viernes, 14 de agosto de 2026

El ángel caído

 


Ay! el grito que enmarca el azul, esa curva hostil

del tronco ante la ira de Dios, de qué sirven tus alas

si la culpa es densa como la pez, la sierpe aprisiona

tus músculos con el atavío del dolor, no hay pájaros

que se posen en tu álgida testuz, qué has visto ante ti,

quizá la mano alzada de la condena inclemente,

el rostro que pronuncia las palabras terribles

que nunca quisieras haber oído, y en el pedestal

el blancor de un tallo que te muestra al mundo,

en su base febriles dragones vierten el agua

donde ahogarás tu pavor, te miran los niños

con la curiosidad del ángel imberbe, las madres

dejan que los perros orinen sobre los monstruos

que te circundan, mientras yo sigo aquí, solo,

esperando a que anochezca, a que las sombras

oculten tu sombra, y a que nadie se acerque ya

a escupir en el pozo negro de tu memoria.


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