Los dos amábamos la lluvia al amanecer,
los trenes fugaces, las canciones tristes,
a menudo callabas y en tu silencio yo
veía relámpagos sin cielo, gacelas al alba,
témpanos que morían al sol de noviembre.
Los dos éramos satélites en idéntica órbita
alrededor de una estrella llamada sueño,
flores de un jardín que creció en la nieve
de los propósitos comunes, y ahora qué, me
dirás tú, y yo te diré que ahora somos la nada.
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