Un pájaro o una isla quieren ser tú.
La locura, la libertad, el maquillaje del tiempo
como una alfombra inhóspita.
Solo te ves de espaldas, tal vez inútil
tu lucidez. Has llorado, has sido un esqueje feliz.
En tu jardín las llaves cuelgan de árboles invisibles.
De pronto los minutos se vuelven ciegos
y al abrir los ojos el silencio escribe en tu piel
lágrimas de olvido, canciones huecas.
sábado, 26 de enero de 2019
jueves, 24 de enero de 2019
Ya es hora que tú sepas
Ya es hora que tú sepas que solo escribo por ti.
Cada suceso, cada raíz, cada memoria común
es una letra que te llama.
Trazo los laberintos del verso con la yugular de tu nombre.
Si no descubro la metáfora que te alegre el día,
negras nubes se arrastran como serpientes
que dibujan un desliz.
Toda la verdad de mis inútiles anhelos
gira y te invoca como plenitud, origen, meta y candil de mi piel apóstata.
Si alguna vez escuchas a las fibras de tu corazón que proclaman la luz
no olvides que vivimos juntos el éxtasis de los instantes,
la placidez y la medianoche en el fulgor, el himen y la tiniebla,
las Itacas que nos devolvieron a la singladura
de los barcos perdidos en los confines del silencio.
Cada suceso, cada raíz, cada memoria común
es una letra que te llama.
Trazo los laberintos del verso con la yugular de tu nombre.
Si no descubro la metáfora que te alegre el día,
negras nubes se arrastran como serpientes
que dibujan un desliz.
Toda la verdad de mis inútiles anhelos
gira y te invoca como plenitud, origen, meta y candil de mi piel apóstata.
Si alguna vez escuchas a las fibras de tu corazón que proclaman la luz
no olvides que vivimos juntos el éxtasis de los instantes,
la placidez y la medianoche en el fulgor, el himen y la tiniebla,
las Itacas que nos devolvieron a la singladura
de los barcos perdidos en los confines del silencio.
lunes, 21 de enero de 2019
El perdedor
Es la ciudad, es el regreso,
es la trampa del depredador, el limbo arcaico de la penuria.
Al atardecer el manto de la culpa sobre los hombros infantiles,
la lágrima cobarde y el breve espacio de las hojas caídas.
Vivir afuera bajo el orgullo y el descubrimiento,
la lluvia, el liquen de la piedra, los juegos y la libertad
que mata a un hombre. Y los relojes en el rosal
y los susurros en los bares perdidos
y la niebla como un ardid de luna en la medianoche.
Después, los jardines invisibles, la búsqueda del torrente
bajo el candor de la urbe, la hembra que llegó
como temblores, sin destino ni verdad.
El futuro se aquieta, es agua enfangada,
peces rubios enredados en alambre,
rojas escarpias que hieren los tobillos.
Solo hay un dios desconocido, la pregunta que no te haces,
la ceniza en tu círculo, las persianas bajadas al fin
sobre un testamento sin letras.
es la trampa del depredador, el limbo arcaico de la penuria.
Al atardecer el manto de la culpa sobre los hombros infantiles,
la lágrima cobarde y el breve espacio de las hojas caídas.
Vivir afuera bajo el orgullo y el descubrimiento,
la lluvia, el liquen de la piedra, los juegos y la libertad
que mata a un hombre. Y los relojes en el rosal
y los susurros en los bares perdidos
y la niebla como un ardid de luna en la medianoche.
Después, los jardines invisibles, la búsqueda del torrente
bajo el candor de la urbe, la hembra que llegó
como temblores, sin destino ni verdad.
El futuro se aquieta, es agua enfangada,
peces rubios enredados en alambre,
rojas escarpias que hieren los tobillos.
Solo hay un dios desconocido, la pregunta que no te haces,
la ceniza en tu círculo, las persianas bajadas al fin
sobre un testamento sin letras.
sábado, 19 de enero de 2019
Familia y otras cosas
¿Por qué enciendes la luz a las doce del mediodía?
La voz de Susi acaricia el teléfono, susurra intimidad,
algún secreto inviolable. Antonio y Javier esperan a que padre marche,
el balón escondido bajo las faldas del brasero.
Yo busco en la estantería un libro que no leeré,
una historia desconocida de dragones y princesas.
Milagros limpia los cristales mientras tararea le météque.
Madre va al mercado, mañana de sábado,
gritan los vecinos su ración acre de insultos y furor.
11 de agosto, Elena ha salido de casa,
imperial su sombra la persigue, detenidos los espejos la contemplan.
A mí me duele no ser su espejo
o su sombra
o su perro amante.
La voz de Susi acaricia el teléfono, susurra intimidad,
algún secreto inviolable. Antonio y Javier esperan a que padre marche,
el balón escondido bajo las faldas del brasero.
Yo busco en la estantería un libro que no leeré,
una historia desconocida de dragones y princesas.
Milagros limpia los cristales mientras tararea le météque.
Madre va al mercado, mañana de sábado,
gritan los vecinos su ración acre de insultos y furor.
11 de agosto, Elena ha salido de casa,
imperial su sombra la persigue, detenidos los espejos la contemplan.
A mí me duele no ser su espejo
o su sombra
o su perro amante.
jueves, 17 de enero de 2019
Lo que guardo para mí
Lo que escondí es un corazón.
Mi raíz, mi tiempo, mi vértebra azul.
No te diré- ni tú a mí- el porqué de una huella,
quizá el misterio como un oráculo nunca dicho,
tal vez la luz infantil de mi risa
o el dolor infinito que traspasa la piel de las horas
se oculten bajo un himen de aparente realidad.
Como el talismán secreto que imagina el surco de un seno
o la penúltima palabra que aprieta mi puño
antes de ser molécula de aire,
así el silencio que no quiero compartir
en el día de los días que fueron.
Mi raíz, mi tiempo, mi vértebra azul.
No te diré- ni tú a mí- el porqué de una huella,
quizá el misterio como un oráculo nunca dicho,
tal vez la luz infantil de mi risa
o el dolor infinito que traspasa la piel de las horas
se oculten bajo un himen de aparente realidad.
Como el talismán secreto que imagina el surco de un seno
o la penúltima palabra que aprieta mi puño
antes de ser molécula de aire,
así el silencio que no quiero compartir
en el día de los días que fueron.
martes, 15 de enero de 2019
Nuestra casa
Ha sido, es cáscara de ti-de mí-.
Un ovillo donde creció el deseo-alfombras blancas, plenitud solar-.
La habitación en que guardaste todas las palabras,
los ejércitos de tu iris, el oro simple de lo cotidiano.
Has poblado la luz que, pudorosa, se desliza por tu vientre,
has roto las ventanas con un suspiro de madrugada.
Tú y los espejos, tú la madre y la noche,
yo el delfín amado por tu khol herido.
No imagines la hidra-los pasillos son niebla y duendes,
lugares donde sobreviven los mapamundis, arcilla y tiempo-.
Ha nacido tu sed en el desamparo de cien metros cuadrados.
Me llaman las vocales de tu nombre mientras el teléfono recita la duda,
el ansia, el olvido. Hoy el hogar es un abrazo,
el amor que al regreso te rodea con el insípido desliz de la costumbre.
Ya no sé si me desnudo de cosas que habité
cuando quiero un porvenir de margaritas azules
o ángeles sobre un cielo que no me dibuja.
Esta casa, todas las casas tienen tu rostro.
No huyas. Al entrar invita a la memoria y escúchame
como si un trino desollara tu piel calcárea.
Ten en cuenta que aún nos hablamos en susurros
y que aunque las paredes nos conozcan
siempre habrá un aire limpio, tuyo y mío,
que se vuelva luz o mensaje, eternidad en los ojos
que antes del sueño se aquietan
Un ovillo donde creció el deseo-alfombras blancas, plenitud solar-.
La habitación en que guardaste todas las palabras,
los ejércitos de tu iris, el oro simple de lo cotidiano.
Has poblado la luz que, pudorosa, se desliza por tu vientre,
has roto las ventanas con un suspiro de madrugada.
Tú y los espejos, tú la madre y la noche,
yo el delfín amado por tu khol herido.
No imagines la hidra-los pasillos son niebla y duendes,
lugares donde sobreviven los mapamundis, arcilla y tiempo-.
Ha nacido tu sed en el desamparo de cien metros cuadrados.
Me llaman las vocales de tu nombre mientras el teléfono recita la duda,
el ansia, el olvido. Hoy el hogar es un abrazo,
el amor que al regreso te rodea con el insípido desliz de la costumbre.
Ya no sé si me desnudo de cosas que habité
cuando quiero un porvenir de margaritas azules
o ángeles sobre un cielo que no me dibuja.
Esta casa, todas las casas tienen tu rostro.
No huyas. Al entrar invita a la memoria y escúchame
como si un trino desollara tu piel calcárea.
Ten en cuenta que aún nos hablamos en susurros
y que aunque las paredes nos conozcan
siempre habrá un aire limpio, tuyo y mío,
que se vuelva luz o mensaje, eternidad en los ojos
que antes del sueño se aquietan
domingo, 13 de enero de 2019
La rodilla de Clara

En su rodilla el lapislázuli, el águila y el rombo
que desnuda la jauría. Es la gota y la nieve,
el párpado en un ojal inverso,
la elipse-de aquí para allá el extravío-de la noria
o el ejemplo de un eje y su locura.
Ríe con el desparpajo de los osos-niños,
se exhibe en el círculo de la luz,
roza el canesú, la lana, el tejido de los sueños.
Y vibra como un portal iluminado por los espejos
o gatea sobre la tierra blanca de los insomnios.
Se recoge en los brazos con la piedad de las brujas,
torpemente agita sus huesos de esperanza
contra la distancia que hiere. Salta sin querer,
anuncia un espejismo en las azuladas calles del encuentro
y gime con la edad tardía
como una plañidera
que no se resigna al silencio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)