Hay una equidistancia invisible entre la línea
que en el horizonte señala el temblor del perfil
ignoto y la fosa donde en lo profundo las imágenes
que fueron bucean sin voz bajo el agua del olvido;
y es en el lugar en que la luz yace como semilla
de un árbol, el sitio en que la latitud del presente
podría florecer donde puedo palpar el círculo
de las cosas que aún laten en mí; estás tú con tu fiel
presencia de ánima que arrulla el dolor, está mi casa
sin jardín, está el flujo casi inmóvil de los días
donde las sombras son el revés mágico de la luz;
están los mitos del pasado y lo que incumplió
el porvenir como estaciones a las que regresa
el tren de mi niñez y ya no soy distancia sino
memoria que revive una y otra vez en el corazón
de un tiempo que me acuna con flores de silencio.
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