Tú siempre sobrevives al misterio de la luz,
incómoda por el largo perfil que somete a mi
arbitrio tu angosta silueta de niña amagas con liberar
las cadenas frágiles que sostienen el ciclo de mi ser,
el itinerario que transcurre donde la claridad deshace
tras un velo de sombría quietud los antiguos eclipses
del fulgor y la penumbra en una extraña dimensión
al sentir tú la dúctil naturaleza que recorre los espacios
de sinuosas latitudes cuando al capricho de mi cuerpo
persigues, sin tregua, el molde que envilece tu apátrida
sinergia de constituirte en la isla inmóvil de un océano
de carne para así liberar de mí tu espíritu, tu alma
virgen que sueña con los sueños de un pájaro feliz
en busca siempre de su propio y único horizonte.
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