Hablas tan lento, gimes, susurras, a menudo te retiras
si la alegría llega con las voces del éxtasis en corro
festivo, y eres lágrima y eres la flor de una tristeza
que viste tus horas con pétalos caídos junto al árbol
que regaste con los sueños más caducos, recurres sin
fin al pasado como quien visita la vieja casa de la infancia,
piensas en los amores idos, en las personas que ya no están
y que tanto has querido, no ves en el futuro un horizonte
en el que el color resplandezca con la luz que emana
de una juventud ya marchita, tu raíz es oscura y tiñe
de silencio los días, para ti vivir no es un don sino una
carga que hay que llevar con la dignidad propia del
que fue derrotado por la sed inclemente de la fiel tristeza.
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