lunes, 17 de mayo de 2021

Tu vida de nieve

 Podrías haber estado en la memoria del eclipse,
en el viento alado, en la gota de lluvia que diluye mi voz,
en los mapas invertidos donde viaja mi doble,
en el rincón que me da sombra,
en los atardeceres rojos.

Estuviste en la incansable sed de una canción,
después de la música los corazones se agitan,
las palabras seducen al reloj porque ansían la lentitud del tiempo,
horóscopos perdidos dictan frases de néctar,
sílabas entrelazadas con rumores de amistad.

Vendrás a la cueva del verbo
donde se aman los delirios de los octubres raídos,
en mis rodillas los cisnes lloran como aves sin sol
en el secano de la duda.

Acompáñame con himnos sin palabras,
la piedra responde a tu voz,
las gárgolas escriben epitafios de luz,
la alegría crece en mis oídos,
en el vestido de flores que ocultas bajo la pelliza gris,
mientras el misterio de la madrugada ennegrece el camino
con faroles de azabache.

Dancemos entre las rosas mustias,
el aullido de la niebla apenas se oye,
en la iglesia la campana es un seno de metal,
ya solo queda el silencio como una página donde dibujar
la noche y su cintura proscrita.

Bebe conmigo la belleza muda del licor,
que naufrague el eco del silbido entre las ondas muertas del anís,
que sufra la hojarasca el pisar desnudo
de unos pies que vuelan como pájaros imberbes,
a menudo las manos se alían para encerrar un signo de futuro que se comparta,
indescifrable ambigüedad del compromiso.

Has vivido una vida de nieve, líquida y blanca como una lágrima de algodón,
descúbrete en un poema que habla de tu ausencia,
es un regalo imaginarte en los laberintos del sueño,
yo también quisiera una versión de ti inexistente
pero tan próxima, tan ideal
como dos anillos que se dan sombra sin saberse iguales.



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