Así ando, vestido solo de lluvia, con mi desnudez al alba,
el corazón sin pálpito, el fuego fatuo de la inclemencia,
mi piel absorbe el frenesí mudo del fervor, mi voz ausente,
mis ojos de candil, mi noche en la noche eterna de los ecos
angelicales, la plaza gris, en la fuente de los caballos la canción
del agua, el farol de luz que titila, el motete monacal a deshora,
pájaros en el cielo negro, el claustro y la bóveda, el pórtico
sin ángeles, la oración que fluye por mi sangre y no es roja
sino azul como un mar que surca las arterias del alma, y tú
que me sigues, sin saberlo, por las rúas que en silencio nos vigilan.
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