sábado, 13 de junio de 2026

Aquella primavera

 

Transcurrirá la divina luz que cruza el incendio de la lluvia,

pronto el halo del ángel, la virtud que enciende poemas

de blancor en la noche, la serpentina que brota de los alfeizares

como hebra de liana, como rizo que en el aire ejerce su matriz

de columpio rozará mis cabellos aún de infancia y vendré

al solsticio que en tu vestido clama por un pájaro de alas rotas.

Cálido tu transcurrir de reverbero, tu baile de locura junto al aljibe,

tu largo dominio donde brillan las diademas de las vírgenes,

el canal por el que viaja el adiós de un futuro estéril,

los arpegios que nacen de las sombras sin que nadie pueda

descubrir la morada del canto, el colibrí que azuza a la flor,

el sonido de una fuente en las islas del sueño, el brutal

eclipse donde lo oscuro yace como un presagio, el jardín

que proclama ser raíz de estío sin el cauce que un día colmó

la nieve de una primavera que se llevó en silencio tu nombre y el mío.

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