domingo, 30 de junio de 2024

Al abrir los ojos

Te ilumina el vientre de una luz amante,

vas del sueño al pálido matiz de la mañana

aún tímida como un pájaro que huye de su sombra

con el resplandor que deja la luna entre las hojas

de un árbol que lo cobija; hay un silencio de ceniza

en el cristal, viene del cielo un meteoro gris

que traspasa el corazón de la noche con hilos

que forman una retícula en tu rostro, una red invisible

de caricias lunares en tus mejillas que esperan el alba

de julio como espera el ruiseñor el nacimiento de la luz

en el horizonte de su canto; eres ternura de capullo

que brota de la umbría, al abrir los ojos colmará la mañana

tu anhelo de luz, y serás el rosal que nadie intuye,

el jardín que nadie presiente tras los visillos que dejó

la noche en el dosel de tu cama amanecida.

sábado, 29 de junio de 2024

Los recuerdos que llueven en el interior de mi ser

El pan de los ecos revive en los espacios de la fugacidad,

la mano infantil que aprieta el ancla de una mano de adulto

en paisajes sin luz, la lluvia como perlas traslúcidas,

inmóviles en el mapa del cristal, donde arcadias del porvenir

nombran a los espejos aún no reconocidos por el envés de la juventud,

el canto del mar tras el duermevela de todos los días sin paz

antes de que la cortina del párpado ice sus velos con el ímpetu

de un animal herido por las flechas del ensueño; la ciudad del agua,

el gris como un color de lápices que pintaran nubes oscuras

en los rostros de la noche, nubes que se vuelven blancas

bajo el rocío del neón y los tubos glaucos de los hospitales,

que se reflejan en la mirada vítrea del amigo, en la camisa

transparente de Beatriz que deja ver sus senos de plata

como dos faros que brillan entre una cordillera de sombras;

y los vértices, las columnas, los campanarios, el musgo del sillar,

el ansia del trasluz con el acento de la música en la nave dorada,

la catedral en los ojos como un souvenir fiel, con una letanía

de oraciones en mi voz que repite los nombres y las citas,

los lugares desnudos, vacíos, las playas sin el rumor

de la ola, los pubs aún con el aliento de las esperas, la soledad 

que se diluye en los pétalos de los claveles recién nacidos.

viernes, 28 de junio de 2024

El rastro de tu nieve

El color invisible que deja un nombre al transitar los sueños.

Si la costumbre no perdió sus alas de mariposa azul,

si en los trenes de la madrugada tu voz se escucha

igual que un latido de inalcanzable luz, si detrás de la celosía

te peinas sin que yo sienta en mis cabellos el temblor de tu mano

al desenredar la ola que acaricia el desnudo hombro; yo buscaré 

entre la hojas mojadas de mi árbol hasta encontrar el rastro de tu nieve, 

tan fría como el olvido, tan estéril como el recuerdo.

jueves, 27 de junio de 2024

El estudiante

Te alimentas con el agua del pensamiento,

esponja que absorbe las palabras, los signos,

los símbolos, las imágenes perennes de la vida.


Tú que vives la libertad desnuda del príncipe que es la libertad del ocio,

tú que entre los lirios de la noche no encuentras besos blancos.

Tú que, casi adolescente, conociste el silencio de la ciudad,

la melancolía de quien surca el cauce de un manantial

que acaba de brotar en orillas lejanas.


Tú que aprendiste a responder con la serenidad de un árbol joven,

fuerte ante los vientos que ya no quiebran tus raíces sólidas,

con el impulso de la juventud flotando en la efervescencia

de tu sangre como una lava roja de amor y frenesí.


Tú que en las aulas, con los ojos abiertos a la sed de vivir,

no te imaginas anclado a un oficio viril, a la realidad

de unos hijos que en nada se parecerán a ti,

al desencuentro que llegará con quien fue afluente de tu caudal,

compañera y madre de tus sueños; disfruta hoy

del esplendor que nimba tus días, pues en la lejanía

del mañana solo encontrarás junto a ti la memoria

de un jardín fértil que, sin previo aviso, ha dejado de florecer.


miércoles, 26 de junio de 2024

La espera



Día oscuro en el cristal donde no aparece la imagen de tu cuerpo.



Me acostumbré a la espera como se acostumbra el niño

a la plegaria nocturna del perdón, la taza de café adormecida

también espera que el remolino blanco, el ojo donde la espuma

forma rostros de olvido no olvide el tuyo, memoria de una luz

en la mañana con el resol mordiendo como un dulce lobo

de claridad los vestigios de una piel que ahora se dibuja,

con indolencia, en el trazo circular de una cucharilla de alpaca.



Algún día la espera dejará de ser un sueño y los párpados se abrirán

como los frutos del estío se abren, carnosos, a la avidez del gusano

que, pacientemente, los roe.

martes, 25 de junio de 2024

Como un árbol cansado

Pasan los ejércitos de las horas entre aires calmados

o de vendaval, sin que la edad sepa cuál es el día de la quietud

y cuál el del asombro, la desgracia o el del feliz arpegio

de una música que decide el curso anacrónico de un río.

Vienen los cirios del resplandor con su amarillo pálido

a iluminar el recuerdo donde se posó la semilla de un árbol

que creció en mí hasta que, combado por la letanía de la lluvia y el sol

el tronco no siente la sangre de su raíz alzarse, manar hacia las hojas

cada vez más ocres sin el agua del renacer en sus peciolos negros.

Pasaron las nubes sobre los párpados caídos de la añoranza

con la epifanía del olvido en su vientre húmedo, y los besos de cristal

amanecieron en los labios, como el purísimo cuarzo de una carne

que minuto a minuto se convirtió en piel de estatua cuarteada

por los ignotos eclipses del destino; entre las sombras del día

las huellas sin perfil no reconocen mi densidad que, una vez,

fue ósea vivencia de un árbol sin linaje en las ramas,

desnudas y azules como las frías manos de un muerto.

lunes, 24 de junio de 2024

A un reloj de pared

Madrigal sonoro que en tu latido mecánico encierras la voz del tiempo,

bajo tu cáscara de caoba, de haya o de roble hay mil engranajes de lentitud,

tu péndulo tenaz se mece como una cuna de plata,

con la constancia de un latido tras el cristal esmerilado,

con el índice invertido como si señalaras a la tierra profunda

donde las horas ya no son la medida de la luz,

como si en la faz blanca de tu rostro un recital de números repetidos

exigiera un beso circular que no acabara nunca de morir,

en tus agujas asimétricas solo hay ríos infinitos,

ríos que transcurren por un único cauce que nos niega,

una y otra vez, el sueño de ser eternos.