Y cómo en la cárcel del hexágono sois abdomen
que entrechoca sus vientres y siembra de néctar
la arquitectura hospitalaria del enjambre, zumo
dócil que apenas resbala por la geometría cerosa,
densidad incólume donde la luz se vuelve pan
de oro mientras danzan con giros de especie mortal
los zánganos alrededor de la fértil reina, pura virtud
sin que el frenesí revele su canción de insomnio
entre el vibrar de las alas que llenan de música
el acontecer laborioso del día y de la noche bajo
un cielo sin edad, y más allá, en su espacio de color,
el jardín que circunda la ceremonia como un amante fiel.
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