Su imprevisto umbral fue la mirada que abrió
la puerta al ensueño, probé su arquitectura
con el tacto, con el gusto que en mi boca
dejó tu boca, olí su esencia en la piel
amante mientras gemía el deseo dando
voz a la pasión con sílabas de ardor;
fue inútil resistirse a su imperio, y lo vi
lo toqué, lo gusté, lo percibí, lo olfateé,
en definitiva se hizo uno con todo mi cuerpo.
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