Algunos comercios de barrio y nada más.
Una calle sin árboles
ni semáforos.
En mi edificio carecíamos de ascensor.
Solo escaleras por subir
-vivía muy arriba-
y en mi piso un ventanal
que daba a tu cuerpo
desde donde tenía,
sin comparación posible,
la mejor vista
de toda la ciudad.
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