jueves, 22 de diciembre de 2022
Hemisferios
miércoles, 21 de diciembre de 2022
El accidente
Guarda la noche tigres de hielo en los ojos,
noche de focos invertidos,
negra noche de cristal en la piel del mar,
noche de líquenes granates y luz sin luna,
noche vencida por el músculo de los autos,
como el nuestro, arquitectura de metal blando,
caja donde los ecos de las palabras vuelven a las bocas
y repiten la cadencia musical de una pregunta,
habitación móvil que sube por las calles pétreas
-comercios envejecidos, iglesias envejecidas, hombres envejecidos-
con los faros velados, con el runrún arrítmico de una máquina
también gastada por el tiempo, también envejecida, solidariamente,
como árbol de bosque, como sillar de catedral,
como flor de un jardín de mármol,
como peatón que nada en la marea de la oscuridad
entre peces con forma humana y voz de dragón ebrio.
Pero tú y yo solo escapamos de una cárcel llamada vida,
bebemos horas de candor, juegos de azar,
mensajes escondidos en respuestas ambiguas,
saludos que descargan nubes de alcohol en los rostros,
con un halo de tapiz común, de armonía sin fin
tras la reconocida música de los himnos,
y la voz áspera de Tom Waits en los labios de Emma.
Pero siempre el alba nos reconoce
y el auto prosigue hacia el sur de los teatros,
culebra que roza las esquinas, peligrosamente,
como un submarino que atravesase en zigzag
los corredores que dejan entre sí los icebergs del ártico,
hasta que un misil perdido entre la bruma lo abate,
un hombre con los brazos en cruz dibuja un Ecce Homo sobre el asfalto,
una motocicleta roja vierte su sangre de gasoil
en el sumidero.
Las luces de un trasatlántico iluminan la dársena
en este amanecer de pétalos ensangrentados.
martes, 20 de diciembre de 2022
Víctima de la pederastia aquel frío noviembre
lunes, 19 de diciembre de 2022
Lluvia
domingo, 18 de diciembre de 2022
Historia del cuerpo
viernes, 16 de diciembre de 2022
El corazón del espejo
Tu ciudad
Tu ciudad brotó del silencio,
en las horas en que la quimera tiene rostro de mujer
y los espejos anuncian la bruma que el azar no levanta.
Bajo los árboles del parque los suspiros huelen a sal,
yo te vi dibujando una rayuela sobre la grava,
de rodillas, como si los números fueran un designio,
y la disposición de los cuadros un horóscopo ambiguo.
Me empujan los relojes a vivir la vida dos veces,
la real no encuentra su sombra,
en la imaginada la sombra es multicolor
como un arco iris inefable,
debajo de su cúpula juegan los minutos compartidos,
los diálogos de oro, las risas con un sol en los labios,
el abrazo simple de dos corazones
sin patria.
Te presentí en el amanecer de los museos,
en los jardines de extrarradio,
en el teatro del mundo y en el teatro de los cómicos,
en la película donde a la protagonista
la llamaban por un apodo
que, sin querer, olvidaste.
Tu ciudad de gas y semáforos ciegos,
tu ciudad negra como aliento de carbón,
tu ciudad que muere en las cloacas
no es la mía,
porque ya no te alza,
invencible,
para que seas el títere de la luz
que resucita en mis ojos
con su cola de cometa inflamada,
cegándome.