martes, 11 de agosto de 2026

Los párpados de la memoria

 

Has doblado las rodillas del miedo, con la lluvia

que moja la estela que trazas en las columnas del aire

vuelves a la estéril quietud de los relojes pétreos.


Aún la herida no sembró de cicatrices la piel del dolor,

todavía recorro las vías donde tus alas percuten contra

el cristal antes de que fueras el pájaro del olvido.


Tú sabes que no hay mitos que sobrevivan a la canción

oscura de la vejez, no ignoras que en el vientre de los paraísos

el agua es un espejo que no refleja la luz insomne de los amantes.


Solo los círculos que duraron lo que dura el salto de una piedra

en la faz de un río turbio comprenden la armonía fugitiva

de las horas más frágiles.


Bajo las sombras late un ardor moribundo, el que crepita

en los párpados de la memoria, allí donde resulta imposible

comprender esa luz que penetra hasta el tuétano de los huesos roídos.

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