Cuando modulas tu voz los pájaros callan.
El silencio, entonces, recita sílabas de humo
que solo yo comprendo.
En el teatro de los días abres libros rojos,
andas por las cornisas sin temor,
tus caderas son de nube y tu boca es de amianto.
Al decir sí, dices no, porque el capricho te divierte
con sus azules alas de brillantina y sus abalorios
que cuelgan de tus senos
como un reclamo de seducción enmohecida
o un desliz de collar perdido entre los pezones
abiertos a la luz
como una flor de sal.
Cuando modulas tu voz los pájaros callan.
Y yo, que soy pájaro, aún trino,
para así no escucharte.
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