Que ausencia de mármoles en esa dura caída
que eleva sus alas como un grito sin paz,
qué azul en lo hondo si no hay cielo en la raíz
que conoce lo oscuro, qué lágrima en la mejilla
no busca un río, qué corazón no confunde el latido
con un estertor de llamas en el frenesí de un tiempo
que yace, qué diluvio brota hacia arriba y nos bendice
con la lluvia de un verano que se niega a ser verano.