martes, 4 de agosto de 2026

Fruto maduro

 

Cuando muerdo la blandura de tu piel se derrama

en mi boca el sabor un poco dulce del durazno, el río

que recorre las papilas fluye hasta caer lentamente

en el pozo de mi faringe, la carne que me entregas

es una ofrenda en sazón, al masticar la pulpa

mis dientes sajan tus hilos que en mi lengua

se arraciman como un zumo de granos fértiles

que despiertan mi sensualidad oculta, solo el oscuro

hueso sobrevive a este ejercicio de amor, la fruta

devorada ha perdido su majestad, en mi mano

la semilla que sembraré mientras aún permanece

el aroma del carozo en el aire, por un instante nada

más, por un segundo que, para mí, es eco de eternidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario