da sombra a la sombra de mi cuerpo
cuando ya la luna emerge sobre las ramas de los tilos.

domingo, 24 de marzo de 2024

Qué verán mis ojos

 

En la voz de las sirenas hay cantos de luna y marfil.

Si nace el cuerpo de la isla, de volcán su ser, entre

la espuma y el grito del magma, con el coral multicolor

de la madrépora brotando de su seno como largos

índices de altiva vid, si los galeones de velas combadas

por el aire atlántico siguen la línea que un dios trazó

sobre los raíles de agua surgidos del profundo mar,

si el paso de los cetaceos y su carne gris no se ven,

si la marea que va y viene en un retractil ardid

de sal humedecida no me saluda, si el témpano

y el iceberg flotan sobre la piel de una corriente fugaz,

qué verán mis ojos si en la playa de mis días solo

existe un faro sin luz y nadie que lo encienda.



sábado, 23 de marzo de 2024

En ti llueve

 

Este viento de filos blancos hiere las mejillas con su canción de escarcha.


En el rombo de la terraza tu sed y la mía son de distinto matiz,

tu boca elige la espesura de un café, mi boca aprieta el cristal

húmedo donde la carne muerde la flor intacta de un wiski.


¿Dónde están las gaviotas del silencio, su pico curvo sellado con lacra de sal?


De tu rostro surgen los maquillajes del capricho

porque eres de luna y de sol según la cabellera de la luz

cambie su candil de lugar.


Por tu piel de invierno no pasan las horas cálidas

de un verano que voló hacia el sur del olvido.


En ti llueve, y yo no sé por qué en ti llueve.

viernes, 22 de marzo de 2024

Tú eres mi primavera

 

Hubo vasos de cristal con la miel de un añoso ron en su vientre,

insólitos tapices con el multicolor reflejo de una primavera

sin la negrura hostil de las sombras invernales.


Plazas sin pájaros donde la luz es un silencio

iluminado por las risas de los niños,

cines de barrio que ofrecen sesión nocturna

para que el deseo crezca en las bocas amantes

como un rosal rojo bajo el carmín de la lujuria.


Y tú siempre en abril, con las flores y el azahar

de los naranjos en los recónditos senos;

y el perfume de la orquídea en la voz

como si el aroma fuera una palabra de aliento fugaz

perdida en los labios conjuntos del ardor.


Y yo, árbol de tus noches, neblina que cubre el panteón de tu cuerpo

con su lámina de agua, me aproximo a ti desde el alfil

de mayo para que no olvides que el discurrir de mi río

lo guía el manantial de tu ausencia.

jueves, 21 de marzo de 2024

El azar

 

Como el viento que traza en el aire

serpentinas volubles de rizos invisibles,

así el flujo del orden ante ti,

pasajero de un río que te lleva a un mar de sombras,

voluntad que en la encrucijada resuelve por instinto

la dirección a seguir.


Y son fortuna o desgracia el clamor o el témpano

que acompañan la senda de los días.


En el sur del deseo los átomos de la vida eligen un ideal,

en el norte el anhelo es una pequeña casa de baldosas azules

con un jardín de árboles en flor.


Y siempre la duda ante los ojos

de lo que el tiempo cumplirá o no cumplirá

cuando la ruleta gire en círculos de azar.

miércoles, 20 de marzo de 2024

Ecos de familia

 

Soy por orden el cuarto de seis, ese número que está

entre el cinco y el tres como un centinela en su guarida

de sombras pares. De bruno color la piel que nos viste

con su misterio colonial de ancestros cuya voz dulce

era una música tan frágil como el susurro de los pájaros

al mudar el día a noche. Himnos de sangre brotan

de las paredes y son de abril floreal los espejos cuando

el canesú, la diadema, el arlequín... se hacen primor

de caléndulas, de rosas, de jazmín, en los ojos de las niñas.

Y está el balón y el ajedrez del suelo sin reyes de marfil,

y están los cuadros oscuros bajo la rubia luz de los plafones

de cristal, y el carcaj del teléfono como una cáscara

que timbrea en la anochecida con ritmo de cascabel lunar.

Y, en fin, también están las fotografías llamando a los recuerdos 

desde el silencio de unos nombres que aún pronuncian mis labios.

martes, 19 de marzo de 2024

El amado

 

Alguien te regaló su entrega y fuiste nido de su hambre.


Por eso no eludas los pétalos de un amor

que en la realidad cotidiana convivió

junto al desdén de tu silencio.


Acoge la fortuna de saberte un faro

que ilumina la espera y el pensamiento de otro

igual que la luna es el misterio inspirador del poeta

cuando no alcanza la luz del sol a su eterna noche.


Y aunque un día se aleje de ti

-el viento del deseo es capricho y azar-

sin decir un adiós, piensa en el don que recibiste

como plenitud y no como ausencia.


A menudo crece en el jardín de la vida

un rosal que siempre dará flor,

si tú riegas su memoria con el agua clara

del más fiel de los agradecimientos.


domingo, 17 de marzo de 2024

Jardín vacío

 

Un mirlo nació de ti

que te escapas

con el silencio de los pájaros en la boca.


Tu seno blanco de carne en flor

refulge como nieve al sol primerizo de una mañana

que llega con collares de niebla y frío de témpano en las alas.


Y cae la sonrisa de los árboles

igual que el fruto del desamor

cae de los labios rojos de una sed agotada.


Sin tu voz adolescente todo es memoria de jardines

bajo las pérgolas del ensueño.


Te gustaba el mar, su honda tristeza de agua salina

agitándose en rizos de coral y espumeante luz.


Yo prefería el misterio del bosque entre las ninfas

que elegían tu rostro para venir a mí

como el deseo viene a la fuente

de la que emana el trébol de la lujuria.


Y si me cruzo contigo soy la sombra que se esconde en las esquinas,

y si es el eco del pasado lo que escuchas

ya no hallarás en tu jardín vacío

mi voz para nombrarte, 

amada mía.

sábado, 16 de marzo de 2024

El armario

 

Las perchas son una cruz donde los sueños

de los abrigos florecen. Hay un olor a jazmín

en sus cajones vacíos y un resol que se filtra

por la puerta a medio abrir de su jamba roja.

Guardé aquí el misterio de las palabras que un día

dije con la vestimenta del soñador, papeles

en los bolsillos que murieron de vejez,

los restos de un poema que nunca escribí,

tarjetas y llaves que no abrieron más cerrojos,

la hondura que dejó mi cuerpo en la piel forrada,

la lycra y el algodón de entrecruzado color,

la seda y la pana, el cuero negro y el azul

de los jeans, la gabardina que heredé a medias

oculta entre camisas que ya no me sirven, la ropa nueva

y la ropa olvidada como un efímero amor de verano.

Hoy son tan solo un vestigio en mi envejecida carne.

viernes, 15 de marzo de 2024

Dentro del espejo

El rostro que lloró por la permanencia de una imagen

en la lisura inmóvil de su tez.


Y el candil de plata desdoblándose en lámina

para que así los perfiles de un cuerpo encuentren

su lado sin la metamorfosis puntual

que la caricia de los relojes

deja en la piel.


Están allí el colibrí del tiempo y el azul de tus ojos,

la voz antigua que en mi boca es un trino de palabras jóvenes,

el enjuto mirar que solo ve un aura de sueños donde el pasado

escribió con letra de buril una historia imborrable.


Prosigue en él la escenografía de un confín humano perfectamente impreso

en sus contornos como un petroglifo lo está en la noche vívida de un ayer

que palpita luz y ecos de fulgor.


Dentro de ti todo se parece a mí, cuando ya no soy yo.



jueves, 14 de marzo de 2024

Amanece en mi boca

 

Subyuga la pálida tez del blancor.


Mírame como a una sombra

no como al cuerpo

que compartió contigo

la luz de todos los veranos.


Aquí no hay luna, ni sol en la ventana.


Te vi en el cristal, tu reflejo era de lluvia.


Amanece en mi boca que ya no es el abrigo de tu boca .


miércoles, 13 de marzo de 2024

Hermanos

 

Vosotras, las que saltáis el árbol de los sueños con trenzas de niña:

tú la que amanecía con el sol negro en las pupilas, tú y tu breve tez

alba, rubio cáliz de un azar genealógico y tú la que holló la primavera

con los ojos rasgados y nunca preguntó por qué el silencio

caía como un alud sobre su corazón en llamas.


Vosotros, que rasgáis los velos de la quietud, tú el muro que alienta

bajo un equinoccio sin ecuador, sereno y noble como un barco

en el río fugaz de la costumbre, tú el de la voz que se eleva

desde la mínima estatura de tu sitio en el azar,

lo mismo que una bandera recorriendo el mástil de la luz.


Hermanos y hermanas que aún lloráis por el ayer de las amapolas

en nuestro jardín silvestre, venid a mí si la nostalgia es un telar

compartido donde los rostros de la niñez se enhebran en un tapiz

al que la memoria regala el secreto en ciernes de la flor más viva.



martes, 12 de marzo de 2024

La casa luminosa

 

Oh tú almanaque solaz

que pintas en la fiebre del tiempo

guirnaldas con raíces unívocas.


En la piel que nos envuelve dibujas horóscopos sin nombre,

quedan las heridas del pasado batiendo en las ventanas

como una percusión de dolor y ausencia.


Flotan los ardides y las muecas, el silencio y los rumbos

de una cometa en tus ojos, la falsa armonía de los horarios

y el metal de los relojes sonando a luz en los intersticios de la noche

como un canto de alcobas, una mudez de niños durmiendo,

el trajín hospitalario de los minutos rotos que se vuelven nubes

enraizadas en el tapiz de las habitaciones, la fósil presencia de los objetos

que adeudan al eclipse de la memoria una rompiente tierna de recuerdos amigos,

la flor de unos labios que se abren al pálpito familiar

de la añoranza compartida junto a la voz antigua de los rostros

que un día fueron juventud de olas precoces en un océano común.


Y callas como un sol de noviembre ensombrecido por los carámbanos de la edad.


Me dices que hay un sueño de mariposas en el aire

como si todavía existieran alas en tus hombros de bruja atroz.


Oh tú que me enseñas los pétalos prohibidos en el corazón de las paredes

ven al círculo que soy, hunde tus corvas en la fe que perdí,

dame no la cruz del olvido sino una esperanza

donde mis recuerdos sobrevivan al témpano de la lejanía

y mis manos puedan abarcar la luz que ahora

se pierde bajo el candil oculto de un ayer que aún es mío.
















domingo, 10 de marzo de 2024

El faro

Ciudad de los blancos ejércitos de la luz,

el aire en ti es fleco de un respirar sin dinteles.

Como ventana que se abre al sol y a la bruma

hay en tu faz un túnel de resplandor y de sombras

que atraviesa la espina dorsal de un cuerpo sin pasado ni memoria.


Todo en ti desprende un frenesí de alas que izan la piel de los cristales

hasta el foso gris de los cúmulos donde los ángeles de la lluvia

derraman su agua bendecida por la furia ancestral de los vientos ártabros.


Hay en tu cintura barcos con nombres de sirena

que parten hacia la raya azul de un mar sin islas en su vientre.

Barcos de color ambiguo como ambigua es la esperanza del regreso

cuando se encabrita el músculo vivo de sus olas y no existe una caricia

que calme el agitado semen de sus crestas.


Yo te vi vestida de sal con tus altos pechos en penumbra,

te vi rumorosa y ágil como un crótalo de música y algas,

como un desfile en nupcias bajo la sonrisa amable de los pájaros

que sobrevuelan tu diadema de coral.


Te vi en la noche con las luciérnagas heridas por tu fulgor de bocana

iluminando la negrura del dormido mar, la pátina lisa de un oleaje yacente.


En el haz áureo de tu faro están mis pasos

porque yo que nunca pisé otro camino que el de tu luz

no tengo más sendero que el que traza tu ojo dorado

sobre el confín oscuro de este mar sin orillas.




 

sábado, 9 de marzo de 2024

Aguas

 

Era otra agua, no la cantarina,

no la del surco y el resplandor

cuando el torrente de abril golpea las orillas

y el caudal se esparce como una música líquida y poderosa.


Era el agua que agita su rizo como columpio de mar

con regueros salinos sobre la piel venteada por un aire sin piedad.


Las dos en tu frente, las dos altas columnas, movibles columnas,

pilares de la luz que te cosen a su pared cristalina

de moléculas transparentes.


Agua de borrasca y tormenta en frenesí de olas verticales,

agua de llovizna irisada, de lago como cristal

donde las nubes son raudos jinetes combatiendo en una lid efímera.


Era el agua del bautismo purificador tras el silencio

y la plegaria que moja la cerviz y el cabello negro del acólito.

No el agua del albañal, oscura como un lirio oscuro sin olor ni color.

Tampoco savia de un ámbar pútrido entre flores de nectar dulce.


Era el agua de tu boca, el flujo que invade la comisura de mis labios

con su húmeda secuencia de besos como jardines regados por la lluvia de tu nombre.


Lluvia que cae sobre mí lo mismo que el silencio cae

sobre los espejos para formar el delta de un árbol sin palabras

ni rostro que las diga.


Era el agua de un río que brota en mí

y muere en mí

como una elipse de sangre.







viernes, 8 de marzo de 2024

La parca

 

Ahora que vienes, sin perlas ni afeites, desnuda

como la luz que roza el silencio de mi estancia,

con tus cabellos sin mañana dorados por el sol

de la tarde, en cuclillas igual que una hembra

a punto de saltar desde su abril hasta el mísero

corazón del desvalido, en busca de un alma

que sufre la melancolía del tiempo en sus cenizas,

esperando que la sombra inolvidable de la oscuridad

llene con su eterna quietud el futuro infeliz que susurra

un adiós sin espejos, un aura sin perfil ni contorno

ni alba por venir, en un árido amanecer de frío y rosas

tristes, tu paso inmóvil, tu mirada que ensortija el aire

y recorre de pies a cabeza los recuerdos de la vida,

el dolor que un día fue presagio de tu hálito mortal,

la caricia y el instante en que el culmen de todos

los destinos se volvió nombre de mujer; un silencio

y una sed de pájaro te anuncian, mientras se apaga la luz 

y el último de los segundos es besado por tu decrépita boca.

miércoles, 6 de marzo de 2024

El nómada

 

Y si el nómada llega al río donde el agua es un hilo que avanza entre sus orillas

como un arpegio de sangre para sentir el sonido lento de un caudal interminable

donde su cristalina rosa se divide en pétalos de añil.


Y si en el telar del cielo hay mapas que se estiran como la piel de un dios

y surcan las planicies estelares mientras él absorbe con sus ojos

la verdad empírica del viaje que no es más que el propio viaje en sí.


Tal vez oiga en su camino el clamor de los árboles cuando el aire vuelca

su desnudez y azota las ramas con timbal de ensueño, quizá vea en la luz

su rostro alejándose entre olas de mar y montañas como alfiles dorados.


Es posible que se halle junto al colibrí y el baobab,

a la vera de cualquier jungla o en el centro de una urbe innominada,

detrás de un palacio o en el arrabal donde las miasmas no son la flor del olvido.


Incluso puede ser que camine bajo las pérgolas de Babilonia que dan sombras de plata

o visite al arcángel en su falso edén de fuentes como manantiales de paz y música.


Algún día nos lo dirá si es que regresa a nosotros.

lunes, 4 de marzo de 2024

Perdóname si no supe ayudarte


Yo te vi ausente, lejana de ti como una primavera sin flor.


Era el tiempo en que el aullido del aire moría en tu boca

cuando tus labios sellaron la hondura de una voz

que fue voz de ángel en el paraíso fugaz

de aquella juventud añorada.


Y es que tu sonrisa parecía una mueca

donde dos cuerdas tiraran de tus mejillas

alzando tu rostro hasta el silencio.


Enflaquecida como un junco en la laguna de los años

vivías más en el seno de tu alma que en la carne

ligeramente amarillenta que me mostrabas cada día

al brotar la noche.


Y en tus bolsillos las pastillas azules, verdes, blancas...

sin saber a qué color corresponde la felicidad

y a cuál la derrota.


Había en tus ojos una lluvia de epístolas sin escribir,

un mensaje sin letras ni destinatario,

una vencida petición de ayuda que anidaba en los párpados,

un abril como un invierno de flores de nieve en tu faz.


Hospitales rotos caen de tus manos

y de mis manos el perdón que te pido cada vez

que me veo los espejos.










domingo, 3 de marzo de 2024

Pálida luna

 

Pálida luna que asomas vertical entre las horas perdidas

acuéstate conmigo, abrígame con tu seno blanco y duro,

pósate en mis ojos abiertos al silencio de esta madrugada

que florece. Nocturna la música de oro y cascabel, canto

del murciélago y del búho triste, sueños en el alfeizar

con alas de ruiseñor que no llegan a mí ni a mi noche,

arpegio de sombras en los ecos de mi habitación. Teje

la araña su red de hilos con la sutil paciencia de un laborioso

orfebre, alguien llora, alguien ríe, el sexo vuela como un pájaro

feliz, dormita el niño en su cuna de ondas blancas, la muerte

y el dolor son el oscuro rostro de la noche, y yo aquí,

esperándote, igual que espero, impaciente, a la pálida luna.



sábado, 2 de marzo de 2024

Mi otro yo


Mi otro yo desconoce el sur que habita en los espejos,
ignora a la duna del cansancio elevándose como un alfil terrible 
que trazara en mi piel el surco transversal de los episodios
sin luz entre la noche y el día.

Mi otro yo sabe que las horas fugitivas no han nacido ayer,
su crisol es un jardín poblado por los sueños de la infancia
que aún mecen los relojes del mañana con la exactitud
etérea de los minutos que no miran atrás por perseguir
la dudosa premura del tiempo.

Mi otro yo fue valiente y se hundió en el mar de la esperanza,
nadando hacia la isla que no existía aulló sobre las olas de crestas
azules como un viejo marino sin memoria ni paz.

Mi otro yo me habla con la voz del pensamiento 
que, también es la mía, algunas veces.

viernes, 1 de marzo de 2024

La infancia

 

El tren inventa un trazo inmóvil

porque quien viaja

es la sombra de mi vida.

 

Aire tibio en el jardín otoñal, sin luz de primavera,

el llanto del mar desde la voz de la caracola

ruge como un poderoso volcán.

 

Soy un niño ante el azul con un balón de playa entre las manos,

y la lluvia del invierno, cansada de morir en mi piel

que, sin premura, la arroja a la sed de los relojes,

vuelve como canción de un himno fugaz

bajo el cielo gris de la ausencia.

 

En la historia simple de mi casa no envejece el silencio

ni el balcón es un navío que recorre las edades a la busca de mi ayer.

 

Y hay ceniza caída en las alfombras, y hay números indefinibles

que no son años sino metamorfosis del tiempo

que vibran como notas de laúd en los oídos,

y hay un cristal donde se dibuja la faz de las historias no contadas,

y hay papeles escondidos en las rosas ya marchitas

por el crepúsculo de los corazones.

 

Dicen que el hogar es tan solo un recuerdo que nos devuelve a la infancia,

lo cierto es que esa infancia es el hogar del que nunca nos hemos ido.