Voló el fantasma sobre el atril de lo real como un lince
gris en la espesura, un cenit de extremidades en ardor,
la fiebre del tacto que acaricia el limo ocre, las medidas
que cuadran en un tapiz hasta dar luz a la idea, el flujo
que baila con el pincel dando forma al frenesí de quien
crea lunas en el fondo de un abismo, la imagen que es
materia virgen, lágrima del color, vibración sin ejes donde
giran las lineas elementales de la evidencia; lo que fue idea
se vuelve curva moldeada por las manos del que será nombre
en perfiles de oro purísimo, lo que fue boceto descubre el aire
infinito de la eternidad, el barro exige la marca del índice,
el roce del anular, la niñez de las falanges en su vientre,
y en el dibujo de equilibrios, en la sed de las fachadas,
en la ortodoxia o su némesis, en la techumbre y en el
balcón donde las formas ha perdido la similitud para ser
el orden nuevo entre las cenizas de un material caduco.
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