martes, 31 de marzo de 2026

Lo perdido

 

En lo sinuoso y en el atrevimiento se mide el temple

de la incertidumbre; nunca sabrás de la sílaba donde

crecen los istmos del frenesí, tampoco de la savia

que en el corazón del árbol fluye como sangre de abril;

de las horas únicamente podrás interpretar la sinergia

del eco, de mi piel en la que tatué la sonrisa de tu nombre

no habrá rastro en el frío silencio con que vistes tu desliz

de sirena ausente, y vendrá la lluvia a romper el delirio

de la sequedad, y por fin bajo la bruma donde la ciudad

ya no descubre los pasos de tu ausencia ningún vestigio,

ni raíz que florece adornará el sendero de las lilas que plantó

mi ansia para que el turbio ángel que te excusa no dejara

un nimbo de piedad en el triste destino de las hojas

que caen sin el falso púrpura del rubor en mis mejillas

para así atardecer junto a la sombra que dejó el ágil

devenir de un agua indemne que en el futuro solo será

el cauce seco de un río que se perdió en la noche.









lunes, 30 de marzo de 2026

Una historia de desamor

 

Te regalé muchos ramos de rosas rojas.


Y un vestido de Armani.


Y un fin de semana en Londres.


Y unos pendientes estilo art noveau

-de oro y piedra preciosas-.


Pero aunque los aceptabas

-quién no-

tú en el fondo no querías mis regalos.


Lo que tú querías era a alguien

musculoso, jovial, con gustos

actuales: reguetón, una buena película

de Torrente, cinco horas de gimnasio

al día…


Yo en cambio te hablaba de Torrente

-pero de Torrente Ballester-

de poesía, del cine de la Nouvelle Vague,

de la música de los ochenta

y los noventa…


Qué aburrido, dijiste.


Al fin comprendí que no estábamos hechos

el uno para el otro

y que el amor no se compra.


Aunque eso fue después de tragarme

la discografía completa de Bad Bunny,

toda la saga de Torrente

-no me refiero claro está ni a los gozos y las sombras

ni a la saga fuga de J.B.-

y de aguantar como pude

dos meses intensivos

de gimnasio.













domingo, 29 de marzo de 2026

El amor y las distancias cortas

 

Veo muy mal de cerca.


Seis dioptrías en el ojo izquierdo

y diez en el derecho.


Mis gafas

-como se suele decir-

son de culo de vaso.


Si estoy contigo

y te muestras cariñosa

no me las pongo.


Tú también ves fatal de cerca.


Diez dioptrías en el ojo izquierdo

y seis en el derecho.


Sin lentillas me miras muy raro.


Algún día haremos el amor,

yo con gafas y tú con lentillas.


Y será el fin de nuestro matrimonio.



sábado, 28 de marzo de 2026

Mi vida en Instagram

 

Una fotografía en la playa de Benidorm

dónde se ve cómo resaltan

mis abdominales.



Otra fotografía en el monte

haciendo senderismo

con ropa de marca.



Mis vacaciones en Hololulú,

fijaros en la camisa floreada

y el lei hawaiano.



Aquí una despedida de soltero,

alcohol a tope

-y otras cosas-

la striper que no falte.



Un video en la cocina

para enseñar cómo se hace

-estoy a la última-

un tartar de ternera

con huevo y mostaza de Dijon.



Otro video tirándome en parapente

desde un acantilado.



Más fotografías en un restaurante de moda

haciéndome pasar

por influencer.



Tengo tres mil me gusta.



Soy feliz, salvo cuando me miro fijamente en el espejo.



Porque entonces descubro al tío más idiota que conozco.






















viernes, 27 de marzo de 2026

Obituario

 

Ayer se fue.


Amante del color,

un pájaro sin rumbo,

frágil como una brizna

que mece el viento.


Nunca de sus labios brotó la noche,

era la luz que iluminaba

los días

más aciagos.


La quiero así

en el recuerdo

y no como la triste sombra

de la última vez

que nos vimos.


Le espera un ángel que ríe.


En su devenir de pájaro

todos los colores del mundo.


Como una brizna viaja

con las olas

del tiempo.


Será una luz

en mi memoria

ya

para

siempre.





















jueves, 26 de marzo de 2026

El soñador

 

En este juego de líneas donde el volumen se adapta

al espacio con la fe antigua de la perfección mi longitud

no reconoce la geometría de los poliedros que limitan

mi existir, vago por los caminos de la luz entre el color

y la densidad, rozo con mis mejillas el aire que busca

lo infinito en el azul del tiempo, me desnudo entre las olas

de un mar invisible porque detrás de mis párpados existen

océanos de nieve sin la espuma ni el coral de los arrecifes

del sur y vuelo con las alas de la fantasía buscando las rosas

que crecen en las nubes como fruto que expande un resplandor

de luna sobre mi faz cansada, y ya no sé si sueño o me vence

la ilusión de abrir esta jaula donde la vida pone un cristal

en mis ojos para que así lo visible se vuelva, sin remedio, cárcel.



miércoles, 25 de marzo de 2026

Mi enfermedad y yo

 

No sé si es que me odia

o simplemente

necesita un hogar nuevo.


Si le hablo con cariño se irrita y muerde.


Es cruel y despiadada.


Es como una aguja al rojo vivo

que no cesa de clavarse en mi interior.


Siempre con sed, a menudo aúlla como un lobo fiero.


Le puse un nombre a mi fiel animal de compañía: “Esclavitud”.


Y así seguimos, ella creciendo en mí,

yo aguantándola,

como dos esposos sin paz, 

hasta que la muerte

nos separe.













martes, 24 de marzo de 2026

La música de Adela

 

Adela, tal vez setenta años,

toca el piano todos los días

de tres a siete.


Es mi vecina del tercero.


En el segundo a cada poco se escuchan gritos,

son familia numerosa, y ya se sabe

compiten a ver

quien habla

más alto.


A los del primero casi no se les siente.


Qué maravilla.


Yo ocupo el último piso

-o sea el cuarto-.


Estoy entre la música de Adela

y el desván

por donde corren las ratas.













lunes, 23 de marzo de 2026

El desagradecido

 

Me tatué en un brazo la bola del mundo.


Tú en cambio elegiste un nombre.


El mío.


Lo llevabas en el pecho.


Lo llevabas en el alma.


El tuyo fue un acto de amor.


Poco puedo decir de mi propio tatuaje.


Tan solo que no aparece en él

tu nombre.





domingo, 22 de marzo de 2026

Nunca ceno solo

 

Soy un hombre de rutinas.


A las nueve en punto de pie.


La gimnasia matutina, el café cargado,

un poco de lectura y antes de comer

el vermú en una terraza.


El almuerzo frugal, una siesta breve,

más lectura, un rato de tele

y un par de vinos en el Mesón de mi calle.


Por la noche la soledad y yo cenamos juntos.


Y así cada día.



sábado, 21 de marzo de 2026

Amigas hasta la muerte

 

Allí están, como todos los días,

a media mañana

ocupando su sitio

junto a la cristalera

del bar de la esquina.


Hoy son diez- ayer once-

van muy arregladas

con sus coloretes en las mejillas,

los labios rojos,

las perlas y collares

y esa ropa de otro tiempo.


Las oigo hablar, reír,

que si su esposo,

que si sus hijos,

que si sus nietos,

que si fulanita...


Cuando el tema es político bajan la voz,

aunque uno ya supone de qué pie cojean.


Son felices así, con sus cosas.


Que dios me guarde de su juicio.





viernes, 20 de marzo de 2026

El súper

 

Vine aquí a comprar una palabra amable,

un abrazo, un perdón…


Y me encontré con el precio de la carne,

del pescado, de los embutidos,

de las latas, del pan…


No hay un súper para el alma.


No se puede comprar el cariño verdadero.


Ni con todo el oro del mundo.



jueves, 19 de marzo de 2026

Los desayunos sin Sol

 

El café con leche bien negro-como mi alma-.


Y sin azúcar-lo dulce eras tú-.


Unas gotas de aceite virgen en el pan de ayer.


Sin zumo porque me olvidé de comprar naranjas.


Y encima llueve.


Lo curioso es que contigo no tomaba el café tan negro,

el azúcar- ya lo dije- lo ponías tú,

lo de virgen era una metáfora,

el pan siempre recién hecho,

y el zumo para qué

si nos besábamos varias veces

antes de irme.


Tu nombre, Sol.







miércoles, 18 de marzo de 2026

Retrato sentimental

 

Tú eres mi Islandia.


Te percibo dura e inhóspita,

un géiser que se alza salvaje,

el viento ártico que asola mi mundo.


Tu piel blanca, casi albina,

tus ojos de un celeste polar,

el invierno tuyo que no cesa...


Y yo que buscaba tu calor

poco a poco

me voy muriendo

de frío.



martes, 17 de marzo de 2026

Las palabras ocultas

 

Esas palabras quedaron en mí y aunque las volví a utilizar no fue ante ti, en la hora exacta, en el momento en que debieron partir de mi boca para revelar lo que debió decirse cuando eran sin duda necesarias. Esas palabras son ahora una proclamación que llega tarde porque mi cobardía no supo encontrar la manera de comunicarlas. Y me dejé ir como la hoja caída de un árbol en el río de la costumbre. Sellar los labios, volverse mudo, no expresar el sentimiento verdadero sino aquel que finge para no tener que vivir la cruel certeza que distancia los destinos. Pero las palabras siguen ahí como la constatación rebelde de que nunca debieron ser condenadas al silencio. Para ti ahora serán un pensamiento al que no di vida, y fue así cómo oculté en mi interior lo que debió ser dicho en tu presencia, en este hogar que aún nos contempla, en un instante que ya es pasado.




domingo, 15 de marzo de 2026

Los sufrimientos

 

Es preferible el intenso que muere de su propio estallido,

el pausado se estanca como un agua negra en el corazón

que ya no sabe palpitar de alegría, a menudo nos roba

el sueño con su artificio de dolor, jamás finge ternura

cuando la soledad es un pozo donde nadan los recuerdos

que azotan el tranquilo acontecer de los días, pone lágrimas

en los pómulos como flores de un jardín marchito; son alfileres

que hincan su sed en las venas con el argumento hostil de la culpa,

solo el perdón anunciará su ausencia si llega hasta mí su mano salvadora.



sábado, 14 de marzo de 2026

El visillo en los párpados

 

Adivino lo invisible que hay más allá de la sombra.

Cómo las manos buscan en los pliegues de la tela

un mundo de fantasía, cómo sus dedos eligen

un altar donde el misterio sea para mí un ángel

de amor, cómo desnuda los hilos del organdí

con la caricia táctil del ensueño, cómo peina

las ondas que se deslizan por sus hombros

mientras la luz cruza la celada que ensombrece su labor.

Adivino lo invisible detrás de mis párpados cerrados.



viernes, 13 de marzo de 2026

Soledad

 

Infinito contorno que perfilas mi existir,

muda como una hoja perennemente reseca,

en tu acecho hay una doblez de páramo

en el oasis de la templanza, juntos nacemos

y morimos igual que esquejes de un árbol

que brotó único, en la lejanía del bosque,

no eres carne ni alma, no eres la flor alegre

que ilumina mi ser con voz de pájaro feliz,

pero siempre estás ahí como una sombra

que acude cuando nadie me escucha, solo

tú que nada dices después de que el dolor

asome con su rayo de luz inagotable eres

fiel, con tu presencia, al destino que cumplo.



jueves, 12 de marzo de 2026

Yo que fui huésped de un viejo hotel

 

Sin sonido, solo humedad y un pábilo de luz en el dintel.


El nombre está borroso, la puerta vibra con el temblor del cristal.


¿Son de cartón los espejos, el silencio un rayo que no escucha

el eclipse del ayer, acaso hay pájaros en las molduras

o un manantial bajo la alfombra de tapiz geométrico?


¿Y la música de un violín en la noche, el rumor de las conversaciones

en un idioma inaudible, la luna en la lucerna, la pared oscurecida

por el rastro del tiempo?


Pende de la araña un microcosmos de luz y yo santiguo el aire

con mi índice de niño, qué paraíso de almidón en la chalina,

qué rotundo el lazo en la nuez del servidor, qué palabras

de dulce ensueño anuncian la carta como un féretro que se abre

al pórtico de mi boca.


Y resplandece la cubertería y la cerámica gime,

y en el vidrio habita un fluido de lágrimas, y en el mantel

un mapamundi como una enagua de ribetes de coral

que tapara la pulida superficie de la caoba.


Oh! la fúnebre senectud de los cuadros, la columna griega-agrietada,

el estuco blanco y las flores en el brocal de un búcaro.


Ya voy al vientre de la nocturnidad después de la fugaz canción del hambre,

el mármol y la balaustrada en flor con el óxido del hierro

y la pintura enferma y ese quejido en el alma del edificio

cuando mis pies hunden su estilete en la madera rota.


Y yo sin el uniforme púrpura, y yo con el andrajo y los pantalones azules del mendigo,

y yo casi mudo como una estatua en el fósil iris de la edad,

y yo ángel que en su habitación escribe versos que caen al suelo

igual que nieve tibia, y yo que no respondo a la pregunta del barman

salgo a la lluvia como quien sale al adiós de una nave sin destino.


Y yo que conocí la sinrazón anacrónica que se instaló en la cortina de mis ojos,

me alejo de la luz, del rótulo con letras sonámbulas, de los números que son el epitafio

de las habitaciones vacías, del tordo que huye del alféizar, de mi sombra saciada,

y voy al encuentro del duende que no madruga con el corazón en calma

y en la voz un rosal ya sin espinas.









martes, 10 de marzo de 2026

La aparición

 

Poco a poco se perfila en el contorno del espejo.


Tú quisieras ver la infancia,

la plenitud de un hombre,

incluso la madura tez de un anciano.


Pero no, allí está para recordarte tu destino.


La maldita calavera.



lunes, 9 de marzo de 2026

Reloj de pared

 

Es la hora del Cuco, la letanía del péndulo en la ojiva,

el duelo de las agujas bajo el cristal, de haya o de caoba

su carne, de porcelana el fondo, la coreografía de los números

y el oro de las saetas, el carcaj omnisciente de las horas,

el sonido de un corazón sin alma y el canto del Cuco como

una risa triste que no volveré a oír si ya está aquí la eterna noche.

domingo, 8 de marzo de 2026

Mientras tú caminas bajo la lluvia nocturna

 

Y lloverá el álbum de la luz en tus tobillos

donde la sombra escribe nubes que viajan

por los rieles de la lentitud.



Ahora que el viento sabe nombrar las esquinas

que dibujan la corpórea sed de tu devenir

yo busco la geometría de los portales,

el excelso armazón de los arcos

donde la lluvia pierde el rumbo de su efímero destino

entre columnas de un rosa frágil.



La sinrazón de verte cumplir con los horarios del azar

describe mi sutileza cuando-imán de tu ser-

alcanzo la huella que se diluye al llegar mis pies

a lo que ya es tu sur, a la cuadrícula que en la gravilla

hunde tu firme desliz de hembra que dirige su talle

a la entrecortada luz de un farol que en el atardecer estira su lengua,

su cono como alfil sobre la plaza que espera tu huida.



Mientras los pájaros que no te olvidaron se asoman a los campanarios,

allí sus alas son hojas de un árbol nuevo,

allí nunca hay para ti el ocio de un badajo que no suena firme

pues en tu voz los ecos son un vestigio de azares

que llueven como clamores de una luna vieja.



Y tú que naciste entre olas de mar, mensajera de los faros,

haz que vigila cualquier deriva, la mía que te sigue más allá del perdón,

entre calles sin lucidez con los mil perfiles que rastrean

los hilos breves de la lluvia que se posó en tu ausencia.



Ajeno yo a ese murmullo que acompaña a la larga estela de tu agua,

toda tú río de un ramal que me hace perder el rastro primigenio

que, de pronto, es una línea de carmín que señala en donde morirá la luz

que ya no ilumina el deseo.











viernes, 6 de marzo de 2026

Viento

 

Me llevaras a la distancia mayor donde deje atrás las huellas

que me nombran, y viviré en tu azar como una golondrina

en la acrobacia de la luz, ante ti mis cabellos extienden

sus ramales, mis pestañas tiran de los párpados para no

sentir el aire frío que sopla entre las nubes viajeras,

los árboles bailan tu danza con el collar del ramaje

girando como los derviches de oriente, y yo me siento

espora, brizna sin latitud, papel desnudo con el que juega

tu invisible confín que da sentido y temblor a la fantasía.



jueves, 5 de marzo de 2026

El mendigo

 

Cómo ya es sequedad y temblor, una cuña de mugre

consolida la cicatriz eterna en su faz de atlante, cuando

los ojos se detienen en un punto retorna el alba de lo

que fue como un trasluz recóndito de niñez y sueños,

viste la tela ambigua que trastoca los nombres de victoria

y pérdida, en sus labios la grieta, en sus hombros el frío

de un enero sin paz, en su piel las islas del dolor como

llagas de un océano oculto bajo pliegues de costra y vómito,

ya no es el rubio jazmín que florecía junto al estanque de la juventud,

el mitón cubre sus dedos como alfiles, fuma la colilla última

del último cigarrillo antes de que los párpados caigan sobre

los ojos casi ciegos del penitente, nadie se para ni un segundo

a mirar cómo se acuesta entre los cartones que recogió esa misma

tarde del contenedor azul tan próximo al callejón del supermercado.



miércoles, 4 de marzo de 2026

El apátrida

 

Otra vez el aprendizaje, la mímesis para no ser diferente.

Sin familia, 
ni perro 
ni gato

El idioma que asumo con mi acento que canta,
los hoteles de tránsito, un trabajo temporal,
y después irse.

Hacia otro lugar.

Y de allí de nuevo partir
quién sabe en busca
de qué.

martes, 3 de marzo de 2026

A mi cuerpo

 

He visto tu alba, tu mediodía y tu ocaso.


Me contienes como un árbol de piel

-aunque no florezcan ya tus hojas-.


En tu interior la vida se estanca

como el cauce de un río

que agota su caudal.


Cuando el fin asome

-como los mejores amigos-

nos daremos la mano

antes de yacer juntos

para siempre

en la misma sepultura.



lunes, 2 de marzo de 2026

Reivindicación del misterio

 

Que la vida no se quite el velo, que la transparencia

no permita que lo nítido descubra la verdad íntima

del ser, que más allá de lo evidente exista un abismo

donde naden felices las mil sorpresas del azar.


Sin el revés no hay ensueño ni la imaginación podría convertir

en magia la realidad que tantas veces decepciona, sin lo oculto

que insinúa que existe luz más allá de la sombra ningún secreto

sería revelado, ni el clamor de las preguntas hallaría respuesta.

domingo, 1 de marzo de 2026

Tu imagen

 

Elígeme entre las rosas blancas,

desde el tren que atraviesa la luna de tu nombre

hasta la lluvia que crece bajo los aleros del azar,

con la vibración estéril de la linfa

y de la sangre cayendo en ramal por la oscura senda del deseo,

y en el arrebol la pálida caricia que viaja en nube

y en la distancia los visillos que ocultan los iris de tu ojos tristes.



Nuestra ciudad no llora, es alegre como un rizo que cae altivo

sobre la faz de la alegría, pero la otra ciudad callaba y en la bruma,

en el sudor de la piedra, en los arcos donde la lluvia proclamó su desnudez,

en la metamorfosis que va creciendo en tu alada trayectoria de mujer sin destino

antiguos vítores acompañaron el tránsito de tu imagen sin edad.


Tu imagen que ya no es abril entre arbustos de color,

que ya es eternidad de luces bajo una bóveda de ángeles

que nombran el callado río donde nada tu sonrisa

que huyó al morir de repente toda la claridad que un día reflejó el ideal

de un sueño vibrante y fugaz como el rayo que en la noche destella

sin la memoria de haber sido una cicatriz de luz

que vaga desde entonces por los intersticios del recuerdo.