Hay una flor de vida de la que surge un oasis.
Otro teatro se alza, bambalinas y títeres en la noche,
frenesí y miedo en la carne, tu nueva carne que brota.
El lloro es una llamada ancestral,
voz de urgencia que viste la raíz con la unigénita canción de la especie.
Se desgajó el árbol que tú eras, tan altivo y seguro,
dedos de alambre ejecutan una danza prensil
contra tu rostro que, sin ayer, sonríe.
Nuevas doctrinas, el crisol de los horarios,
la ingravidez del sueño en otros paraísos
que invoquen la paz y la quietud de antaño.
Nacerán rutas imaginarias en los ojos del mañana,
un fulgor de días felices que se esperan como lluvia cálida
sobre los soliloquios vacíos. Hay una nostalgia extraña en el dolor
de haber perdido la propia luz, pero tú das gracias hoy por la luz
de este hijo que con su existir te alumbra.
jueves, 12 de diciembre de 2019
lunes, 9 de diciembre de 2019
La pantera de un sueño
Es impronunciable la boca en que ahora vives.
Un vestido de satén, el cíngulo y la figa,
el azabache como lágrima negra,
vaporoso el pliegue que embalsama la caléndula.
El kohl dibuja un rayo de ónices perfectos,
atmósfera de tinte en la mixtura dulce.
La leontina y el dorado, la diadema y las uñas rojas
-servidumbre de centinelas, imán nacarado que absorbe el aire-
desordenando la voz, el eco y la ceniza.
El perfil son tantos perfiles en tantos espejos de la desmemoria.
He visto tus alas marchitarse y el rondó del mar cubrirse de púrpura.
Sabes que en el teatro de mundo nunca cantan los ruiseñores,
sabes que el correr del galgo desafía a la noche.
Hay un círculo en ti que oscurece la llama,
será que una vez fuiste la pantera de un sueño,
la sombra que acompaña a la luz,
el pretérito que tizna el fulgor del cuásar.
Un vestido de satén, el cíngulo y la figa,
el azabache como lágrima negra,
vaporoso el pliegue que embalsama la caléndula.
El kohl dibuja un rayo de ónices perfectos,
atmósfera de tinte en la mixtura dulce.
La leontina y el dorado, la diadema y las uñas rojas
-servidumbre de centinelas, imán nacarado que absorbe el aire-
desordenando la voz, el eco y la ceniza.
El perfil son tantos perfiles en tantos espejos de la desmemoria.
He visto tus alas marchitarse y el rondó del mar cubrirse de púrpura.
Sabes que en el teatro de mundo nunca cantan los ruiseñores,
sabes que el correr del galgo desafía a la noche.
Hay un círculo en ti que oscurece la llama,
será que una vez fuiste la pantera de un sueño,
la sombra que acompaña a la luz,
el pretérito que tizna el fulgor del cuásar.
domingo, 8 de diciembre de 2019
Ventana cerrada
Cabalga sobre el haz del faro un labio abierto.
Cae la espuma como un desnudo cae en la sed del amante.
Ya es de noche junto a tu párpado, blondas tiznadas,
canesús imberbes, cintas de colores,
zapatos de cristal en el arcón azul.
Trazan los pájaros sobre el mar un dibujo de hilos flamígeros,
son los fuegos de la bahía que estallan y mueren,
que estallan y mueren.
Es curioso este silencio de esperma derramado,
esta caricia del aire que busca entre tus pómulos refugio.
Dicen que el amor posa su voz en los espejos dormidos,
dicen que hay un mañana que solo conoce el ayer.
Es tan difícil vivir en la cordura.
Cae la espuma como un desnudo cae en la sed del amante.
Ya es de noche junto a tu párpado, blondas tiznadas,
canesús imberbes, cintas de colores,
zapatos de cristal en el arcón azul.
Trazan los pájaros sobre el mar un dibujo de hilos flamígeros,
son los fuegos de la bahía que estallan y mueren,
que estallan y mueren.
Es curioso este silencio de esperma derramado,
esta caricia del aire que busca entre tus pómulos refugio.
Dicen que el amor posa su voz en los espejos dormidos,
dicen que hay un mañana que solo conoce el ayer.
Es tan difícil vivir en la cordura.
sábado, 7 de diciembre de 2019
La seducción es la sombra del amor
Deja ya a tu fantasma quieto.
El diálogo son nubes escritas por una voz y otra voz;
forman nudos del sentir, equívocos que fulguran
antes que el rayo de la mirada conviva con el pensamiento.
Qué índice, o anular o codo envuelve la elegía última;
querrás el vicio y la pausa, el licor en la lengua
igual que un alegre diablo o un mudo acróbata.
Al fin los silencios seducen a la verdad
y se presiente la cercanía del tacto tras la risa entregada.
Cuando la vejez llegue recuerda que también fuiste amor,
amor en sueños, después de la huida.
Amor que se calcina entre las llamas del olvido,
amor invisible bajo la raíz del páramo.
El diálogo son nubes escritas por una voz y otra voz;
forman nudos del sentir, equívocos que fulguran
antes que el rayo de la mirada conviva con el pensamiento.
Qué índice, o anular o codo envuelve la elegía última;
querrás el vicio y la pausa, el licor en la lengua
igual que un alegre diablo o un mudo acróbata.
Al fin los silencios seducen a la verdad
y se presiente la cercanía del tacto tras la risa entregada.
Cuando la vejez llegue recuerda que también fuiste amor,
amor en sueños, después de la huida.
Amor que se calcina entre las llamas del olvido,
amor invisible bajo la raíz del páramo.
viernes, 6 de diciembre de 2019
El desafío
Recorrí los caminos del pánico antes de que se hiciera la luz.
Llevaba la piel por fuera y los vestidos por dentro,
la lengua en el filo de un tajo.
Mi casa era un revés oscuro,
seductora y sombría como un lupanar,
con murales de sangre y vértebras
en los andamios donde fulgía mi ser.
Cuando te hablé no dije palabras,
no supe escribir en el aire el dulzor de un verso
ni entendí nunca que la estrategia de la araña
es un don de la noche.
Y es que somos retratos de un cuerpo en el bisel del cristal,
mirada que se multiplica en la fiebre de la luna,
lágrima que brota de un desliz.
Me llevo del espejo mi voz, la que me habla en silencio,
la que me dice que solo yo desafío a la muerte;
a la muerte de todos, no.
A mi muerte.
Llevaba la piel por fuera y los vestidos por dentro,
la lengua en el filo de un tajo.
Mi casa era un revés oscuro,
seductora y sombría como un lupanar,
con murales de sangre y vértebras
en los andamios donde fulgía mi ser.
Cuando te hablé no dije palabras,
no supe escribir en el aire el dulzor de un verso
ni entendí nunca que la estrategia de la araña
es un don de la noche.
Y es que somos retratos de un cuerpo en el bisel del cristal,
mirada que se multiplica en la fiebre de la luna,
lágrima que brota de un desliz.
Me llevo del espejo mi voz, la que me habla en silencio,
la que me dice que solo yo desafío a la muerte;
a la muerte de todos, no.
A mi muerte.
jueves, 5 de diciembre de 2019
Edades
Plantígrada isla de universos invictos, cromosoma azul.
Gen de hojas escarlata, Nautilus de vida que recoge
las llagas de mi paso. Cráteres en el ovillo de la ingle,
labios que retuercen el signo del mañana y el amor
de la matrona y la vigilancia de la ausencia en los dos dedos
próximos del azar que dicen sí a la noche del infante
con sus rodillas turgentes de comunión y blancura.
La trayectoria del águila, miel de cielo, cielo de miel,
dulces garras de infinitud, y yo, ah! yo, el plumaje
en su corona, almacén invicto que cruza las aceras del mar
y me sumerge en el vino de tu nombre, de los nombres ,
del hilo títere que roba estíos-esos carámbanos de calor
en las vísceras, la multiplicidad de sexos, desnudez del perfil
contra el tragaluz invisible-. Un resplandor en tu hombro de plata,
a mi lado, junto al candil oscuro de la ubre, en la orilla
que es un molde de tu silencio, a través del crisol,
de la incógnita que guarda osarios de catedral
cuando te viertes en música como un remanso
que el agua arroja al fulgor de la luna en su cresta.
Y sí, cuál el oro, falso oro, céfiro del grito y la lujuria,
en el parásito hogar que sufre las telarañas sin madre,
la voz insólita de la camada en mi frente rota
de anciano sin párpados ni ojos, ni vidrios abiertos
a la claridad. El tiempo es la razón del tiempo,
aquí viven las cenizas sobre un pedestal
alto como los geiseres que desafían el brillo de la luz,
su caída de lava frágil, su ascua evanescente
que inclina el deseo y lo atrofia con sus amantes alas de senectud.
Gen de hojas escarlata, Nautilus de vida que recoge
las llagas de mi paso. Cráteres en el ovillo de la ingle,
labios que retuercen el signo del mañana y el amor
de la matrona y la vigilancia de la ausencia en los dos dedos
próximos del azar que dicen sí a la noche del infante
con sus rodillas turgentes de comunión y blancura.
La trayectoria del águila, miel de cielo, cielo de miel,
dulces garras de infinitud, y yo, ah! yo, el plumaje
en su corona, almacén invicto que cruza las aceras del mar
y me sumerge en el vino de tu nombre, de los nombres ,
del hilo títere que roba estíos-esos carámbanos de calor
en las vísceras, la multiplicidad de sexos, desnudez del perfil
contra el tragaluz invisible-. Un resplandor en tu hombro de plata,
a mi lado, junto al candil oscuro de la ubre, en la orilla
que es un molde de tu silencio, a través del crisol,
de la incógnita que guarda osarios de catedral
cuando te viertes en música como un remanso
que el agua arroja al fulgor de la luna en su cresta.
Y sí, cuál el oro, falso oro, céfiro del grito y la lujuria,
en el parásito hogar que sufre las telarañas sin madre,
la voz insólita de la camada en mi frente rota
de anciano sin párpados ni ojos, ni vidrios abiertos
a la claridad. El tiempo es la razón del tiempo,
aquí viven las cenizas sobre un pedestal
alto como los geiseres que desafían el brillo de la luz,
su caída de lava frágil, su ascua evanescente
que inclina el deseo y lo atrofia con sus amantes alas de senectud.
lunes, 2 de diciembre de 2019
La cara oculta de tu luna
Imaginarte en el revés de la luz
como la penumbra que llora.
Tu mudez es un grifo roto, un labio de piedra,
un desliz que suspira antes de arder.
Concebirte detrás del lienzo que transparenta los eclipses.
Rugir o morir en las vértebras del sueño
al alcance exacto del culmen.
Ya tu sombra es tu sombra y muere.
Del ojo triste de la luna no nacen llamas.
Hay en tu espalda una verdad
como hay en las máscaras un rastro de dolor.
Algún día los espejos no te verán
porque ya te habrás ido del lugar al que nunca llegaste.
Solo eres tú en mí la delgadez de un signo,
la semilla donde crecen las flores tempranas,
demasiado tempranas para concebir
el sudor del tiempo.
como la penumbra que llora.
Tu mudez es un grifo roto, un labio de piedra,
un desliz que suspira antes de arder.
Concebirte detrás del lienzo que transparenta los eclipses.
Rugir o morir en las vértebras del sueño
al alcance exacto del culmen.
Ya tu sombra es tu sombra y muere.
Del ojo triste de la luna no nacen llamas.
Hay en tu espalda una verdad
como hay en las máscaras un rastro de dolor.
Algún día los espejos no te verán
porque ya te habrás ido del lugar al que nunca llegaste.
Solo eres tú en mí la delgadez de un signo,
la semilla donde crecen las flores tempranas,
demasiado tempranas para concebir
el sudor del tiempo.
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