miércoles, 21 de enero de 2026

El hogar luminoso

 

Sales afuera de mis pupilas y eres ya un mundo

que sobrevive al alud del tiempo.


Desde la ausencia crecen las lunas que no te di,

en tu interior la música es una piel que enmascara

mi porvenir con ríos que fluyen por las vocales

de mi nombre.


Y estás con tus espejos de oro, con los mil pasillos

que llevan a la infancia que viví en tus orillas,

con la ternura de los cuadros que reviven

al amanecer como ángeles de luz

en los párpados de la niñez;

con tu aroma que renace al evocar el soliloquio

que recitas por las habitaciones sin la voz clara

de una madre que llama al día con el acento feliz

de las flores abiertas al aire cálido de agosto.


Y aunque no exista ya la sombra que mi cuerpo dejaba en tu cristal,

algo, tal vez un gemido en la noche que despierte en mí

la memoria de lo que fue tu presencia

vuelva por un segundo a encender las luces de tu pórtico,

aún en llamas.


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