Yo no quiero que veáis el alma que guardo en lo más
intimo de mi ser, y no es en la oscuridad sino en la luz,
no es en el aire mudo ni en las cómodas vacías,
ni en la antigua pared sin espejos donde dejé
mis soliloquios de ardor; allí solo existe un haz
que vaga por las grietas de mi carne, con los ojos
desnudos, con la piel que trasluce el misterio de los ríos
púrpura que son como heridas que vierten en el corazón
de las elipses el humus de lo vivido; jamás veréis la volátil
caricia que enciende el jardín donde el pensamiento remansa
su oscura sed para que, de pronto, brille bajo un sol sin azul
la paz que a mi espíritu retorna igual que un niño
retorna a la infantil edad en que los paraísos son
tan reales como la magia que da vida los sueños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario