Y si aún posáis en la vértebras de lo imposible vuestra aurora
que esculpe los delirios con el adorno, el color, el pulido mármol,
la música que pobló de frágiles flores el misterio del alma, el suave
canto de la caricia en la piel desnuda, el silabeo que es un rumor
de río en los pliegues del poema, la danza del índice, la sombra
del pulgar, todo el racimo que las muñecas alzan en escorzo de pájaro,
el golpe de los dedos que anudan la rabia, que exhiben la fiebre
del abuso, las que extraen del pan el alma del trigo y de la espiga
el don de la saciedad, las que en una oración extienden como alares
dormidos un ruego de amor, las que construyen y las que lavan,
las que cuidan, las que perdonan; vosotras que aún posáis en la luz
un mensaje de palabras sin voz, decidme por qué en vuestra
elocuencia hay tanto de sueño como de consciente vigilia.
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