domingo, 10 de febrero de 2019

Estaciones

Nada más irreal que la vida, el párpado
que una y otra vez se eleva y muere. Nada
tan simple como un reloj que fue ayer
antes de ser hoy. Se alimentan los días
con humo y nubes. Queda la imagen
del recuerdo, la razón invisible de la piel envejecida,
el enjambre sin voz de las larvas obreras.
Escribo sobre mí y sobre ti, en los laberintos
nos desnudamos para dar a luz el futuro
y en la vejez los ejércitos regresan, mudos,
como una estación que no ignora que ha de volver
en otro cuerpo, en otra vida, en otro tiempo.

viernes, 8 de febrero de 2019

Elena

Veinte, quizá veintiuno, los años que se miran
en el hielo de este vaso impronunciable.

Dices que es una noche más en la que escucho tu voz,
las luces del pub perdonan mi silencio,
no presienten la desesperada sed de la búsqueda.

Afuera persiste la lluvia con un sombrero gris en la memoria,
grupos diluidos bajo los alares
ríen y declaman sin tregua la doctrina de los seres noctívagos,
la juventud infinita de los cometas.

Dejo el tubo verde en la repisa,
los bolsillos del hambre arropan mis manos,
el abrigo es un símbolo de la despedida,
el agua acecha como un vientre de lágrimas.

Conozco bien las esquinas de esta ciudad,
conozco la sinrazón de los suburbios y el aliento ocre de las aceras.

¿Qué hora, qué sabor agrio en la lengua,
qué lucidez de íncubo me impulsa hacia el neón
de una discoteca que miente?

Ella dice: fuego y , más tarde, gracias
y yo la sigo en el espejo que para mí es penumbra.

Acodado en el umbral como un murciélago estúpido,
espero un resquicio de luna, la salida hacia los ecos de la noche
o el marasmo que los mosquitos dejan entre las chimeneas azules.

Pero ella acude, acude sin red,
entregada a sus piernas larguísimas, al vapor de sus labios,
al tremendo eclipse de sus senos,
a las medias eternas que le producen llanto.

Ahora me arrastra entre mendigos, putas de alquiler,
balcones de piedra, bares que iluminan su insomnio sin patria.

Y en la plaza, Elena, escribe sobre mi rostro la esperanza de un mañana,
y es la calidez de su sexo quien se despide,
quien coloca esa trampa ante mí
que el deseo recoge con el éxtasis núbil de los aullidos
que no pudieron expresar aún
la insolencia de una cópula salvaje.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Háblale a la noche

Aquí estoy yo (y mi noche).

Todos los murciélagos callan,
toda la lluvia se oculta en mis bolsillos.

A veces hay un geiser de luz
que nadie ve.

A veces tu sombra
abraza a mi sombra y somos dos.

Cuando te mires en el espejo del silencio
háblale a la noche, háblale de ti,
de lo que esperabas, de lo que fuiste.

lunes, 4 de febrero de 2019

Hijo único

Así se alumbró la bienvenida.

Creamos una burbuja viajera,
un resplandor entreverado,
la rama fértil en el angosto pasillo del tiempo.

Con qué amor vigilamos la piel, los sentidos,
el eco de su respirar.

Y volaron los pensamientos de la ilusión,
erguidos los espejos de la caricia y el futuro.

Cuidar al príncipe y un solo tambor en el silencio.

Otro lugar, en océanos varados,
mientras la luz ambigua reflejaba en el rostro
el crecimiento y la singladura.

Oh! sí, los juegos y las gracias como un estallido de címbalos,
la preocupación por un narciso que crece entre la bruma y la calma.

Escudos y gloria, el lago y el hielo
donde se desliza la conformidad,
tan azul, tan soñadora.

El mundo fácil es el mundo de las arañas,
codiciosas a la espera de un insecto, de un corazón, de un esqueje.

Y supuran los años hasta aquí,
en el lugar árido de los osos vespertinos,
carne que unge el dolor de una voz imberbe
que desconoce la sed del sacrificio,
la conjugación noble, la lid de la vida.

sábado, 2 de febrero de 2019

Palabra y vida

El orden simple de una pregunta invoca
en mi corazón sintagmas, perífrasis,
adjetivos que se iluminan al brotar. La palabra
explica mi noche, quiere ser el don de mi alegría,
se busca en los espejos del no decir,
cauta y sigilosa se transforma en pensamiento
antes de que emane su voz. Soy un hombre que ansía
desnudar a la muerte, escribir en el silencio
el por qué de la razón vieja del dolor y la locura,
entender la vida, reírme con los fantasmas amigos
que en la sombra olvidan su destino pero no
la razón lógica de saberse un tiempo inútil
que fluye.

viernes, 1 de febrero de 2019

La lluvia



Humedad en el vidrio que llora,
cálida niña, burbuja de cuento.

Gracias a ti el verde, la fuente inmortal de la vida,
las nubes derraman su músculo acuoso
mientras los paraguas susurran.

Música en los alares, en los tejados, ríos en el zinc de los canalones,
un frenesí estentóreo convierte los bordillos en éxtasis.

Y la ósmosis incolora del enjambre que salpica sobre el mar
y los charcos que refulgen en las plazas de farolas viejas
y la gota crecida bajo el labio
como si la verdad fuera molécula de agua en mi lengua reseca.

Quiero la caída infinita de este ejército milagroso,
quiero su perfume sin pájaros en mi frente dolida,
quiero el arrabal del silencio roto,
la canción que no cesa,
el orden siniestro de la jauría líquida en mi piel entregada.

lunes, 28 de enero de 2019

La venganza del personaje ignorado(el guardadamas de Las Meninas)



Nicolasito, Nicolasito, ¡deja en paz al mastín!
¿Por qué observamos a la niña en su nimbo de luz?
Veo la calzas de don Diego, las meninas obedientes,
el búcaro, -ay! que te sorprendí, Silvia, mirando a tu sombra
o al esbozo de los reyes o a ti misma en la pintura-.
Sonríe doña Margarita, bucles dorados, impúber entre ropajes argentinos,
sorprendida por el oro de los pliegues, amenaza la luz con la paciencia del día.
El pintor se obnubila ante el esbozo, mentalmente hiere el devenir,
crepita en su ser la magnitud del lienzo.
MariBárbola, hostil, maciza, casi granate,
es una extraña en la atmósfera de la cautividad.
Nicolasito,¡¡deja ya al mastin!! Y yo, en la penumbra del trasluz,
inquiero verdades, soporto el imperio de una estirpe fatua,
la mujer que diserta no me atiende, el curioso perfil de la reina no me invoca.
Gorgueras, jubones,basquiñas,verdugados, joyas y relieves,
el blanco y el negro, la claridad que apenas fulge en la plenitud de la sala.
Y todo inmóvil, estático como en un reflejo: la puerta donde se diluye el aponsentador,
cuadros de mitos insomnes igual que ropajes ambiguos sin densidad ni hoy.
Nadie me dijo que sería nadie ante los ojos del mundo.
Denuncio, pues, la impresión altiva que don Diego desdeñó
al convertirme en el rostro desvaído, la bruma en la escena
de este óleo que, negando su gloria, para siempre maldigo.