martes, 6 de enero de 2026

Allí me llevaste

 

Allí me llevaste, donde la luna es de metal triste

y hasta los perros brillan como faros de azufre

en el centro de un laberinto oscuro, y yo que piso

el frío del silencio con mi lámpara de candil roto,

yo que fui el viandante de tu virtud cuando el arrabal

se convirtió en un oasis de palmeras blancas, yo

que no elegí el aire que de pronto iza un papel y le

da la forma de un pájaro y lo viste con las plumas

de la inocencia, traslúcidas como un cielo de lino; allí

me llevaste, donde el cristal es una lámina opaca de sílice

y musgo; allí donde tu habitación ciega es una boca

que murmura las palabras adolescentes que nos dijimos

casi sin querer, en un lenguaje de flor abierta al sol

imposible de las noches cálidas, a la estéril canción

de los espejos del alba cuando ya todo es de mercurio

y tu herida fulge como un narciso de luz entre las aguas

de un albañal que no nombra a los manantiales puros del frenesí.

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