Si tú hubieras querido, sin aún quisieras ser mandrágora
de la raíz más vital, si todavía en el lunar que vierte diez
cálices de lucidez encontrara tu rayo de pasión como un grito
cuyo único acorde fuera el del éxtasis, si ataviados del color
insomne de las estrellas por nacer pudiéramos sobrevivir
a la sombra que ocultó tu falsa mansedumbre bajo el azul
de un mar qué aún resiste en el pozo de una pupila que ya
no mira al nombre que soy, si al cruzar las calles con las
alas de un pájaro común una sola dirección se mostrara
en el ritmo unísono que atraviesa las ardientes colinas
del deseo, entonces, es posible, quizá, de ti a mí no
habría más distancia que la que la que hay entre dos
olas que derraman, a la vez, su espuma en la misma playa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario