Fue el eco de una palabra o la magia de un perfil,
la esbelta figura, la voz o el acento, el color de la piel
o de los ojos, un canon inscrito en los genes como
un ardid de la especie, el azar o el destino que juegan
a unir sentimientos, o simplemente el amor del que
nadie conoce el por qué de con quién y hasta cuándo.
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