sábado, 17 de septiembre de 2022

¡Ah! Estás aquí, muerte

 

No sabía que hablaba para ti,

recibe mi eco donde habitan los peces rojos

que nadaron junto a mí, los inciensos sin aroma

que cultivé bajo las almohadas, las escaleras de mármol

que descendían-nunca alzadas- hacia los bosques pétreos,

el frío en la canícula como el resplandor de un meteoro

que arroja el hielo y se aleja.

 

Te hablo con la confianza de hablarle a mi sombra,

pues sombra eres tú también, incómoda efigie

que mira cómo mi aliento se escarcha en el cristal,

cómo el mar de antaño es un charco de luna,

cómo el deseo es un arcángel que olvidó su mensaje divino.

 

Señora que abres tus espumas como la crisálida despliega sus alas,

señora que bajo el negro del sayal escondes un cuervo mudo,

la guadaña afiliada del adiós, no aspires aún la ceniza que dejan

mis infantiles recuerdos, aseméjate al sol que siempre vuelve mañana.

 

Sé el retorno, nunca la partida, y hablaremos de cuando nació

en la memoria de los siglos tu insaciable sed, mientras tanto

juguémonos al ajedrez el alma y la carne, a ver a quién le toca en suerte la vida.

 


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