Siempre pensé que en tu espalda morirían olas.
Acostúmbrame al insomnio de una luz ambigua,y a los grandes carteles, porque mi delirio es una autopista
que recorre esquinas, y ama el verde imaginado de los cielos.
Mientras tu sonrisa trataba de esconder el pliegue de tus senos
-la gruta de un sueño-, aquel mito(pues era un mito el acantilado
blanco en la memoria)volvía a pegarse a tus arenas,
y fue como regresar a tu cuerpo sin heridas
verte a contraluz, en el océano manso
nadar sobre espejos.
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