jueves, 29 de octubre de 2026

Ahora

 

Ahora que ya la casa es magia o simplemente un ensueño

donde lo imposible amenaza con ser real por su presencia

constante en el mediodía de mis ojos, por el eco de las voces

que llega a mí como una ola de infinitud, por la representación

viva de cada punto en que los relojes marcaron el lugar

y el tiempo en que sucedió el cruce inevitable entre lo

fugaz y lo permanente, allí donde la sincronía grabó

cicatrices de oro en mi piel ya para siempre vestigio

de un ayer que aún roza los segundos con imágenes

intactas igual que flores de piedra en el devenir sin

pausa de los ritos, y es que hay todavía un símil

de doblez en la evocación que revive una y otra

vez en la cortina azul del silencio las palabras,

el movimiento, la propia edad que no tiene más

permanencia que la de la nube en el azul de su

transcurso etéreo por la urdimbre del aire, la ropa

que no yace en el baúl del olvido porque reverbera

con luz antigua como de faro en la raíz del alma.

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