Igual que quien se alza contra el orden impuesto
un día te negaste a tu condición de músculo,
y de ti nació el dolor como un tallo de piedra.
Ya no sirves al cuerpo con tu árbol de fibras
que me ayuda cumplir los ritos del presente.
Ahora has plantado tu raíz en el pozo
que anega la secuencia de mis actos.
Son agujas que hieren mi carne tus ramas
que me obligan al inmóvil ejercicio
de esperar a que se agote, al fin, tu rebeldía.