A nadie descubriré las sombras que crecen bajo el latido de la edad,
tampoco la luz que ilumina los ríos que cruzan mis músculos
y mi sangre, los pantanos en donde se remansa el temblor
de la linfa, el fluir perenne de las arterias que colorean de azul
las extremidades, las venas que retornan al refugio de mi corazón
para recibir el impulso rítmico del ser, el oxígeno que dejará
en los pulmones su simiente de vida, y en mi espacio craneal
la mágica raíz de donde brota el narciso de la lucidez, las letras
en el papel como los pétalos de una flor que nunca antes fue nombrada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario