Esa demora suspendida en el aire como una pluma
que espera la sed del viento, ese candil en cuyo vientre
la luz no se acaba en un instante sino que pervive en los días
con la placidez que se deleita en derramar poco a poco
su savia de coral dorado sobre una habitación oscura,
esa pasividad con que caen las hojas de un árbol al nacer
octubre hasta sucumbir en el limo como pájaros yertos,
ese devenir de la clepsidra que gotea eternidad en un vidrio
ante los ojos del infantil presente, esa nube que anclada
en el azul por un momento deja de ser navío, la lentitud
con que la vida me roza, antes de que asomen, el fin y la nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario