martes, 28 de julio de 2020

Hija de la lluvia



Amo la lluvia, gloria del agua sostenida en cúmulos grises.
No es llanto ni maldición, cae en mi rostro sin aviso,
riega el mar, humedece la aridez del barbecho
como fluido de inmensidad.

Se multiplica en su transparencia de capa inconmensurable,
entibia la nieve y crea un río, como un hilo noble atraviesa
el roquedal, la jara y el espino.

Lluvia en fondo gris, de nubes hastiadas
que donan su aljibe de magnificencia
al reflejo infantil de unos ojos que miran su pausa,
su caída lenta,crepuscular.
su baile en coro,
cortina que empapa y renueva mi vestido manchado.

En el cristal el beso del agua,
rocío o mota que estalla
y se duerme
y resbala en un suicidio de niña
hasta el alfeizar donde la enorme lágrima palpita.

Amo la lluvia que atraviesa la magnitud del robledal,
amo su fiereza sobre el mar tormentoso,
amo su voracidad y su caricia,
el borboteo mágico de un canalón,
canto del agua.

Vive en mis ojos su entrega vertical, limpia razón del existir.

Amo la lluvia, en la noche, si escucho su repicar de campana,
el sonido amortiguado que entrega mis oídos al sueño,
al calor de una sábana tu presencia húmeda,
tu labio líquido, tu corazón fértil,
hija de la lluvia.







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