Haz del rito un eco de ti.
Entre el índice y el corazón
un cilindro de papel
con hebras
rojas.
Quería compartir la palabra,
el mismo gusto en la lengua,
las brasas que se vuelven
ceniza.
Tu humo y el mío juegan
enredándose igual
que dos amantes
en la fría noche.
Consigues círculos perfectos,
yo ríos de algodón
de un gris, casi azul.
Los consumimos a la par
y no nos importa la muerte anunciada
si lo que nos fumamos
es la vida.
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