Ese círculo que deja en el mármol el poso de la taza,
la sed sin piedad del humilde, el rumor tibio de los
diálogos al atardecer, los espejos quebrados de la noche,
el hechizo del humo en las bocas, la música del dominó
como un gong de marfil que quiebra la armonía de los cónclaves,
esta atmósfera donde fluye el río de la fraternidad por columnas
de azul, un remanso que en los ojos se vuelve de ónice oscuro.
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