Como un río que se ausenta de su cauce, perdido
en el ramaje del error, con su agua que ya no es torrente,
que ahora es hilatura mínima, arterias sin el caudal
que firme recorre fértil los senderos de la edad,
con la pesadumbre como un rictus en la mejilla
agrietada, con el grito mudo que ya es cicatriz
inviolable de un alma rota cayendo por las dunas
de un arenal sin fondo, estéril en su prisión
de ángeles caídos, así se vive el fracaso como
ausencia de luz en el corazón de un hombre.
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