Atrévete a cruzar el arco que divide la sed y el agua
de la plenitud.
Sé vestigio de lo insomne, acera
de un río que brota del cáliz de la templanza,
un aullido en el corazón de la penumbra,
el lobo desnudo que eligió la lluvia
como un don fértil.
Convéncete de que hay ángeles que guían los pasos
que en la ceniza dejan signos de una redención sin mácula.
Sabes que la rubia efigie de una hembra en flor dejó de ser pedestal
y ahora camina por los bordes del deseo con la fe en llamas
y un canto de sirena que no sucumbe al azar de los lugares aún no vivido.
Piérdete como un nómada que deja atrás su imagen en los espejos
de la noche y busca una luz para no morir en lo oscuro.
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