Sabe que la herida será mortal,
al tensar el arco, al sentir el vigor
de los músculos, la pupila que conoce el fin,
el cordel que envía con precisión la flecha
a su destino claro, cómo el pecho se abre
para recibir el triángulo que desgarra su piel
desguarnecida, y el color púrpura que asoma
antes de que el final llegue a su moribundo corazón.
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