Ayer me acordé de un recuerdo y un nombre.
Eras tú la legítima astucia de los viernes,
el calendario fijado en mi piel,
dormido como un duende.
Solo tenía veinte años de miedo y rencor,
es posible que los globos que en el cenit se columpian
me prestaran el adagio, el dulce enigma de un canto.
Te respondí con mis alas alzadas,
quise una voz en el jardín agreste de la duda.
En la infinidad de la noche tu cuerpo y el mío
bebieron el elixir dulce del frenesí. Y ya no hubo orillas,
el magma poso su silencio en los intersticios de un horario,
rutas invisibles, credos en playas olvidadas,
rompientes bajo el surco de un agua suicida. Ahora
los labios son de mármol y un sonido de espejos rotos
reverbera con su elipse de islas y su cuadrante de singladuras sin mar.
viernes, 15 de marzo de 2019
lunes, 11 de marzo de 2019
No te mires
Es mi sombra la que vive en los espejos.
Por eso busco la diluida sed de mi rostro.
Al pasar espío mi cuerpo en la doblez del cristal,
nada existe sin la mirada abierta al perdón.
En el vaso, en el oro, en el pulido eje del nácar,
en la nube innombrable,
en los abismos que reflejan la luz y la memoria
hay rasgos que sudan jardines prohibidos por la edad.
Desnúdate en el temblor, escribe imágenes
en el borde antiguo de la vida,
huye de la pura certidumbre del níquel,
obsérvate como un lienzo sin maquillar
porque ya es hora que admitas
la prisión del tiempo en tus ojos.
Por eso busco la diluida sed de mi rostro.
Al pasar espío mi cuerpo en la doblez del cristal,
nada existe sin la mirada abierta al perdón.
En el vaso, en el oro, en el pulido eje del nácar,
en la nube innombrable,
en los abismos que reflejan la luz y la memoria
hay rasgos que sudan jardines prohibidos por la edad.
Desnúdate en el temblor, escribe imágenes
en el borde antiguo de la vida,
huye de la pura certidumbre del níquel,
obsérvate como un lienzo sin maquillar
porque ya es hora que admitas
la prisión del tiempo en tus ojos.
sábado, 9 de marzo de 2019
Elogio simple a la juventud
¿Y si la madurez entregara su poso al ayer?
Entonces no hubiera crecido la flor de la alegría en mi seno,
ni la ilusión con sus bombas de éxtasis
habría anidado en mi rostro sin ajar,
ni la lluvia en su efímero cristal
reflejaría el roce de mi piel contra otra piel.
¿Puede, quizá, el río amansarse bajo el destino último del morir?
Así los nombres que a nadie dije, al bies de la luna,
en los soportales heridos por el deseo.
Si son los recuerdos un alma manchada por el círculo de las horas,
no me reconozco en su ceniza,
en el sudario que pesa y quiere ser el manto
que tape la luz que en mí
aún fulge.
Entonces no hubiera crecido la flor de la alegría en mi seno,
ni la ilusión con sus bombas de éxtasis
habría anidado en mi rostro sin ajar,
ni la lluvia en su efímero cristal
reflejaría el roce de mi piel contra otra piel.
¿Puede, quizá, el río amansarse bajo el destino último del morir?
Así los nombres que a nadie dije, al bies de la luna,
en los soportales heridos por el deseo.
Si son los recuerdos un alma manchada por el círculo de las horas,
no me reconozco en su ceniza,
en el sudario que pesa y quiere ser el manto
que tape la luz que en mí
aún fulge.
jueves, 7 de marzo de 2019
El paisaje que no muere
Esta casa me arrulla con su abrazo.
Mañana que vence a la noche,
la luz inventando un oasis de tiempo,
fotografías que renuevan el ímpetu del existir,
alfombras que heredan huellas
como dijes de un collar infinito.
Esta casa es un vientre donde ríe el destino.
Quiero que mi rostro
busque en los espejos los años que me nimban,
quiero ventanas abiertas al mundo del deseo,
quiero la ternura de los diálogos que crían flores marchitas.
Me asomo a este pasillo de ropajes antiguos.
aquí yace el teléfono y su carcasa negra,
cuadros que en mi interior son silencio,
los muebles y su delgadez de caoba rota.
Y, sin embargo, solo hay para mí un paisaje que no muere,
como un bosque que sobrevive al misterio,
así los días ebrios de la infancia
que graban en mis ojos un candil efímero
de brincos y cometas contra la vida.
Mañana que vence a la noche,
la luz inventando un oasis de tiempo,
fotografías que renuevan el ímpetu del existir,
alfombras que heredan huellas
como dijes de un collar infinito.
Esta casa es un vientre donde ríe el destino.
Quiero que mi rostro
busque en los espejos los años que me nimban,
quiero ventanas abiertas al mundo del deseo,
quiero la ternura de los diálogos que crían flores marchitas.
Me asomo a este pasillo de ropajes antiguos.
aquí yace el teléfono y su carcasa negra,
cuadros que en mi interior son silencio,
los muebles y su delgadez de caoba rota.
Y, sin embargo, solo hay para mí un paisaje que no muere,
como un bosque que sobrevive al misterio,
así los días ebrios de la infancia
que graban en mis ojos un candil efímero
de brincos y cometas contra la vida.
martes, 5 de marzo de 2019
Caminas sobre veinte años
Tal vez pienses en los alares de la ciudad como una sombra.
Te sigo, te persigo más allá del rumor de las palabras y su armonía.
En la plaza los medallones lucen el intersticio del tiempo,
su semblante es el de la moneda que ha volado
hasta la forja de un balcón
bendecido por el aire añil de los días.
Se hace de noche y son los pájaros
los que anuncian el tenue visaje del atardecer.
Lo que dices toma su raíz en el tubérculo altivo de la juventud.
Lo sé por el halo azul que dejas en el corazón de las niñas
que al pasar tú
se alzan.
Hay rosas cilíndricas que huyen de tus bolsillos,
en los hombros pesa la infamia como un arbitrio insomne.
Si te han crecido alas,
aprende a imaginar el vuelo.
Te sigo, te persigo más allá del rumor de las palabras y su armonía.
En la plaza los medallones lucen el intersticio del tiempo,
su semblante es el de la moneda que ha volado
hasta la forja de un balcón
bendecido por el aire añil de los días.
Se hace de noche y son los pájaros
los que anuncian el tenue visaje del atardecer.
Lo que dices toma su raíz en el tubérculo altivo de la juventud.
Lo sé por el halo azul que dejas en el corazón de las niñas
que al pasar tú
se alzan.
Hay rosas cilíndricas que huyen de tus bolsillos,
en los hombros pesa la infamia como un arbitrio insomne.
Si te han crecido alas,
aprende a imaginar el vuelo.
sábado, 2 de marzo de 2019
Festival del adiós
¿En cuántos territorios vive todavía el ángel que fui?
Hay un sonido de playa que se posa en mi garganta,
y rictus de mar en la comisura del aire.
Un sol, un cáliz, una primavera y su fiebre
eligen el lado oscuro de la similitud.
Han nacido grillos con un solo ojo
que no frotan sus lánguidos apéndices en el amor de la canícula,
verso limpio que calla y reconoce las grietas múltiples
del cansancio y de la senda,
el orgullo de amanecer apátridas en un hostal mísero.
No importó la luz ni la memoria,
cada inútil vocablo pronunciaba la sed de la idolatría
-juegos en el dorso, columpios y balancines
acariciando el vientre de las estatuas,
la carne cercana que sufre la mordida del fracaso-.
La duda del color, tu iris que no es el mío,
el pasado en tu pecho que desconoce el cauce,
las sombras como un abrazo de multitud
sobre los neones sin fuerza.
Descubres tu suerte leyendo un horóscopo que nadie escribió,
sortilegios en mis bolsillos
al escribirte párpados que no sueñan.
Hay algo en el frenesí de los toboganes,
su caída rota, el grito infantil,
la áspera arena,
los mosquitos acechando como antílopes azules.
Por última vez recuerdo el ancla de los relojes,
la navidad que maldecimos,
el café amargo de la despedida,
los círculos rojos que mojan un mantel gris.
Festival del adiós que invade la locura de los labios,
el gesto cansado de las cenizas
tras la hoguera.
Hay un sonido de playa que se posa en mi garganta,
y rictus de mar en la comisura del aire.
Un sol, un cáliz, una primavera y su fiebre
eligen el lado oscuro de la similitud.
Han nacido grillos con un solo ojo
que no frotan sus lánguidos apéndices en el amor de la canícula,
verso limpio que calla y reconoce las grietas múltiples
del cansancio y de la senda,
el orgullo de amanecer apátridas en un hostal mísero.
No importó la luz ni la memoria,
cada inútil vocablo pronunciaba la sed de la idolatría
-juegos en el dorso, columpios y balancines
acariciando el vientre de las estatuas,
la carne cercana que sufre la mordida del fracaso-.
La duda del color, tu iris que no es el mío,
el pasado en tu pecho que desconoce el cauce,
las sombras como un abrazo de multitud
sobre los neones sin fuerza.
Descubres tu suerte leyendo un horóscopo que nadie escribió,
sortilegios en mis bolsillos
al escribirte párpados que no sueñan.
Hay algo en el frenesí de los toboganes,
su caída rota, el grito infantil,
la áspera arena,
los mosquitos acechando como antílopes azules.
Por última vez recuerdo el ancla de los relojes,
la navidad que maldecimos,
el café amargo de la despedida,
los círculos rojos que mojan un mantel gris.
Festival del adiós que invade la locura de los labios,
el gesto cansado de las cenizas
tras la hoguera.
jueves, 28 de febrero de 2019
Como el agua
Fui corazón de pájaro en la memoria del árbol.
Ese era mi hogar bañado de estaciones.
Nunca salí a las ramas del invierno,
nunca soñé la metamorfosis de la flor.
Se muere la luz en las hojas no nacidas.
Y yo que existo como el agua que fluye
en la raíz del tiempo.
Ese era mi hogar bañado de estaciones.
Nunca salí a las ramas del invierno,
nunca soñé la metamorfosis de la flor.
Se muere la luz en las hojas no nacidas.
Y yo que existo como el agua que fluye
en la raíz del tiempo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)