Soy tan solo este lento esculpir de tejidos que nacen
y mueren para ser nada.
Las noches ululan igual que pájaros mutilados por el ansia
de un retorno feliz.
Escucho a la brisa que me trae tu voz desde la lejanía
como un eco que nombra a las fuentes y al perfume
del jardín donde paseamos al sol de las tardes infinitas.
Volverás a Itaca con sed en el corazón y la aventura en la faz del olvido.
Volverás a las vides y a las playas de ámbar y miel, a las colinas agrestes,
a los olivares que dan el fruto milagroso de la aceituna, al maizal
y a los campos de espigas que el aire de la mañana comba.
Mientras, yo tejeré los hilos en el viejo telar y después los dejaré libres
porque la eternidad es tan solo el instante en que veré tu rostro junto al mío.
Un rostro que hoy llega aquí adormecido por el canto de las olas
para decirme que un día tras el disfraz de la miseria estarás tú.
Entonces mi recompensa consistirá, por fin, en abrazar tu cuerpo.
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