Es posible que la enumeración pierda el cóncavo acento de la pulcritud,
porque en mi voz las sílabas son abismos de nieveque diluyen las sombras con el agua de un silencio cómplice.
Y no hay cauce para el arroyo que vaga por los campos
donde mi nombre se vuelve aire
ni semilla para el futuro de un árbol
que no encuentra el humus azul de los espacios
donde al fin encajen sus vértices en los fractales de la luz.
Y yo que aún busco en la matemática del acontecer
los signos que me indiquen la claridad donde los verbos trazan líneas
de segura razón te evoco ante el blanco jazmín de la ausencia
con tu perfume todavía presente tras la ilógica sed que llora
por la mentira de tu huella en la verdad de un silogismo.
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