Cómo en la ternura del aire se posan dos alas
que elevan su cuerpo, sostienen la transparencia
de su piel dolida después del naufragio, y ya cae
sin pausa en el flujo que corre, hilo de su paz alba,
flores de néctar dulce a su costado, pájaros que trinan
dolor, nenúfares tristes que derraman en sus axilas
el incandescente sueño, y esa faz pálida de luna infantil,
y ese vacío en las ramas de un árbol sin fruto, y esos
peces que besan su candor, más allá de la trágica luz,
de la blonda de su vestido, del colibrí que fue su ángel,
del lecho de agua por el que viajan los pétalos fúnebres
del silencio, en el arroyo que no cesa de decir su nombre
está la lágrima colmada de sal que ya no es suya ni es de nadie.

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