jueves, 29 de enero de 2026

Tal vez no debiera llamarlo horror

 

Es un estallido que en la paz vierte su hostil furia.


Son las vísceras que se abren a la luz como flores de sangre.


Es el fuego que asola la habitación donde los niños duermen.


Es la ceniza de miles y miles de cuerpos tras el holocausto nuclear.


Pero también existe en mí una forma de horror mucho más modesta.


En el silencio de la noche o al final de un día feliz,

al volver del trabajo con el cansancio en los párpados...


Allí está, otra vez, de nuevo, insobornable, mi amiga la culpa.



No hay comentarios:

Publicar un comentario