¿Y tu latido, el azahar en la piel, la galanura de tu frente
pintada de rojo? Como un clavel arrancado del sueño así
tu fría calavera, como en el trasluz que esconde su luminaria
con el velo de la caída ya no refulge el estío en tu verano
ideal, aún guardas tesoros bajo la pátina gris del olvido,
todavía titilan en tus espejos las noches de luna llena,
en las habitaciones el inútil color de las sombras se columpia
en el aire como si jamás la luz con el manto de la claridad
hubiese extendido su altar de sol por los lugares donde
lo oscuro dejó de ser un símil sin voz del silencio, te
recorro desde el dintel de la puerta que abre su boca
ya desnuda de vida hasta el rincón que esconde mis
antiguos secretos de infancia y vuelve a mí toda la luz
que un día llenó de paz este espacio en el que aún
sobreviven mis huellas bajo las ruinas de un tiempo fósil.
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